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quinta-feira, 14 de julho de 2016

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Pokémon


escritura adecuada

Recomendación urgente del día
El nombre Pokémon se escribe con mayúscula por tratarse de una marca registrada, conservando la tilde, mientras que para aludir a los personajes del juego es preferible la forma lexicalizada pokemon, en minúscula y sin tilde.
En los medios de comunicación se está hablando de esta franquicia japonesa por el lanzamiento de un nuevo videojuego: «Pokémon Go se ha convertido en el mayor videojuego para móviles en la historia de los Estados Unidos», «El universo de Pokémon es tan grande como el mundo real», «Cuatro horas cazando pokémons en el Madrid de los Austrias » o «¿Cuáles son los Pokémon más difíciles de encontrar?».
Cuando se alude de modo directo a la franquicia o a sus productos, se aconseja mantener la tilde por ser un nombre propio: Pokémon; al ser una marca, su plural suele ser invariable. No obstante, si se lexicaliza para aludir a los personajes, se considera ya una voz española escrita en minúscula y sin tilde, por ser llana acabada en eneun pokemon. Nada impide formar en este caso el plural pokémones, conforme a las normas del léxico general, que es preferible a pokémons.
Se recuerda también que videojuego se escribe en una palabra y sin tilde, no video juego ni vídeo juego, y que sus nombres comerciales no necesitan ni comillas ni cursiva, pues las mayúsculas son marca suficiente.
Por tanto, los dos primeros ejemplos resultan apropiados, mientras que en los dos últimos habría sido mejor «Cuatro horas cazando pokémones en el Madrid de los Austrias» o «¿Cuáles son los pokémones más difíciles de encontrar?».

quarta-feira, 13 de julho de 2016

COMUNICACIÓN CIENTÍFICA

ingles en las publicaciones cientificas
Más de 550 millones de hispanohablantes convierten hoy en día al español en la segunda lengua más hablada en el mundo, por detrás del chino mandarín. Este idioma es también el segundo más utilizado en Internet. Pero no queda ahí la cosa: más de 21 millones de alumnos estudian español como lengua extranjera en diversas regiones del planeta. “Estas cifras ponen de manifiesto no solo el valor que el idioma español tiene en la formación e identificación de una cultura, sino también, la proyección presente y futura de una lengua, rica en matices, abocada a trabajar por ocupar el lugar que merece”, como asegura Carmen Caffarel, exdirectora general de RTVE y exdirectora del Instituto Cervantes. Sin embargo, la mayor parte de los avances médicos se siguen publicando en inglés.
Sobre esta cuestión han debatido los expertos reunidos en la XI Jornada MEDES – MEDicina en Español que, bajo el título “El español médico y la biomedicina en español: pasado, presente y futuro”, se ha celebrado en el marco de los Cursos de Verano de El Escorial. Carmen Caffarel ha subrayado la necesidad de llevar a cabo, por parte de las instituciones pertinentes, “políticas proactivas a favor de la publicación científica en español”. Por su parte, el doctor Fernando Navarro, traductor médico y vocal del Comité Técnico de MEDES (MEDicina en Español) ha lamentado que “hoy por hoy es mucho más fácil encontrar en Google un artículo del tres al cuarto en inglés que el último artículo publicado en español en alguna de las grandes revistas médicas españolas”.

La razón que ha relegado al español como idioma científico

La razón principal que ha relegado al español científico a un segundo lugar es que durante los siglos XIX y XX la inversión en ciencia en España y, en general, en todos los países hispanoamericanos ha estado bastante por debajo de la desarrollada en otros lugares. Así lo han indicado los expertos. “A esto debemos sumar que los Estados Unidos llevan desde mediados del siglo pasado ejerciendo una presión imparable para que sea el inglés el idioma que prime en los intercambios científicos, las bases de datos, las revistas especializadas, e internet. El resto de idiomas han dejado ejercer pasivamente esa hegemonía”, explica la doctora Bertha Gutierrez, profesora titular de Historia de la Ciencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca y directora de la Revista Panacea
Ante esta situación, la doctora ha subrayado la necesidad de reflexionar sobre las causas que han llevado al lenguaje científico español hasta el puesto donde está, “bastante diferente que el del español de la cultura o de la literatura”. Ha propuesto debatir sobre las posibles soluciones “para que en el futuro no se pierda definitivamente la posibilidad de ser una lengua de ciencia”. Fernando Navarro ha añadido que “no nos resignemos al monolingüismo científico”.

Las graves consecuencias del monolingüismo científico

Entre las consecuencias que podría tener el hecho de resignarse a un monolingüismo científico podemos hablar de exclusión de las aportaciones realizadas en otros idiomas, dependencia científica y uniformidad del pensamiento, acrecentamiento de la barrera lingüística entre la ciencia médica universitaria (que se publica en inglés) y la práctica (que lee principalmente en el idioma materno: español), “sin contar con la discriminación lingüística, o a la creencia cada vez más generalizada de que un artículo en inglés es, por el mero hecho de estar escrito en este idioma, de mayor calidad que otro en español o cualquier otra lengua”, concluye Navarro.
En un momento en el que el liderazgo del inglés como idioma de la ciencia médica está claro, el español de la biomedicina parece no sucumbir gracias a la necesidad de comunicación entre sí de los profesionales de los países de habla hispana. “Me resisto a creer que la medicina española e hispanoamericana se conforme con ocupar indefinidamente una posición secundaria en el gran teatro de la ciencia mundial. Y estoy convencido de que el español puede volver a ser una de las grandes lenguas internacionales de la cultura, también en el ámbito científico”, aplaude el doctor Navarro.
Hasta entonces, es fundamental que la lengua española mantenga en vigor un lenguaje especializado y su capacidad para expresar de forma precisa y eficaz los nuevos descubrimientos científicos. Para ello, “precisamos de más y mejores traducciones especializadas realizadas con la máxima calidad y también de más y mejores libros de consulta, artículos originales y textos de todo tipo escritos directamente en lengua española” concluye Navarro. Bertha Gutiérrez, añade que “es fundamental abandonar el papanatismo tradicional que nos hace creer que todo lo que viene de fuera, y en este caso concreto, lo que se publica o se dice en inglés, es mejor que lo que se hace o se dice en España o en español”.

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FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

hasta el día siguiente


no 


hasta al día siguiente

Recomendación urgente del día
La expresión el día siguiente es la adecuada cuando va precedida de preposición, y no al día siguiente.
Sin embargo, en la prensa se encuentran ejemplos como «Podrá interponerse recurso contencioso-administrativo en el plazo de dos meses desde al día siguiente al de su publicación», «Tenía un vuelo reservado para al día siguiente» o «La travesía por mar se prolongó hasta al día siguiente».
Ambas expresiones temporales hacen referencia al día posterior al punto de partida expresado por otro referente temporal que se encuentra en el contexto o se deduce de él; sin embargo, el día siguiente es la que se ha de elegir cuando va precedida por una preposición, como desde, hasta, para…, ya que al día siguiente ya lleva la preposición a incorporada en la contracción al.
Por lo tanto, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido decir «Podrá interponerse recurso contencioso-administrativo en el plazo de dos meses desde el día siguiente al de su publicación», «Tenía un vuelo reservado para el día siguiente» y «La travesía por mar se prolongó hasta el día siguiente».
Hay que recordar que hay combinaciones correctas de preposición + al día siguiente que no siguen esta pauta por no tener el mismo valor sintáctico o semántico. Por ejemplo, en «Se prepara para al día siguiente encabezar la marcha», la preposición para es la correspondiente al complemento oracional, no a la expresión temporal: «Se prepara para encabezar la marcha al día siguiente». Y en frases como «Hasta al día siguiente seguía pensando que él era inocente», en la que hasta tiene valor adverbial equivalente a ‘incluso’.

terça-feira, 12 de julho de 2016

IDENTIDAD DE MARCA

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 Uno de los elementos más importantes para las marcas en el siglo XXI es encontrar su propia voz, encontrar lo que las hace diferentes a la avalancha de marcas y de elementos que están en circulación en el mercado en estos momentos. Los consumidores tienen a su disposición casi infinitos productos y casi infinitos mensajes y tienen que ser capaces de encontrar lo que hará que sean distintos de los demás. ¿Cómo llamar la atención de los consumidores? ¿Cómo hacer que lo que ellos dicen y ofrecen sea rápidamente reconocido?
La clave está en tener una identidad muy solvente (pero no ser esclavos de ella). Es decir, la marca tiene que encontrar su personalidad, su voz, lo que la hace distinta y tiene que ser fiel a esa realidad. Tiene que ser capaz de decir quién es y de que el consumidor la identifique sobre todo lo demás. Tiene que lograr encontrar elementos que la hagan única y que la separen de los otros.
Y eso es muy complicado, porque lo cierto es que, cuando se habla de encontrar una voz de marca, no se trata tanto de seguir el manual de estilo y emplear siempre los mismos colores, las mismas palabras o los mismos elementos para crear mensajes como hacer que la marca tenga una personalidad y que esta sea siempre consistente. Esto quiere decir que todo lo que la marca dice será orgánicamente igual, algo muy complicado y algo que solo se puede lograr si los responsables de la marca saben realmente qué es lo que quieren y qué es lo que son y si consiguen hacer que todos sus trabajadores lo vean igualmente.
Internet es uno de los grandes puntos en los que mantener esa voz de marca se enfrenta a grandes tensiones y a grandes fricciones. Por un lado, la red ha hecho que todo vaya más rápido, lo que da menos tiempo a pensar qué se va a decir y por tanto da mucho menos margen para ajustar el mensaje. Por otro lado, internet ha hecho que la marca esté mucho más expuesta que nunca, lo que hace que sea mucho más fácil pillar errores, contradicciones y, sobre todo, fallar.
Las redes sociales han hecho que las marcas estén obligadas a estar hablando en todo momento, que siempre estén en medio del huracán y que siempre vayan a ser analizadas, visualizadas por el consumidor y que siempre tengan que mantener quienes son y ser fieles a su esencia. Por ello, es crucial que todo el mundo tenga dentro de la compañía claro cuál es esa esencia y, sobre todo, que la marca tenga una esencia clara.
El problema de la traducción
Pero ese no es el único punto de fricción ni el único elemento en el que las marcas deben trabajar para crear una voz de marca que sea única y consistente. En un mundo completamente global, las marcas tienen que estar presentes en cada vez más países, más mercados y ser capaces, además, de hacerlo igual en todos esos mercados. Es decir, la voz de la marca tiene que ser consistente sin que importe dónde están los consumidores y dónde está la marca en origen.
Por eso, las marcas tienen que cuidar muy bien lo que están diciendo en otros idiomas y tienen que hacer un esfuerzo para traducir lo que dicen y hacen y hacerlo bien, como recuerdan en Warc. No pueden permitirse jugar con registro formal en un país y pasarse a uno informal en otro, por ejemplo, y tampoco pueden dejarlo todo en manos de traducciones automáticas o poco profesionales.
La marca tiene que ser capaz de llegar igual a todos los mercados en los que opera y tiene que hacerlo respetando su esencia. No hacerlo tiene efectos muy negativos. Por ejemplo, una cadena estadounidense tenía un site de marca en dos idiomas, inglés y castellano. En inglés era cercana y dinámica, pero la traducción al español se había quedado en formal y no muy cercana a la esencia de la marca. Cambiar esa traducción y hacerla más próxima al espíritu de la compañía no solo aumentó el tráfico sino también el ROI. El ratio de conversión en pedidos aumentó en un 6%.


RAE

¿A qué le puede poner fin la Real Academia Española?

12 julio 2016 | +

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Creada en 1713, y desde 1894 ubicada en la sede que ocupa en el área del Buen Retiro, en Madrid, la Real Academia Española —en lo sucesivo se nombrará con la ya familiar sigla RAE— custodia el idioma llamado español. Este nombre no incurre en la parcialidad regional de castellano, pero pudiera ocultar que no todos los pueblos de la plurinacional España asumen como propia la mencionada lengua, y que allí esta tiene apenas alrededor de un diez por ciento de sus hablantes. Todo responde al lugar de origen y a la extensión colonial de ese idioma, como sucede con otros, señaladamente el inglés, el francés y el portugués.
La RAE pudiera sentirse dichosa si todos sus dictámenes suscitaran la euforia que algunas personas están mostrando ante el criterio según el cual es inadmisible, por lingüísticamente incorrecta, la voluntad —expresada en pares lexicales del tipo de “profesores y profesoras”, “académicos y académicas”— de no aceptar de modo acrítico el género masculino como representativo de la especie: o sea, como no marcado, lo cual en la práctica viene a significar universal o, dicho de otra manera, dominante, y es asociable con el sentido patriarcal presente en la lengua. Por cierto, en pares como aquellos ¿tiene que aparecer siempre en primer lugar el masculino?
De acuerdo con la RAE, la norma del uso del masculino como género no marcado es algo parecido a una incontestable derivación del espíritu divino y no de relaciones sociales que ni empiezan ni terminan en la gramática. El léxico lo nutren imágenes de lo que, con redundancia premeditada, cabe llamar realidad real, sintagma en que el adjetivo no apunta a la realeza monárquica, sino a la búsqueda de lo verdadero, entendido como factualidad.
Las relaciones patriarcales se han plasmado hasta en expresiones de fe, como aquella según la cual la mujer se hizo a partir de una costilla del varón, y a este le debe obediencia: nada que ver con respeto mutuo, equitativo. Institucionalmente el catolicismo y otras religiones le niegan el acceso a los más altos rangos jerárquicos. Eso, lejos de ser un hecho autónomo, encarna la supeditación económica y social reflejada en la inferiorización —inferioridad supuesta y forzada— de la mujer y, por efecto del antropocentrismo reinante, de lo femenino en general.
¿Fue acaso una opción inocente lo que determinó que al hablar de un grupo de personas masculinas se use el pronombre ellos, exactamente igual que si se trata de un grupo de hombres y mujeres, aunque estas últimas sean la mayoría? La presencia de un solo varón basta para que la norma exija el empleo del género masculino. Solo si el grupo lo forman exclusivamente mujeres vale usar ellas, y mientras el sustantivo hombre se ha impuesto con los significados de ser humano y de varón, el adjetivo viril, relativo al varón, se ha entronizado asimismo como sinónimo de valiente.
Tales hechos se asocian con algo que —se ha denunciado— sufre la mujer: invisibilización, aunque rabien quienes piensen que solo existen las palabras reunidas por la RAE en suDiccionario. El empleo del género gramatical masculino como no marcado ¿no es un efecto de la dominación extralingüística? No es fortuito el reclamo de que se diga, por ejemplo, “ciudadanos y ciudadanas”, “niños y niñas”, “alumnos y alumnas”, o al menos, cuando sea posible —y lo es en esos ejemplos—, se opte por voces inclusivas: ciudanía,infanciaalumnado.
Se ha convocado asimismo, acertadamente, a erradicar usos sexistas (discriminatorios) del lenguaje, entre ellos la aplicación a las mujeres de las formas masculinas de nombres de profesiones como ingenieromédico y ministro, en lugar de ingenieramédica y ministra. Tampoco tales usos se deben a una mecánica lexical insoslayable: nació de algo factual y sociológico, y —parece necesario repetirlo— discriminatorio.
Esas profesiones, y otras, durante siglos fueron privilegios de varones. ¿Será solo cuestión de leyenda el que algunas mujeres necesitaran travestirse —pasar por varón— para ejercer determinadas labores? Las leyendas se tornan verosímiles por su relación con la realidad, y la RAE lleva en su currículo haber negado el ingreso en su claustro a mujeres con méritos más que suficientes para formar parte de él. ¿No fue el caso de Gertrudis Gómez de Avellaneda?
La línea dominante hoy en la RAE parece seguir sintiéndose cómoda con la aceptación de la supremacía masculina, y reacciona contra quienes buscan maneras explícitas de rechazarla. Usados a manera de cepo y tortura, podrían considerarse excesivos —y serlo— algunos recursos como sustituir los signos de género por una equis (ciudadanxs) o por @ (obrer@s), y acudir una vez y otra, hasta el cansancio, a explicitaciones como “trabajadores y trabajadoras”, “enfermeros y enfermeras”, “pintores y pintoras”.
Para eludir exclusiones injustas habrá quienes abracen prácticas tenidas hoy por deslices o despropósitos, como hablar de “cadetes y cadetas” o “miembros y miembras”. De acuerdo con las normas vigentes, son pifias; pero la lengua es un organismo vivo, que se transforma a base del uso y de replanteamientos de valores, como al dejar de privilegiarsedama por encima de mujer, considerada palabra de escasa alcurnia, si no degradante. No hay que condenar ni mucho menos el uso de dama , ni renunciar a él, para apreciar la dignidad del vocablo mujer —de la mujer misma—, ni para preguntarse si aquella preferencia estaría libre de sabor aristocrático.
Se ha bromeado con la esperanza de que no llegue a ser necesario hablar de “capitalistos y capitalistas”, “socialistos y socialistas”, “hipócritos e hipócritas”, “cadáveres y cadáveras” o “poetos y poetas”… Pero en este último ejemplo la hilaridad no debe silenciar la justicia con que muchas cultivadoras de la poesía piden ser llamadas poetas, no poetisas, vocablo que han sentido peyorativo. ¿No era Miguel de Unamuno quien llamaba poetisos a poetas (varones) que literariamente hablando le parecían debiluchos?
Procurar que “excesivas precauciones de pensamiento” no hagan del idioma un fárrago indigerible, contrario a la comunicación, no es razón que legitime parcializar injustamente el pensamiento. La eufonía y la ley del menor esfuerzo —significativa en la evolución de la lengua, pero no necesariamente fértil en el desarrollo de las ideas— pueden aconsejar que un género se acepte como no marcado. Pero eso no autoriza a ser insensible con respecto al origen de tal norma ni a las exclusiones que ella calza.
Quizás esa norma, y la insistencia en que es incorrecto revertirla explícitamente aunque solo sea de tanto en tanto, susciten que incluso furibundos antiacadémicos —a quienes en otros casos la RAE les resultaba indiferente, o que arremetían contra lo que en general consideraban brozas y cascotes de esa institución— batan palmas apoyando la postura de la que dice limpiar, fijar y dar esplendor. Opere de modo consciente o inconsciente, el machismo puede usar máscaras variadas, incluida la real o pretensa corrección académica.
Las actitudes ante un tema de raíces e implicaciones culturales profundas son diversas. No se parcelan mecánicamente en derechas de un lado e izquierdas del otro. En las primeras habrá quienes tengan claridad —¡hasta la reina Victoria se quejaba de que ella y sus hijas sufrían discriminación por ser mujeres!—, y en las segundas no faltarán quienes consideren que el asunto no es relevante y cabe posponerlo.
Prioridades hay o puede haber, o establecerse, y en general los caminos se vencen paso a paso, tramo a tramo; pero la justicia es un proceso abarcador, orgánico, no un mercadillo de retales. Que ni siquiera todas las mujeres coincidan en la percepción del problema no avala indiferencia alguna: el pensamiento dominante lo es porque no lo portan quienes ejercen la dominación y quienes la sufren. Cuando su aceptación se quiebra brotan condiciones propicias para sacudidas sociales, para revoluciones incluso, hasta en el lenguaje.
Apasionados contrarios a que en el idioma se acojan las prudencias justicieras comentadas rechazan el uso de presidenta. Esgrimen la etimología de presidente —participio activo formado por el verbo presidir y el sufijo -ente— y sostienen que dicho título es aplicable por igual a hombres y a mujeres. ¿No asumen también la inercia del predominio patriarcal por el que mayoritariamente las presidencias las han ocupado, y aún las ocupan, hombres?
En español ya es habitual el empleo de espagueti y espaguetis, cuando en italiano, origen del vocablo, spaghetti es el plural de spaghetto. ¿Habría que decir el espagueto y los espagueti? ¿Por qué no aplicar en la evolución interna de una lengua recursos y mecanismos similares a los que actúan en préstamos lingüísticos exógenos? Pésele a quien le pese, el empleo de presidenta se ha extendido no por casualidad, sino porque ha aumentado el número de mujeres con esa jerarquía en instituciones, organismos y países.
No siempre se esgrimen juicios estrictamente lingüísticos al valorar cuestiones lexicales. Entre los motivos de rabia contra el uso de presidenta parece funcionar el ascenso a ese cargo por parte de mujeres representantes de la izquierda. Así se ha visto en el caso de la argentina Cristina Fernández, y no precisamente por las que, desde la izquierda, pudieran considerarse insuficiencias en su desempeño de la alta investidura. Valdría la pena escrutar el peso que en expresiones de rechazo contra ella ha tenido, además del machismo que se cuela en todas partes, el reaccionarismo político por el cual han sido presidentes de Argentina personajes tan funestos como Carlos Saúl Menem y Mauricio Macri, simpáticos para la oligarquía vernácula y para el imperio, y generadores de pobreza para el pueblo.
Aunque el lobo reaccionario se enmascare con purismos lingüísticos, su oreja peluda asoma cuando él se lanza explícitamente contra gobiernos calificados de “populistas” y que, entre sus afanes justicieros, incluyen coherentemente la equidad entre géneros: entre seres humanos. Lejos de los propósitos de estos apuntes se halla explorar las significaciones de populismo, vocablo-concepto polisémico y controvertido. Solo recordarán que condenarlo es acto recurrente en la feroz ofensiva promovida desde España contra todo lo que —en nuestra América en especial, pero no solo en ella— desafíe a la oligarquía y al imperio.
Con cuartel general y jefes mayores en los Estados Unidos, el imperio tiene su “ministerio trasnacional de defensa” (de ofensa, mejor dicho) en la OTAN, y vicejefes en Europa. Si se trata en particular de España, no los tiene en la mejor, que merece acabar de nacer, sino en la reaccionaria: esa que, además de bostezar, le regala bases militares a la organización belicista. Dolosamente los herederos del bando fascista que usurpó el calificativo nacional condenan lo que llaman populismo y capitalizan el adjetivo popular. Con él han bautizado a un partido cuya cúpula reúne lo más reconocidamente corrupto de la nación, y en el cual sobresalen cómplices de los crímenes del Pentágono y Wall Street en actos decididos desde la que se denomina Casa Blanca.
Sin excluir a los que proceda tener en cuenta dentro de una supuesta izquierda —en la que abundan políticos que han traicionado los ideales socialistas comunistas y al movimiento obrero, y que forzaron la entrada del país en la OTAN—, los cabecillas del Partido Popular descuellan entre quienes medran con el empobrecimiento de las poblaciones de España misma. Simultáneamente se prestan para acciones dirigidas contra gobiernos que tienen proyección popular verdadera.
La real derecha, que campea a sus anchas, y la falsa izquierda, que no se debe confundir con la verdadera —dividida y silenciada, machacada u oculta, despojada de recursos, pero no extinta—, no se limitan a desplegar desde España feroces campañas propagandísticas contra esos gobiernos. Una y otra envían con similar desfachatez representantes suyos a los países de estos últimos para favorecer la subversión y, para no desaprovechar ninguna ocasión de ser colonialistas, lo son también en lo relativo a criterios lingüísticos.
Es más que sintomática la pasión con que, dentro y fuera de España, algunas personas e instituciones apoyan las líneas conservadoras y reaccionarias que subyacen en la RAE, aunque haya dado pasos favorables y tenga miembros que abracen la voluntad de revertirlas y hasta lo hayan logrado en algunos casos. Los partidarios de dichas líneas llegan a proclamar que ya la RAE les ha puesto fin a las prácticas de rechazo contra el predominio patriarcal presente, como en otras lenguas, en el español.
Se equivocan quienes piensen que la RAE puede aplastar cuanto disguste a la totalidad o a parte de sus integrantes. Ella expresará preferencias en torno al idioma, pero en el mejor de los casos podrá cuidarlo, sobre todo si se libra por completo de pautas colonialistas con que a menudo ha visto ella —respaldada aquí y allá por exponentes del pensamiento colonizado— el español hablado y recreado fuera de España, y si de veras respeta plenamente a las academias de la lengua constituidas en otros países hispanohablantes. Pero son los pueblos los que, uso mediante, deciden el rumbo del idioma: lo hacen.
A lo que debería poner fin la RAE es al sello monárquico que desde sus orígenes lleva en su nombre y en su orientación predominante, como si fuera la poderosa majestad de la cual las otras academias de la lengua española fueran no colegas, sino súbditas, para lo cual puede hallar servidores de este lado del Atlántico también: no por gusto existe la palabra cipayo. El signo de realeza la subordina de hecho —bastaría que lo hiciera putativamente para que el saldo fuese repudiable— a una Corona extemporánea y manchada por la corrupción, y que, aunque se le considere decorativa, sigue viviendo fastuosamente a costa del pueblo español.
El actual jefe de esa monarquía hasta con su nombre rinde culto a una larga ralea colonialista, y en la apertura del Congreso de la Lengua Española celebrado en marzo de 2016 en Puerto Rico declaró que él y la reina experimentaban “una gran alegría por viajar nuevamente a los Estados Unidos de América”. Ni él ni ella gozan de reconocida autoridad intelectual, pero el director del madrileño Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha —quien sí la tiene, y cuando fue director de la RAE ofreció esperanzas de plausibles aperturas conceptuales—, en la misma ceremonia sostuvo que por primera vez el Congreso tenía lugar “fuera de Hispanoamérica”. Académico y rey se igualan en prestarse para arrancar a Puerto Rico de la familia de pueblos a la cual pertenece, y regalárselo definitivamente a los Estados Unidos.
La Corona española es continuadora de aquella carcomida que en 1898, a espaldas de los pueblos de Cuba y Puerto Rico, se humilló en el Tratado de París ante el intervencionista gobierno de los Estados Unidos. Lo hizo luego de haber propiciado, con su criminal tozudez colonialista, la cacería de sus marinos por el ejército estadounidense en la Bahía de Santiago de Cuba. La RAE debería ponerle fin a su acatamiento de esa herencia, y pronto.

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primera ministra


no


primer ministra

Recomendación urgente del día
La forma primera ministra es la adecuada para aludir a Theresa May, la mujer que ejercerá la jefatura del Gobierno británico, no primer ministra niprimer ministro.
En las noticias sobre el relevo de James Cameron como primer ministro del Reino Unido pueden leerse frases como las siguientes: «Theresa May queda ahora como única candidata al liderazgo tory y futura primer ministra», «Cameron ha dicho que para este jueves ya va a haber nueva primer ministra» o «La próxima primer ministro fue aplaudida y vitoreada por los diputados».
Tal como explica la Gramática académica, el adjetivo primero ha de adoptar la forma primera, y no primer, cuando va con un sustantivo femenino, y destaca en concreto la anomalía que supone primer ministra. Además, dado que se trata de una mujer, lo adecuado es emplear el femenino, no el masculino primer ministro.
De ahí que en los ejemplos anteriores habría sido mejor haber escrito «Theresa May queda ahora como única candidata al liderazgo tory y futura primera ministra», «Cameron ha dicho que para este jueves ya va a haber nueva primera ministra» y «La próxima primera ministra fue aplaudida y vitoreada por los diputados».
Cabe señalar que el nombre Theresa se pronuncia aproximadamente /terísa/, con el sonido de la t y no de la z española, al igual que ocurre conThomas, casos especiales en inglés en los que el grupo th no sigue la norma general.
Se recuerda finalmente que el cargo se escribe preferentemente en minúscula, por lo que se desaconseja la grafía Primera Ministra.
Ver también ex primera ministra, no exprimera ministra.

segunda-feira, 11 de julho de 2016

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bretorno


mejor que


breturn

Recomendación urgente del día
El vocablo bretorno, en minúscula, es una adaptación ajustada al español del término inglés Breturn, que alude al regreso del Reino Unido a la Unión Europea.
En las noticias está empezando a aparecer este vocablo formado a partir deBritish return, como se comprueba en los siguientes ejemplos: «El historiador escocés nos dice que entre las posibilidades está que el Brexit de hoy diera paso al Breturn de mañana» o «La secuela del Brexit, o sea el Breturn, no ha hecho más que empezar».
Con el movimiento político y social que pide el retorno del Reino Unido a la Unión Europea (o su permanencia), se ha creado este término paralelo a brexit. Al contrario que este último, Breturn puede adaptarse fácilmente la español como bretorno, que puede escribirse en cursiva —o entre comillas cuando no se disponga de este tipo de letra— si se desea destacar la novedad del término, aunque resulta igualmente válida la redonda, pues ya es una voz española.
Por otra parte, en español un nombre común no lleva mayúscula por el mero hecho de derivarse de uno propio, al contrario que en inglés, y así en los ejemplos anteriores podría haberse escrito mejor «El historiador escocés nos dice que entre las posibilidades está que el brexit de hoy diera paso albretorno de mañana» y «La secuela del brexit, o sea el breturn, no ha hecho más que empezar».

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