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domingo, 4 de maio de 2014

EL IDIOMA ESPAÑOL


ESCRITO POR  JOSÉ MANUEL ADÁN CARMONA - eL fARO dIGITAL

El español

El Rey acaba de ir a  algunos   países del golfo pérsico y sus discursos sorprendentemente solo los expresa en  inglés. No imagino que la Reina de Inglaterra viajara, por ejemplo a Honduras y su discurso lo hiciera en español.
Ese error pertinaz del Jefe del Estado  nace, en mi opinión, de un complejo casi permanente, sobre la incapacidad de los españoles en el aprendizaje de lenguas foráneas en especial el inglés.
Las lenguas oficiales de Naciones Unidas son: el inglés, el francés, el chino, el árabe, el ruso y el español. Nadie en Naciones Unidas se refiere a la lengua oficial de toda España, el español, como el castellano. En España, en contra de la autorizadísima voz de  Don Camilo José Cela, se impuso en la Constitución por la presión nacionalista una vez más, la denominación antigua del “castellano” en lugar del español como se conoce en el resto del mundo y en las Constituciones de los países en los que esta lengua es oficial. Así, las  que son un patrimonio cultural de la Humanidad, las seis lenguas de la ONU, deben ser preservadas por todos y cada uno de los habitantes de los países en que el idioma es oficial, lo que no impide preservar el resto de lenguas aunque no en igual medida. Sería absurdo un Instituto Cervantes en todo el mundo para la expansión del swahili, lengua bella pero  hablada solamente por diez millones de personas, como lengua materna y cincuenta millones como segunda lengua.
El Rey de España debe expresarse en  todos los discursos oficiales en español, en cualquier parte del mundo en que se encuentre y después, a la hora de una mayor intimidad, por ejemplo en los negocios o en actos privados, puede expresarse en el idioma que prefiera en relación con los intereses que le lleve. Esta exigencia debe ser ampliada al Presidente del Gobierno.
Este gran complejo, lo he observado con diferentes diplomáticos, cuando por ejemplo en las conversaciones que llegarían a fructificar en el Tratado de Schengen, la presidencia española, en ese tiempo liderada por un diplomático español, a pesar de que el español era lengua oficial, se dirigía a los miembros en francés, lo que me llevó a una severa discusión con él. En los tiempos en que he podido dirigir grupos de trabajo en diferentes organismos internacionales, si no había intérpretes me dirigía en las lenguas de trabajo habituales (inglés o francés), pero si existía el intérprete, era  el español, mi lengua maravillosa la que me facilitaba la tarea.
En Francia se toma muy en serio la cuestión de la lengua en organismos internacionales y más de una vez he asistido a reuniones que han debido ser interrumpidas por ausencia de intérprete en francés. Los diplomáticos franceses y los funcionarios de los distintos ministerios, que también tienen las dificultades de los españoles con el inglés,  se expresan solamente en francés porque así se lo exigen en su respectivo ministerio. De la misma forma, en España a todos los diplomáticos, Técnicos comerciales del Estado o funcionarios que representen a sus respectivos ministerios en organismos internacionales se les debe exigir su expresión en español siempre que así esté establecido en dichas reuniones la presencia de intérpretes. Lo que no es óbice para que estos funcionarios conozcan otras lenguas en las que, con seguridad, conseguirán  acuerdos sobre los distintos puntos de la reuniones y en esos casos  habrán de expresarse en la lengua más común de los distintos interlocutores.
Sabido que el español ya lo hablan más estadounidenses que españoles y que cerca de 450 millones de seres lo hablan en el mundo. En España se ponen trabas al español pero se dan facilidades a  otros idiomas, hay que  dejar el complejo de inferioridad de la lengua  a un lado. Los británicos que llegan a España y se asientan en cualquier lugar de la costa mediterránea, después de muchos años no saben una sola palabra de español (perdón, quizás una), pero porque tienen colegios en inglés, pubs, cervecerías con dependientes que solo hablan inglés, Agencias inmobiliarias inglesas, es decir todo un mundo en inglés, ¿por qué se van a molestar en aprender otro idioma con el esfuerzo tan grande que sería necesario realizar?, de esta manera son ,en general, los menos cultos de los foráneos que nos visitan o invaden, desde el punto de vista lingüístico.
Los políticos españoles deben saber otros idiomas, pero de la misma manera que los políticos extranjeros deben hablar también en español. Es decir, los discursos formales,  en la UE, La OCDE, la ONU o la OTAN  deben hablarse en español, después a la hora de los cafés y en las comidas donde tanto se resuelve, se deben conocer otros idiomas.
El anterior Presidente del Gobierno, Sr. Zapatero, en Francia tuvo la ocurrencia, como casi todas las suyas, de expresarse en francés en el Parlamento de esa nación creyendo que así halagaba el ego francés. No es necesario hacer ningún ridículo. Si se hubiera expresado en español, intérprete incluida, y después a la hora del café lo hiciera en francés, el mundo entero le estaría muy agradecido. Pero es que incluso, aun cuando se hable a la perfección el idioma foráneo, es una cuestión del activo cultural que se representa en cada momento.
Dejémonos de “relaxing cup”, y evitemos el  maltrato dado en España a nuestro idioma, único país del mundo donde a pesar de ser el idioma oficial de todo el territorio, existe una parte del mismo en que, gracias a la irresponsabilidad de los políticos que nos gobiernan y a la de los jueces y fiscales que no cumplen con su obligación, existen varias regiones en los que no es posible educar a los niños en su lengua materna, privándoles de un futuro laboral mejor y de un derecho ineludible, y pensemos que el idioma español en el mundo sigue creciendo, a pesar de los españoles.

sexta-feira, 2 de maio de 2014

DE CÓMO LOS HISPANOS SE CONVIRTIERON EN ÁRABES


Por:  | Blog El País - España
Alhambra







Vista del mihrab en la Alhambra en una imagen del siglo XIX. / J. LAURENT (BIBLIOTECA NACIONAL)


Uno de los temas que más difícil nos resulta explicar a los historiadores es el significado que tienen los pueblos en la Historia. Hablamos de romanos, visigodos o árabes, pero pocas veces explicamos lo que queremos decir con esos apelativos. No es, pues, de extrañar que sigan muy presentes aquellas tediosas enseñanzas escolares que dibujaban a los romanos trayéndonos acueductos; a los visigodos, escudos y espadas; o a los árabes, en fin, regadíos y la Alhambra. Detrás de esta visión latía la idea de que "nuestros ancestros" habían sido dominados por estos pueblos en distintos momentos, mientras el "pueblo originario" -o los diversos "pueblos originarios", dependiendo del prisma nacionalista que se elija- continuaban su larga andadura histórica. Fruto de esta visión, forjada en púpitres de madera con tintero, es que un antiguo presidente del Gobierno de España tuviera la peregrina ocurrencia de declarar que los árabes tenían que pedir perdón a los españoles por haberles conquistado.
Las cosas afortunadamente son algo más complejas y también bastante más interesantes. Me centraré en el caso de los árabes, que es el que mayores confusiones genera, pues no en vano los nacionalismos ibéricos han hecho de la idea de Reconquista su santo y seña particular.
Es un error muy común creer que los árabes eran un pueblo de camelleros nómadas en estado semi-salvaje antes de la aparición del islam. Lo que se sabe de la Arabia preislámica, por el contrario, es que albergaba poblaciones muy diversas, algunas de ellas instaladas en ciudades con larga tradición comercial y una cultura nada rústica. Las miles de inscripciones encontradas allí hablan en distintos dialectos y caracteres de una sociedad estrechamente relacionada con los grandes imperios antiguos, y en la que existían también pujantes reinos e incluso una literatura muy interesante, que ha dejado restos de una excepcional poesía.
Las grandes conquistas producidas tras la aparición del islam no fueron provocadas por un alocado movimiento de tribus montadas en camellos, sino que estuvieron dirigidas por la élite árabe nacida al amparo de la nueva religión predicada por el profeta Mahoma. Lo que sabemos sobre esas conquistas apunta hacia un patrón casi siempre muy similar: la gran debilidad de los estados de la época hacía que dependieran mucho de la suerte del ejército de su rey o de su emperador, de tal manera que su derrota en una o dos batallas campales dejaba sin defensa a unas poblaciones que quedaban abandonadas a su propia suerte. Los ejércitos árabes podían tomar entonces las principales ciudades -Damasco, Jerusalén, Ctesifón, Alejandría, Cartago, Córdoba o Toledo- sin encontrar mucha oposición. Tras hacerse con los resortes de la administración conseguían que la posible resistencia en otras zonas no pudiera reorganizarse y que fueran muchos quienes optaran entonces por pactar con los invasores. Ello permitió conquistas fulminantes de las que se benefició inmensamente la nueva élite, que se hizo construir grandes y hermosos palacios en lugares de la actual Siria y Jordania. En uno de ellos, Qusayr Amra, unas pinturas realizadas para el califa omeya en la primera mitad del siglo VIII muestran al rey visigodoRodrigo -con una inscripción que le identifica- junto a los emperadores bizantino y sasánida: los grandes derrotados por los ejércitos de los califas.
SelloPrecinto de plomo a nombre del gobernador árabe de al-Andalus Anbasa ibn Suhaym (721-726). Colección Tonegawa.
Se dice a veces que la conquista de Hispania del año 711 fue llevada cabo por tropas mayoritariamente bereberes -es decir, gentes procedentes del norte de África- lo cual significaría que de árabe no habría tenido mucho. Sin embargo, esa idea no es correcta, dado que tanto la dirección de la misma, como su orientación ideológica eran árabes, como también lo fue su resultado: la integración de Hispania -ahora llamada al-Andalus- en el imperio de los califas árabes de Damasco. De la misma manera que a nadie se le ocurre dudar del carácter de las conquistas de Roma por la variada procedencia de los legionarios que las realizaban, es erróneo poner en duda el carácter árabe e islámico de la conquista por el hecho de que muchas de sus tropas procedieran del norte de África. Además, en torno al año 741 un nuevo ejército árabe llegó a al-Andalus, y sus numerosas tropas se diseminaron por buena parte de este territorio, contribuyendo así a reforzar el carácter árabe e islámico de la ocupación. Quienes organizaron, dirigieron y administraron la conquista fueron, pues, los árabes, y los testimonios contemporáneos en papiros procedentes de latitudes como Egipto demuestran que, como todos los conquistadores, se tomaron muy en serio su papel de dominio sobre las poblaciones sometidas.
La consolidación de este dominio comenzó a cambiar las cosas. De hecho, es llamativo el destino de los bereberes llegados a la península. Perdieron rápidamente su propia lengua -que nada tenía que ver con el árabe- hasta el punto de que el castellano apenas incorporó palabras procedentes del bereber, al contrario de lo que haría con el árabe, del que proceden entre 4000 y 5000 vocablos. Estos bereberes, por lo tanto, se arabizaron muy rápidamente tanto en su lengua, como en sus nombres y usos culturales. Un sabio andalusí muy conocido, debido a que fue uno de los introductores del rito jurídico malikí, llamado Yahya b. Yahya (m en 848), tenía un nombre indistinguible de cualquier árabe, pero descendía de un ancestro bereber llegado con la conquista cien años antes.
También la población indígena comenzó a adoptar la lengua árabe de forma muy rápida. Hay muchas pruebas de ello. En un célebre texto, el escritor cristano Álvaro de Córdoba se quejaba en pleno siglo IX de que sus correligionarios más jóvenes apenas se interesaban por el latín y los escritos eclesiásticos, prefiriendo la lectura de los poetas árabes. Por la misma época, un gobernador árabe de Mérida, prendado de las antiguas inscripciones que todavía abundaban en la ciudad, quiso saber lo que decían, pero no encontró entre todos los cristianos a nadie que supiera descifrarlas, excepto un clérigo viejo y decrépito. Un siglo más tarde, libros sagrados como los Salmos o incluso el Evangelio tenían que ser traducidos al árabe, como también lo fueron los propios concilios de la iglesia hispana en pleno siglo XI. Todo ello demuestra que los cristianos que todavía quedaban en al-Andalus tenían que traducir sus textos religiosos al árabe para poder entenderlos.
Este proceso de cambio es conocido como arabización. A él contribuyeron también los matrimonios mixtos producidos después del año 711 entre mujeres indígenas y conquistadores. Fueron muy numerosos, -el más conocido el de Sara, la nieta del rey visigodo Witiza- aunque no eran muy bien vistos por las jerarquías eclesiásticas, tal y como demuestra una carta del papa Adriano, quien a finales del siglo VIII, se lamentaba de que en Hispania las gentes daban a sus hijas en matrimonio a los paganos. Estas quejas, sin embargo, poco podían hacer para detener unos procesos sociales imparables, que acabaron suponiendo la fusión de conquistadores y conquistados y la arabización completa de estos últimos. El resultado fue que varias generaciones después de la conquista mucha gente había perdido la conciencia de sus ancestros indígenas.
Escanear0434Un caso muy evidente -y siempre citado- es el del gran escritor Ibn Hazm [en la imagen], autor de un magnífico tratado sobre el amor, El Collar de la Paloma (Tawq al-hamama), quien con toda probabilidad descendía de indígenas, pero para el cual las principales referencias culturales eran árabes y, por supuesto, islámicas. Los casos más extremos de arabización eran los de personajes que, a pesar de que descendían de bereberes o indígenas, pretendían tener ancestros en la Arabia preislámica, lo que da buena muestra del prestigio que esta noción tenía en la sociedad andalusí. La arabización lingüística, por lo demás, ha sido brillantemente demostrada por arabistas españoles como Federico Corriente, que han sido capaces de establecer los peculiares rasgos morfológicos, fonéticos y léxicos que tenía el árabe hablado por la inmensa mayoría de las gentes en al-Andalus.
Siempre que se habla de estas cosas, sin embargo, uno debe temerse lo peor. Es inevitable que surja el Unamuno de turno, que se tome todo esto a la tremenda y nos regale atormentadas disquisiciones, que insisten en ver en lo ocurrido hace mil y pico años los gérmenes de nuestra contemporánea aflicción. Tampoco suele faltar una visión nacionalista árabe que intente demostrar la superioridad de esta cultura a lo largo de los siglos. Las gentes aquejadas por estas visiones tan trascendentalistas del pasado -a pesar de que éste insiste en ser miserablemente materialista- suelen discutir entre sí con gran pasión y con información no muy veraz, lo que provoca embrollos sin cuento, que mezclan lo ocurrido en los siglos medievales con situaciones contemporáneas para perplejidad de los más sensatos.
Me consta que a muchos de mis colegas estos embrollos les provocan cierto tedio y una comprensible desgana por embarcarse en la divulgación de los conocimientos que atesoran. Pero me temo que nuestro compromiso social de historiadores no nos deja elección, y que, a despecho de malentendidos y tergiversaciones, debemos explicar lo que la investigación ha venido sacando pacientemente a la luz y que, en muchos casos, no son meras opiniones, sino hechos plenamente verificados. Y uno de esos hechos es que, tiempo después de la conquista militar, los descendientes de los hispanos sometidos comenzaron a convertirse en árabes desde el punto de vista cultural y lingüístico: algunos siguieron manteniendo su religión cristiana -los llamados mozárabes-, mientras que otros muchos se convirtieron al islam. Queda para otra ocasión este tema, el de la islamización religiosa, del que apenas hemos podido hablar aquí y que merece también una larga explicación.
Mientras tanto quédense con esta idea. Contrariamente a lo que pretende el pensamiento histórico más conservador (que anda últimamente muy desbocado), la Historia es un proceso continuo de cambio y transformación.

LA LENGUA VIVA


Marbetes 


poco 


recomendables


 en Libertad Digital - España


José Antonio Martínez Pons alerta de la alegría con la que se desliza el adjetivo natural en la prosa publicitaria. Por ejemplo, "calcio natural procedente de la leche" para enriquecer la leche misma. Añado que es la leche que yo tomo, más que nada porque resulta barata. El letrero completo reza: "Leche enriquecida con calcio 100% natural procedente de la leche". Se trata de "leche semidesnatada". Así que no sé muy bien lo que tomo. ¿Habrá alguna forma de calcio que no sea natural o que no sea el 100% natural? Don José Antonio aporta otro ejemplo aún más llamativo que ha visto en el súper: “Naranjas totalmente naturales”. ¿Cuáles serán las artificiales? Una sugerencia: ¿por qué no probar a vender naranjas enriquecidas con vitamina C, extraída de las mismas naranjas?
Don José Antonio ha tratado de adquirir un producto cosmético nuevo. El envase contiene una buena descripción en castellano. Luego viene ingredients con una jerigonza en inglés y latín. Al final se subraya con mayúsculas: "Producto no testado sobre animales". El mallorquín se pregunta si quiere decir que no se ha hecho testamento o que no se ha probado con animales. Entonces, "¿con quién se ha probado?".
José María Navia-Osorio (del infatigable Foro Asturias) se maravilla de que hayan dejado registrar un partido con el título de Vox, cuando es el de un popular diccionario. Sugiere irónicamente que podría haberse registrado como AUDI (Asociación Unidad de Independientes) o SEAT (Somos Españoles Ante Todo).
Ángel Morancho Saumench critica la campaña de una televisión para llegar a "cero accidentes de tráfico". Tamaño objetivo es gran tontería, a no ser que se prohíba la curculación de vehículos. Aun así habría encontronazos entre las personas o los animales. Puede parecer un dislate, pero de momento ya tenemos "cero inflación", y no sabemos qué hacer. Otro deseo paralelo es el de "erradicar" la violencia de género, la droga, la inmigración ilegal, el paro, la corrupción y todo lo que sea molesto. Recuerdo que en miles de años de civilización clásica y occidental no se ha erradicado más que una enfermedad: la viruela. Y por si acaso se ha guardado una cepa de la bacteria, no vaya a ser que rebrote y haya que volver a hacer vacunas.
Nacho García se asombra del comienzo de una famosa periodista en una entrevista auspiciada por el Banco de Sabadell: "¿Quién fueron las personas…?". No entiendo cómo un banco tan prestigioso puede patrocinar un programa (grabado) con un error de tal calibre. ¿Quiénes serán las personas que supervisan esos trabajos?
A propósito del prefijo des-, que tantos momentos de gloria nos ha dado, observa una tendencia en sus alumnos de la ESO. Dicen "desapretar" en lugar de "aflojar". No me parece tan desacertado o descabellado como sugiere don Diego. Por cierto, acabo de oír a un experto por la tele: "Desinflación". ¿No quedábamos que era deflación? Cada vez me despistan más estos economistas descastados. No creo que sea por desconocimiento ni por descuido.
Óscar Rodríguez-Pardo se pregunta por qué se dice "montar en burro", "en coche", etc., y, en cambio, lo correcto es montar a caballo. No tengo ni idea de por qué esa variación. Tampoco sé resolver la duda si se debe decir "montar en yegua" o "a yegua". Libertarios más doctos que yo habrá que sabrán responder.
Lorenzo Martínez especifica que la completa traducción de "un consomé muy frío, de cebada tostada al aroma de lúpulo, con frutitos de olivo al aire del Cantábrico" significa sencillamente "cerveza con aceitunas rellenas de anchoas". Acabáramos.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

mitad menos es 


redundante

Recomendación urgente del día
La expresión mitad menos cuando se habla de una reducción a la mitad de una cantidad es redundante, pues basta con decir mitad, que es equivalente.
Este giro se puede encontrar ocasionalmente en las noticias de economía, como en las siguientes frases: «La compañía gana la mitad menos y cerrará una cuarta parte de sus centrales fósiles en Alemania» y «Las familias gastan casi la mitad menos en ropa desde que empezó la crisis».
Expresiones como un tercio menos, un quinto menos, etc. —con el artículo indeterminado un— se aplican a la fracción en que disminuye una determinada cantidad, como en ganar un tercio menos, pero en el caso dela mitad —normalmente con el artículo la—, la porción en que se reduce es idéntica a la que queda, y por ello no es necesario precisar más.
Por ello, en los ejemplos anteriores habría sido mejor haber escrito «La compañía gana la mitad y cerrará una cuarta parte de sus centrales fósiles en Alemania» y «Las familias gastan casi la mitad en ropa desde que empezó la crisis».

EL CASTELLANO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Miércoles, 30 de Abril de 2014 08:59 Crónica Viva.
Hay un curso universitario diseñado en Estados Unidos para enseñar español a los “hablantes de herencia hispana”. Se trata de una invención “políticamente-correcta”.

Su idea es que los alumnos apellidados Vázquez, Sánchez, Pérez, González o López no tienen por qué pasar por las instancias iniciales del aprendizaje. Puede ser que ellos no conozcan el nombre de las letras en nuestro idioma, no hayan sido alfabetizados en el mismo, y, por fin, le escriban ni hablen en castellano. Sin embargo, por su apellido o por sus genes, ellos deben pasar directamente al tercer año.

El resultado es trágico. Entre esta clase de universitarios, la mayoría ignora las diferencias entre el indicativo y el subjuntivo y muchos de ellos no conocen cuáles son las personas gramaticales puesto que algunos profesores PC no les enseñaron la segunda persona del plural aduciendo que aquella es muy refinada o solamente se usa en España.

La ingenuidad de los norteamericanos “políticamente-correctos” los hace pensar que, de esa manera, protegen a los “hispanos” en vista de una posible inferioridad psicológica.

Conocía el curso, pero no a sus ideólogos. Acabo de leer lo que me parece un manifiesto de ellos contra El habla normal del español y contra un libro publicado por la Academia Norteamericana de la Lengua Española, ANLE.

“Hablando bien se entiende la gente” es el nombre del encantador texto de la ANLE (no parece escrito por académicos) que intenta ayudar al hispanohablante medio de este país a expresarse con soltura en su idioma sin tener que recurrir a los términos prestados ni a la tramposa ayuda del “Spanglish”.

La simpatía del libro lo hizo obtener un éxito inmediato entre personas que no pretendían algo más que preservar su lengua y pasar un buen rato.

Contra este libro arremeten los profesores Andrew Lynch y Kim Potowski en un artículo publicado en la revista “Hispania” el pasado marzo. Abruptamente, señalan: “Nuestra experiencia como investigadores, profesores y directores de cursos universitarios para los ‘hablantes de herencia hispana’ (heritage speakers) en Miami y en Chicago nos ha demostrado que uno de los mayores retos que se afronta en dichos cursos es la inferioridad psicológica y sociolingüística que sienten muchos estudiantes hispanos/latinos bilingües…”

Y para rematarla, añaden que: “Incluso algunos con buenas destrezas comunicativas básicas en español insisten en matricularse en cursos elementales de español diseñados para aprendices de segunda lengua donde, en nuestra opinión, pierden valioso tiempo académico”.

A veces he pensado que Spanish for Heritage Speakers es un curso diseñado no para estudiantes sino para una clase de profesores “americanos” que no tienen mucha confianza en su propio dominio de la lengua y temen que sus alumnos sean capaces de advertirlo.

Más aún. Siempre me ha parecido que SHS contiene una forma de discriminación contra los alumnos de nuestro origen. ¿Por qué no pueden tomar las mismas clases que los otros? ¿Son acaso inferiores?

¿Por qué se debe aceptar y encomiar el “español” que traen de casa? Los padres de mis alumnos hispanos son generalmente trabajadores del campo que no tuvieron la suerte de ir a la escuela en México y desean ahora que sus descendientes conserven una de sus más valiosas herencias.

Quieren ser superados por sus hijos y no desean que estos reciban una palmadita indulgente y políticamente correcta sobre sus hombros, una palmadita que dice que tú eres un hispano, tú no puedes entender gramática y por eso no vamos a insistir.

¿Cómo van a conservar su herencia nuestros alumnos? ¿Aprendiendo el español condescendiente de Lynch y Potowski? No, gracias. No me defiendan, compadres.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

marasmo es 


‘inmovilidad’, no 


‘desorden’ o 


‘confusión’  

Recomendación urgente del día

El término marasmo tiene el significado de ‘inmovilidad’ o ‘parálisis’, por lo que resulta inapropiado usarlo con el sentido de ‘desorden’, ‘confusión’ o ‘barullo’.
Sin embargo, en los medios de comunicación es frecuente encontrarmarasmo con estos últimos significados, como ocurre en la frase «En ese informe, Vigilancia Aduanera desgrana un marasmo de supuestos enchufes, enfrentamientos internos, medias verdades y mentiras enteras», en donde se hace referencia a un conjunto abundante de cosas.
Tal y como indica el Diccionario académico, marasmo tiene los significados de ‘suspensión, paralización, inmovilidad, en lo moral o en lo físico’ y, en el ámbito de la medicina, ‘extremado enflaquecimiento del cuerpo humano’; en suma, entre sus significados no está el de ‘confusión o desorden producido por la mezcla de gentes o de cosas de varias clases’.
Probablemente, el uso inapropiado del término se produce por su semejanza con la palabra maremágnum, que significa ‘muchedumbre confusa de personas o cosas’.
En definitiva, habría sido preferible escribir el ejemplo anterior de la siguiente forma: «En ese informe, Vigilancia Aduanera desgrana un maremágnum de supuestos enchufes, enfrentamientos internos, medias verdades y mentiras enteras».

quarta-feira, 30 de abril de 2014

VIRGILIO ORTEGA

Virgilio Ortega viaja en un libro por el apasionante origen de las palabras





El editor Virgilio Ortega siente una gran pasión por las culturas antiguas, la egipcia y la griega sobre todo, y esa pasión late en su libro Palabralogía, un ameno viaje por el origen de centenares de palabras de la lengua española para ver su formación y sus cambios de significado.

Publicado por Crítica, este libro, afirmaba hoy el autor en una entrevista con Efe, no es «un diccionario de palabras muertas, sino un ensayo de palabras vivas», en el que huye deliberadamente del orden alfabético para intentar que el lector «vea las conexiones» entre unas voces y otras.
Para lograrlo, Ortega realiza «viajes en el tiempo» al teatro en Grecia, a los Juegos Olímpicos en Olimpia, al Coliseo de Roma, a la Salamanca de 1492 y a la Suecia de 1753 para visitar, en este último caso, a Linneo, el «genial creador» de la nomenclatura binomial.
El autor ha trabajado 42 años como editor y se ha «pasado la vida luchando con las palabras». Empezó en Salvat en el 68, fundó más tarde Orbis, pasó luego a Plaza y Janés para terminar en Planeta.
Su facilidad para los idiomas (sabe latín, griego, «un poco» de jeroglíficos egipcios, inglés, catalán, francés e italiano), lo llevó a interesarse desde muy pronto por la etimología y por las culturas antiguas.
Sin necesidad de pedírselos, Ortega cita decenas de ejemplos de etimologías, entre ellas la de «retablo», que viene del latín retro, (detrás), y tabula (tabla, mesa). Es decir, el retablo está formado por las tabula picta (tablas pintadas) que están detrás de la mesa del altar.
Hay palabras que han cambiado tanto de sentido que cuesta creer que procedan de donde lo hacen, como sucede con «ministro», que viene de los ministri latinos («los criados, servidores») y que tiene ver con el minus latino. Magister (relacionada con magis, más) era el que más valía, y de ahí viene «maestro».
«Con el tiempo, el maestro ha ido bajando y el ministro, subiendo», dice con humor Ortega, que ha utilizado el neologismo de palabralogía para el título de su libro.
A veces se recuperan palabras moribundas para nuevos oficios, como sucedió con “azafata”, que en su origen era la camarera de la reina que llevaba la ropa en una bandeja, y que viene del árabe “safat” (bandeja, canastillo).
Griegos, romanos y hebreos vivieron en Egipto durante siglos pero los préstamos lingüísticos que pueda haber en el español de aquella antigua civilización no están del todo documentados, entre otras razones porque cuando los jeroglíficos fueron descifrados en 1822, el castellano estaba ya totalmente formado.
Sin embargo, Ortega se lanza a aventurar el origen egipcio de algunas palabras, como el de Sara, «uno de los nombres más bonitos de mujer en la Biblia». En egipcio sa es ‘hijo de’ y Ra es ‘el sol’, el dios Ra. Si faraón es el «hijo del Sol» en la tierra, «¿no tomarían los hebreos de Egipto el nombre de Sara?», se pregunta el autor.
Y, si de nombres va la cosa, Isidoro e Isidro le deben también algo a Egipto, según Ortega, para quien ambos nombres son «regalo de Isis», del griego doron, regalo, y de Isis, el nombre de «la diosa egipcia más querida en Egipto».
En la Grecia del siglo V antes de Cristo el teatro estaba en todo su esplendor, y de ese espectáculo la lengua española ha heredado numerosos términos, entre ellosprotagonista, antagonista, acústica, escena, proscenio, obscena (en las obras griegas, la muerte era obs-cena, se producía «fuera de la escena»), orquesta, coro, drama.
Y en Grecia se defendía la educación integral del niño, «la del espíritu y la del cuerpo». «Por eso, escuela (skholé) significa en griego ‘tiempo libre’, y el pedagogo (el esclavo que “lleva al niño” a educarse) lo acompaña a la escuela», cuenta Ortega, que siente especial debilidad por la cultura griega.
«¡Qué sería de los escritores sin metáforas!», una palabra que procede de metá (más allá), y pherein (llevar), por lo que una metáfora nos «traslada más allá» del sentido habitual de las palabras. En Grecia los medios de transporte se llaman metaphorés.
La herencia que han recibido los hispanohablantes del latín es tan grande que Ortega estudia el origen de unas 400 palabras y no ha hecho más que empezar. Lengua, emperador, Mediterráneo, límite, palacio, espectáculo, fornicar, que tiene el mismo origen que hornacina; multitud y ojo son algunas de ellas.

LA RECOMENDACIÓN DIARIA

  LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que  resistencia antimicrobiana   Resistencia a los antimicrobianos , no...