Translate

segunda-feira, 2 de maio de 2011

FAISCAS DE SABEDORIA





A Sabedoria dos Anos
Postado por: Eduardo Velardez (pessoa de minha amizade...)




Um velho tinha uma lagoa em seu sitio.
Depois de muito tempo, decide ir olhar se estava tudo bem.
Pegou um cesto para aproveitar o passeio e trazer umas frutas pelo caminho...
Ao se aproximar da lagoa, escutou vozes animadas.
Viu um grupo de mulheres nadando, completamente nuas.
Ao ver-lo, todas se foram à parte mais funda da lagoa, mantendo somente a cabeça fora da água.
Uma das mulheres gritou:
-Não sairemos enquanto você não for embora!
O velho respondeu:
-Eu não venho até aqui para ver-las nadar ou sair peladas da lagoa!
Levantando o cesto, falou:
-Estou aqui tão só para alimentar ao Jacaré...

Moral da história:
“Idade, experiência e oficio sempre triunfarão sobre a juventude e o entusiasmo”.


ESCRIBIR EN ESPAÑOL








Pensar en lenguas


Critica algunas resoluciones de la Real Academia Española, pero defiende el cambio de actitud hacia las variaciones del español en los últimos años. Y cree que las buenas normas son las que responden a regularidades sintácticas y no a imposiciones ni arbitrariedades. María Marta García Negroni es autora de Escribir en español (Santiago Arcos Editor), un salvavidas para nadar con estilo en el océano de la lengua.
Por Juan Pablo Bertazza
Fuente: Página 12 - Buenos Aires.

En el letrero de la calle y hasta en algunas partes del sitio web de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, la palabra Puan lleva acento en la “a”, es decir, está mal escrita. Al menos, teniendo en cuenta las últimas modificaciones de la RAE que suprimió las excepciones —“guion”, “truhan”, etc.— sobrevivientes de la regla según la cual los monosílabos no llevan acento. “Ahora no nos importa nada la pronunciación”, especula María Marta García Negroni que dijeron los de la RAE al implementar este cambio, una serie de modificaciones que, a su entender, son más negativas que positivas: el gesto anti-panhispánico de eliminar las letras “ch” y “ll”, el horror de tener que llamar “uve” a la “v”, la supresión del acento en “solo” y en los pronombres “este”, “ese” y “aquel” (que servían para evitar casos de ambigüedad) y la españolización de vocablos como “pirsin” y “Catar”, así como antes intentaron en vano castellanizar el güisqui. “Las normas están bien cuando reflejan el uso pero el problema empieza cuando pretenden imponerse”, reflexiona Negroni, quien reconoce como su máximo error de escritura plagar sus textos de la locución “en efecto”.

Sin embargo, hay que destacar el cambio de actitud que viene teniendo la RAE en los últimos años, cuando empezó a dejar de ser un “monstruo carcamán”, recalca Negroni, incorporando a notables lingüistas como Ignacio Bosque o Salvador Gutiérrez Ordóñez. Comenzó así una etapa de reflexión lingüística, empezaron a tener en cuenta a los 400 millones que vivimos de este lado del Atlántico, sobre todo a partir de la Primera ortografía (1999), y el Diccionario Panhispánico de dudas (2005), realizado en colaboración con las veintitrés academias americanas que registra los usos de los distintos lugares.

“Una consecuencia de esto es que en el diccionario online de la RAE, en la conjugación de cada verbo, aparece el voseo, lo cual antes era impensable. Antes, en el diccionario aparecía pollera como argentinismo pero ahora cojones, por ejemplo, también aparece como españolismo. Es decir, ya no hay una lengua pura de la península ibérica ni las demás son consideradas dialectos. De todas maneras, aún subsiste la idea de que fuera de España hablamos mal, uno lo observa cuando nos cruzamos con un extranjero y ridículamente pasamos a la forma tú”, explica Negroni. Y a esta altura casi no vale la pena aclararlo, pero la formalidad obliga: María Marta García Negroni es una lingüista experta. Madre de familia y titular de la cátedra de Corrección de estilo de esa facultad cuya calle está mal escrita, acaba de sacar Escribir en español. Claves para una corrección de estilo, uno de esos libros que les salva las papas a los que padecen dudas idiomáticas de todo tipo; es decir, todos nosotros: lagunas sobre si va con “v” o “b”, lagunas gramaticales, lagunas de estilo; un verdadero salvavidas cuyo gran valor radica en que, además, enseña a nadar en el océano no tan pacífico del español, idioma que se fue convirtiendo en uno de los más importantes del mundo globalizado y capitalista.

“En el libro se habla del español general pero insisto mucho en las variaciones rioplatenses, nuestro español es tan válido como el de España, Chile o México. No existe lo que está mal, sí lo adecuado”, aclara Negroni. “Muchas normas no están porque sí, responden a regularidades sintácticas, son necesarias para facilitar la comprensión y, sobre todo, porque escribir con errores de ortografía implica quedar catalogado como ignorante y atenta contra la posibilidad de conseguir trabajo.”

Uno no puede evitar pensar que en la literatura, muchas veces, da la impresión de que esas mismas faltas, esa ambigüedad acaso sea el motor de la creación. “La literatura juega con la ambigüedad, sí, pero desde el conocimiento y la transgresión: un texto sin puntuación es un gesto estilístico adrede que implica un gran dominio de la lengua”.

Letras y palabras de ortografía dudosa, reglas de acentuación, uso de los signos de puntuación, uso de mayúsculas, cursivas y negritas, neologismos, latinismos, y solecismos. Esta obra de casi 1000 páginas no deja duda sin tratar, incluso las que no sabemos que tenemos, incluso las que no sabemos que tienen nombre. Por eso, ¿quién mejor que ella para detectar la mayor dificultad del español, tanto en el caso de los extranjeros como en el de los nativos? “Hace muchos años, cuando los empleados tomaron la fábrica Brukman y la policía los reprimió, Vilma Ripoll dijo al calor de los hechos: ‘Duhalde quería que esto pase... y pasó’. Me interesó el agregado, como si ella hubiera sentido que le faltaba decir algo porque el hecho, en efecto, ya había pasado. El imperfecto (pasara) y pluscuamperfecto (hubiera pasado) del subjuntivo les cuesta no sólo a los extranjeros sino también a los mismos nativos”, desarrolla Negroni. A su vez, las dificultades nos llevan a un juego de especulación: adivinar los próximos cambios del español.

“El francés tiene dos formas de subjuntivo, nosotros cuatro, por ahí de acá a unos años desaparece el imperfecto y el pluscuamperfecto del subjuntivo. Creo que hay que buscar los cambios en las zonas no estigmatizadas. Por ejemplo, el famoso dequeísmo está estigmatizado pero no el queísmo. Nadie define como ignorante a quien enuncia, por ejemplo, ‘estoy seguro que voy a llegar temprano’.”

Lo que sí llegó —y hace rato— es el futuro, y por eso resulta imprescindible hablar del presente, del estado de salud del español, por ejemplo, en la prensa y en la política. Negroni no resulta apocalíptica como algunos defensores a ultranza del idioma pero sí constructivamente crítica: “La Presidenta habla muy bien y eso es importante; en general no es que vea tanto errores gramaticales como sí una vulgarización generalizada tanto en los periodistas como en algunos políticos: un único registro, mucha simpleza, poco esfuerzo. En lugar de ‘dijo’, ‘dijo’, ‘dijo’, podría haber más ‘musitó’, ‘farfulló’, ‘dictaminó’, ‘reveló’. Si hablás solo con cuatro palabras lo que estás haciendo, en realidad, es subestimar el mundo”.

CIENCIA E FILOSOFIA


DESCULPAS PARA NÃO PENSAR

Que distingue aos filósofos dos cientistas?
Que distingue aos filósofos dos cientistas?
Quando muitas pessoas se empenham em explicar ou que acreditam ou pensam - a maior parte das conversações trata disso -, sempre tenho a tentação de lhes sugerir que me falem somente do que já está provado. «Se há podido demonstrar? O que dizes se há comprovado já?»


Claro que poderíamos falar de quantidade de coisas que não se tem podido provar ainda: por exemplo, existem os extraterrestres? Criou Deus o universo? E de ser certo que um terço da matéria que existe é obscura - é dizer, não temos nem idéia do que é -, chegaremos um dia, a saber-lo? Este tipo de perguntas é próprio do segundo grande grupo de dogmáticos: os cientistas.


O primeiro grande grupo, em câmbio, o formam os que nunca têm considerado como fatos surpreendentes os grandes descobrimentos científicos. Não lhes interessa a ciência, que tem oposto sempre à filosofia, sua disciplina predileta. «Olhe que - costumam dizer eles -, tem tido um sonho esplendoroso que antecipava com um detalhe incrível o que me aconteceria hoje.» São as mesmas pessoas que não costumam querer trocar de opinião, porque o considera uma espécie de confissão de que se haviam equivocado; não desejam por nada do mundo deixar de ser quem são.


Os do segundo grupo - o dos chamados a si mesmos «cientistas»- podem ser tão dogmáticos como os primeiros. Atuam como se nunca tiveram ouvido o princípio básico do que arranca todo o método científico: «Vou-lhes sugerir uma teses que tem podido comprovar de momento e que, por tanto, até que outro não me demonstre o contrário, é isso aí», disseram os fundadores do método positivo. «Eu afirmo -diz um dia o grande cientista Newton- que o tempo é absoluto e igual para todo o mundo»; esta foi a tese por ele comprovada da natureza incólume do tempo. Até que chegou Einstein pouco depois e comprovou que o tempo era relativo; que sua duração e identidade dependiam da velocidade à que se deslocava o sujeito cujo tempo se media e da massa gravitacional que o rodeava.


O primeiro grupo, embora, se aferra à eternidade, as verdades e meias verdades o são para sempre. Os dogmas não podem se alterar passe o que passe em torno nosso. Os dogmáticos estão brigados com a humildade necessária para aceitar que as coisas podem trocar, começando por suas próprias convicções e eles mesmos.

Deus meu! Não me falem que não é surpreendente que a maior parte do gênero humano, sumida num mundo cambiante de gêneros, etnias, estações, idades e pensamentos, se tenha aferrado a umas quantas idéias básicas de caráter supostamente permanente.
«O que eu te falo sempre foi assim e sempre o será.»


A os dogmáticos do segundo grupo, os que se chamam «científicos», em cambio, lhes custa admitir que um dia, no futuro distante, a ciência possa terminar dizendo que já há descoberto todo o que podia descobrir e que o cérebro não da para mais. Ao longo dos últimos três milhões de anos o cérebro humano, medido em relação ao corpo, se tem multiplicado por três. Agora mesmo não sabemos se esse cérebro, que a evolução tem tido arquitetando para sobreviver e não para descobrir a origem da matéria e o universo, seguirá sendo uma espécie de biscate bastante indicada para protegermos dos terremotos sociais e da natureza. Ou se, pelo contrário, nos permitirá adentrarmos em todos os segredos da vida e do universo. O que sim sabemos é que se pode ser dogmático em qualquer dos dois grupos, no dos crentes e no dos científicos, no de direitas e no de esquerdas.
Eduardo Punset
FONTE: XL SEMANAL ESPANHA

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


adolecer no significa ‘carecer’


Adolecer significa 'tener algún defecto' o 'padecer algún mal'. Si se dice de alguien que «adolece de tacañería» o de otro que «adolece de migraña», lo que quiere darse a entender es que el primero tiene el defecto de la tacañería y que el segundo padece cierto tipo de dolor de cabeza.

Sin embargo, algunos medios emplean adolecer con el sentido de ‘carecer’:«Aznar dice que la UE adolece de liderazgo»; «Kenia adolece de la necesaria cohesión por las hondas divisiones tribales»; «Nuestra ciudad es rica en artistas, pero adolece de salas».

Sin embargo adolecer no significa ‘carecer’, por lo que, en estos ejemplos, aunque lo que se quería decir era que a la UE, Kenia y la ciudad les faltan, respectivamente, liderazgo, cohesión y salas, lo que se estaba diciendo en realidad era algo muy distinto: que el hecho de que la UE tenga liderazgo, Kenia tenga cohesión y la ciudad, salas constituye un defecto.

Se recomienda, pues, evitar siempre este empleo de adolecer con el sentido de 'no tener' algo y emplearlo solo cuando quiera decirse 'padecer un mal' o 'tener un defecto'.

sábado, 30 de abril de 2011

DON ERNESTO SÁBATO


Las frases más destacadas de Ernesto SábatoEFE / BUENOS AIRES
Día 30/04/2011 - 15.10h
AFP






El escritor argentino Ernesto Sábato, fallecido hoy a los 99 años, pronunció durante su vida numerosas frases que dan cuenta de sus reflexiones ante la evolución del mundo, la vejez y la globalización, entre otras temáticas.

Destacamos algunas a continuación:

- «Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte». (Diálogos con Jorge Luis Borges)
- «Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás».-
«Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables».-
«El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse».-
«A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. La masificación ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización».-
«¿Qué se puede hacer en ochenta años? Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena». (Uno y el universo)
- «Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que, aunque el Universo se derrumbe, estará preocupada por su hogar». (Uno y el universo)
- «Se discute si Dalí es auténtico o farsante. Pero ¿tiene algún sentido decir que alguien se ha pasado la vida haciendo una farsa?».
- «¿Por qué no suponer, al revés, que esa continua farsa es autenticidad? Cualquier expresión es, en definitiva, un género de sinceridad». (Uno y el universo)
- «El presente engendra el pasado». (Uno y el universo)
- «El oficio -en el arte-, consiste en que no se lo advierta». (Uno y el universo)
- «¿O será uno de esos seres solitarios y a la vez temerosos que sólo resisten la soledad con la ayuda de ese gran enemigo de los fantasmas, reales o imaginarios, que es la luz?». (Sobre héroes y tumbas)
- «Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano». (Antes del fin)
«Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado... Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos». (Antes del fin)
«Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa». (Ensayo La Resistencia).

ERNESTO SÁBATO


Fallece el escritor argentino Ernesto Sábato
El autor de 'El túnel' ha muerto en su casa a los 99 años de edad
EL PAÍS/AGENCIAS - Madrid - 30/04/2011


El escritor argentino Ernesto Sábato ha fallecido esta madrugada en su casa de la ciudad de Santos Lugares (Argentina), ha confirmado a la radio argentina Mitre su compañera Elvira González Fraga. "Hace como quince días tuvo una bronquitis y a la edad de él esto es terrible", ha explicado. El considerado exponente de las letras argentinas con mayor proyección internacional tenía 99 años y el próximo 24 de junio iba a festejar su centenario. De hecho, iba a ser homenajeado mañana en la Feria del Libro por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires.

"Me llamo Ernesto..."
Recuerdo del hombre que se reunía con los anónimos
Sábato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911. Además de novelista y ensayista, era doctor en Física. Trabajó en el Laboratorio Curie, en París, y abandonó definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse exclusivamente a la literatura. En 1984 había recibido el Premio Cervantes, el más importante de la literatura en español, y llegó a ser propuesto por la Sociedad General de Autores y Editores de España como candidato al Premio Nobel de Literatura de 2007.

Sus tópicos más recurrentes se encargaban de la crisis del hombre en nuestro tiempo y de la reflexión sobre la propia literatura. Sus obras más destacadas son El escritor y sus fantasmas (1963), Apologías y rechazos (1979), El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961), y Abbadón el exterminador (1974). Su última obra publicada fue España en los diarios de mi vejez, fruto de los viajes en 2002 a tierras españolas mientras Argentina se sumergía en la más feroz crisis económica de su historia.

Es destacable su firme compromiso político y ético que confluye en su obra. En 1984 presidió la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas que redactó el Informe Sábato o Nunca más sobre los horrores de la última dictadura militar (1976-1983), que abrió las puertas para el juicio a las juntas militares de la dictadura militar en 1985. El prólogo del informe le valió fuertes críticas de organismos humanitarios que cuestionan la llamada "teoría de los dos demonios" sobre la violencia política que sacudió a Argentina en la década de 1970. En el texto, el escritor sostuvo que en los años 70 Argentina "fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda".

Sábato también llenó su tiempo con la pintura, aunque confesó que su "espíritu autodestructivo" lo llevó a destruir buena parte de sus obras. "Arrastrado por amigos", según declaró, presentó una decena de sus obras en 1989 en el Centro Pompidou de París y del mismo modo lo hizo después en Madrid.

El escritor argentino atravesó momentos difíciles en su vida con la muerte en 1995 del mayor de sus dos hijos, Jorge, en un accidente de tráfico, y con el fallecimiento en 1998 de su primera esposa, Matilde.

Entre los numerosos premios recibidos por Sábato también figuran el Menéndez Pelayo (1997) y el Gabriela Mistral (1983), otorgado por la Organización de Estados Americanos (OEA).

sexta-feira, 29 de abril de 2011

GOBERNANZA


GOBERNANZA, GOBERNABILIDAD, GOBERNACIÓN Y GOBIERNO



Ejemplo de lo que implica que una lengua extranjera venga a meter las narices en la española.




Estábamos demasiado tranquilos y felices en el territorio de la lengua española usando gobernación, gobierno e incluso gobernabilidad para designar la «acción y efecto de gobernar o gobernarse» como para que alguna lengua extranjera no sufriese la tentación de venir a meter las narices. Lo ha hecho el inglés, nuestro imperialista enemigo lingüístico actual, vendiéndonos como nueva la palabra «governance» que aquí han traducido políticos o economistas por «gobernanza», presunto nuevo juguete que ya no se les cae de la lengua, como niños con zapato nuevo. «La gobernanza hoy», «Hacia una revolución de la gobernanza», «Gobernanza y gestión pública», «La gobernanza de internet» o «¿Por qué ahora el interés por la gobernanza?» son títulos de libros que pueblan los escaparates, todos con esa presunta novedad de gobernanza que ya el Diccionario de la Real Academia anterior al actual (es decir, el de 1992) consideraba anticuada o antigua. Para aclarar el lío, hablemos de nuestra lengua en términos lingüísticos, sólo lingüísticos.

La Real Academia considera ahora mismo gobernanza, gobierno, gobernación y gobernabilidad términos sinónimos, pues los cuatro designan la «acción y efecto de gobernar»: basta consultar el Diccionario para comprobarlo. Todas ellas son palabras usadas por escritores en nuestro idioma: «No hay participación global sana que no parta de gobernanza local sana» (Carlos Fuentes); Miguel Primo de Rivera es un militar, y esto ya trae consigo otra idea del orden y de la gobernanza» (Álvaro Pombo); «El viejo torreón que los condes de Luna construyeran hace ya cinco siglos para la defensa y el gobierno de las tierras del Curueño» (Julio Llamazares); «Don Luis contrarrestó los infundios asegurando la asistencia al sarao del conde de Floridablanca, si se lo permitían sus deberes de gobernación» (Eduardo Alonso); «Encubría su desidia delegando en plebeyos como los Panizo los recibos de la casa y la gobernación de negocios» (Manuel Longares); «FELIPE.-Tú tienes unas ideas muy raras sobre la gobernabilidad de una nación» (Manuel Martínez Mediero); «Se dilucidaban intereses más altos, que ponían en peligro la gobernabilidad de Umbría» (Miguel Sánchez-Ostiz). Por lo tanto, siempre según la RAE, a la acción de gobernar un pueblo (o una nave o una economía o una casa) puedo llamarla gobernanza, gobierno, gobernación o gobernabilidad, como me venga en gana.

Sin embargo, vamos a buscarle un poco las cosquillas al asunto. Aunque la palabra gobernabilidad es sinónima de las anteriores, como queda dicho, los hablantes no olvidamos que el sufijo -bilidad indica sobre todo una cualidad, o sea, cada uno de los caracteres que distinguen a las cosas. La gobernabilidad es, en consecuencia, la cualidad que posee lo que puede ser gobernado. Así, entenderíamos perfectamente el matiz que implica el siguiente enunciado: «La gobernación (gobernanza o gobierno) de un pueblo habrá de considerar primero la gobernabilidad del mismo», es decir, la cualidad de «gobernable» que tenga dicho pueblo. Por el contrario, nos resultaría chocante y hasta inexplicable si lo leemos trastocado: «La gobernabilidad de un pueblo habrá de considerar primero la gobernación (gobernanza o gobierno) del mismo». Quiere decirse que el uso real de la lengua se inclina por gobernanza, gobierno y gobernación como sinónimos para el hecho de actuar y gobernabilidad para una sutil matización cualitativa aunque, repito, el Diccionario de la RAE permite el uso indistinto de cualquiera de las cuatro voces.

¿Me he olvidado de sacarle punta a gobernanza? Hay otra acepción para esa palabra, además de la dicha, donde parece estar la madre del cordero. Leo en el Diccionario que también se llama gobernanza al «arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía». No estaría de más que la RAE revisase definición tan perogrullesca, porque a ver quién es el partido político guapo que defiende ante unas elecciones un «arte o manera de gobernar» que pretenda un atraso económico, social e institucional, que aspire a ser provisional y que desequilibre de modo enfermizo al Estado frente a la sociedad civil y al mercado. Aunque todo sería intentarlo, vistos los tiempos? Volviendo a la seriedad, creo que ése es el sentido (la acepción) en que se usa hoy gobernanza con tanta insistencia, sin que ello anule, en recto castellano, su valor como sinónimo de sus compañeras. Pero, no me canso de repetirlo, a través del inglés por, claro está, la propagación de ciertas tendencias económicas yanquis que imponen un nuevo término (governance) para que la vieja explotación suene a nueva redención. Algunos espontáneos de ese papanatismo idiomático, metidos a lexicógrafos, ahogada su lengua materna en sus cursillos de inglés, prefieren definir «gobernanza» nada menos que como «proceso de toma de decisiones y el proceso por el que las decisiones son implementadas, o no», enunciado que en su conjunto no pertenece a la lengua española y, además, suena a diablos. Otros hablan de que la gobernanza es «un nuevo modo de gobernación», pero eso tampoco es lingüística: es, ya digo, política o economía.

Publicado 29/04/2011
Francisco García Pérez
www.lne.es
Viernes, 29 de abril del 2011

LA RECOMENDACIÓN DIARIA

  LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que  resistencia antimicrobiana   Resistencia a los antimicrobianos , no...