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quarta-feira, 5 de setembro de 2012

CREATIVIDAD





¿En qué momentos aflora la creatividad?

Mientras dormimos, después de la siesta o al despertarse, suelen aparecer ideas; cuando el cerebro está "desconectado", sigue procesando información y aporta soluciones

Por Mariana Israel | Fuente: LA NACIÓN – Bs.As.


La creatividad no es un "poder sobrenatural", ni un privilegio de un puñado de iluminados, como Steve Jobs o Mark Zuckerberg. Generar ideas innovadoras es una habilidad que puede potenciarse.
El primer paso es alejarse del problema. Así como un pintor tiene que tomar distancia para admirar su obra completa, hay que ver el tema en cuestión desde distintas aristas para que surjan ideas creativas.
El segundo paso es relajarse. “Muchos creativos reportan que tienen ideas nuevas cuando no están pensando en nada", afirma el doctor Facundo Manes, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro y del Instituto de Neurología Cognitiva de Buenos Aires (Ineco).

Es frecuente que la creatividad aflore en momentos inesperados, cuando la mente se relaja. "Cuando el cerebro está offline, sigue procesando información", agrega Manes. "Hay un procesamiento interno que no siempre es consciente. Por eso, la respuesta surge en los momentos menos pensados, a pesar de que estemos haciendo otras cosas", coincide la licenciada María Aranguren, psicóloga y becaria del Conicet.
El doctor Esteban Mongiello, psicólogo del equipo de Adineu (Asistencia, Docencia e Investigación en Neurociencia), plantea que "se producen múltiples procesos en vastas redes neuronales que tejen nuevas asociaciones en el cerebro".
Steve Jobs lo dijo: "La creatividad consiste simplemente en conectar cosas". Si es así, entonces, ¿hay situaciones que favorezcan estas "conexiones" cerebrales?

LOS MEJORES MOMENTOS PARA CREAR

1. Al soñar despiertos. Un estudio liderado por la doctora Kalina Christoff, de la Universidad de Columbia Británica, sugiere que soñar despierto recrea un estado mental único, en el cual dos sistemas cerebrales opuestos trabajan en conjunto. Estas "nuevas asociaciones" favorecen el pensamiento creativo y original.
2. Mientras dormimos. Manes explica que, mientras dormimos, "repasamos los eventos del día". Aparte, añade que durante el sueño "se observa en el cerebro una actividad oscilatoria similar a la que existe en períodos de creatividad".
3. Cuando recién despertamos. En ese momento, el cerebro está desorganizado y abierto a ideas no convencionales. En un estudio publicado el año pasado en la revista Thinking & Reasoning, los investigadores vieron que un grupo de estudiantes universitarios resolvía mejor una serie de acertijos a la mañana, cuando se sentían más dormidos y menos productivos. La dificultad para enfocarse era, justamente, la clave. "Es un estudio interesante, que sugiere que los tiempos no óptimos -como cuando estamos más dormidos- reducirían el control inhibitorio cerebral, permitiendo que surja la creatividad", indica Manes.
4. Después de la siesta. La psicóloga Sara Mednick, profesora de la Universidad de California, sostiene por medio de investigaciones que la siesta es un recurso valioso para potenciar la creatividad. "Los principales inventores y artistas dormían siesta. El sueño ayuda a combinar las ideas de forma novedosa", asegura.
5. En vacaciones. Se trata de un período apropiado justamente porque "el cerebro necesita estar fuera de actividad para que aparezcan nuevas ideas", declara Manes.

"Llevar adelante actividades que nos entusiasmen, dedicarles tiempo y disfrutarlas puede potenciar nuestra creatividad", asegura el doctor Ezequiel Gleichgerrcht, investigador en neurociencias cognitivas de Ineco. "Para que se produzcan ideas originales, hace falta involucrarse en el tema. No es que surgen de la nada", agrega la licenciada Aranguren.
A su vez, es necesario saber distraerse a tiempo y no enfrascarse en un problema.
"Cuando estamos concentrados en encontrar una idea o una solución novedosa, no estamos permitiendo que trabajen en forma intensa las áreas que hacen nuevas asociaciones en el cerebro", concluye Manes.

CARLES BOIX





Carles Boix, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Princeton

Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet
"Culpamos a los políticos de todo con demasiada facilidad"
01/09/2012 -
LLUÍS AMIGUET


Pesar aquí y allá
Antaño los protagonistas de nuestro debate público estaban aquí, en el país, o allá -en EE.UU. u otras naciones avanzadas-. Hoy los tenemos aquí y allá a la vez en estimulante puente intelectual. Son profesionales y académicos que ejercen en centros de prestigio extranjeros sin dejar de pesar en los nuestros. Sean bienvenidos -en toda su transversal influencia- y más si saben explicarse sin darnos lecciones, como Carles Boix en sus Cartes ianquis (A Contravent). Antaño, la distancia de las cartas, remansadas por el tiempo, restaba apasionamiento y sumaba criterio a las opiniones. Hoy en el reino de Twitter, reductor compulsivo de la complejidad universal a 140 caracteres, su gravedad es aún más necesaria.
Estoy investigando por qué surgen las democracias.

¡Cuéntenos!
El fundamento de una democracia estable es la igualdad económica que propicia la cohesión social.

¿Y qué hace posible esa igualdad?
Las democracias surgen donde se da una distribución de la tierra más o menos equitativa o un crecimiento económico, debido a mejoras tecnológicas, que propicia la aparición de clases medias educadas.

¿Puede confirmarlo con datos?
Lo confirman los de distribución de renta, solo disponibles desde principios del siglo XX, Los anteriores los deducimos, por ejemplo, midiendo fémures de esqueletos. Las diferencias en su altura revelan desigualdad en la nutrición y, por tanto, en la riqueza.

¿Ha llegado a otras conclusiones?
Estamos recogiendo datos sobre el desarrollo de Europa del 1200 al 1800. Y comprobamos que en una franja media, digamos que desde el sur de Inglaterra hasta el norte de Italia y de Baviera a Catalunya se generó de forma endógena una mayor densidad urbana.

¿Surgieron ciudades más pobladas?
Esa mayor densidad urbana fue apreciable en núcleos del norte de Italia, Suiza, parte de Francia, Alemania, Bélgica, Holanda... Y posibilitó un mayor intercambio de ideas, que favoreció el despegue tecnológico.

¿La revolución industrial?
Que en realidad fue la culminación de un largo proceso de acumulación de capital social e intelectual que arranca ya en el 1200.

¿Y cómo se concreta?
El auge del sector textil catalán, por ejemplo, es posible gracias a una clase artesanal que ya existía desde entonces en esa área con una agricultura también más avanzada.

Catalunya había sido marca carolingia.
Y en el País Vasco -también en la frontera de esa región europea- se da asimismo una densidad demográfica que le permitirá integrarse en la innovación europea.

Otros países llegan a la prosperidad de repente sólo por encontrar petróleo.
Pero si la riqueza del petróleo es distribuida desigualmente -como en los emiratos del Golfo- propicia regímenes despóticos. Si, en cambio, se reparte con equidad -como en Noruega- fortalece la democracia.

Algunas regiones de ese despegue europeo llegan a Estado y otras a provincia.
El hinterland catalán y sus proyecciones políticas van pesando más o menos a lo largo de los años en el conjunto del Estado español, pero ni su demografía ni su contribución económica llegan nunca a ser tan potentes como para contrarrestar el peso político y económico de Madrid.

Ha habido épocas.
Desde luego, pero todos los intentos de convertir esa mayor contribución industrial y económica en poder político dentro del Estado -desde Prim o Cambó hasta Roca o Maragall- han acabado en frustraciones de la clase dirigente catalana y, por lo tanto, en la recurrente tentación centrífuga.

Del regionalismo al soberanismo.
Paradójicamente es la constatación de que Catalunya pierde peso desde el XIX en la toma de decisiones del Estado, lo cual lleva a consolidar la alternativa soberanista...

¿Si no puedes influir, mejor te vas?
... y a tantear ahora la posibilidad de reinsertarse en Europa, ya con un Estado propio.

No es el único problema ahora mismo.
Sufrimos el estallido de varias burbujas superpuestas: la inmobiliaria, con sus ramificaciones bancarias; la del euro, que nos impide recuperarnos devaluando; y la demográfica, con el fin del baby boom...

¡Que tantas alegrías hemos dado!
¡Y qué desigualdad generacional ha dejado! Mientras hay babyboomers que han gozado de prejubilaciones doradas antes de los 60, sus hijos están llegando a los 40 sin contrato. Es injusto y un derroche de talento.

Mientras tanto, aún mandan los segundones de quienes hicieron la transición.
Echamos la culpa a los políticos de todo con demasiada facilidad, pero de la burbuja inmobiliaria se benefició todo el mundo.

Hoy necesitaríamos otra transición.
El inmovilismo de este régimen es resultado de la obsesión constituyente por la estabilidad tras Franco: se quería evitar la repetición de la amarga experiencia de las repúblicas y contrarrestar el poso anarquista.

Hay estabilidades que desestabilizan.
Esa obsesión llevó a las listas cerradas y, poco a poco, los partidos han acabado controlándolo todo y sus dirigentes a todo el partido. Así que quien es ambicioso ya sabe que debe escalar posiciones en organigramas laberínticos tras horas y horas de reuniones...

En el partido suben los culo di ferro.
No tendría por qué ser una estructura nefasta, pero lo es si los partidos funcionan en la práctica como circuitos cerrados que excluyen de las responsabilidades públicas a otros talentos no partidistas.

Así se cierran las sociedades abiertas.
No es sano que entrar en un partido sea la única carrera efectiva para quienes tienen talento y legítima ambición de servir al país.

¿Le da miedo la intervención europea?
Si repasamos la historia, las intervenciones extranjeras, a los catalanes en general, nos han salido bien. Siempre nos ha ido mejor a todos cuando hemos sido menos España.

¿Cree que sabremos hacer los deberes?
Creo que ahora mismo Catalunya puede contemplar con realismo la posibilidad de iniciar un proceso de soberanía en Europa: ya no es una utopía


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PREMIO PEN CENTER DE TRADUCCIÓN





La traducción de una obra póstuma de José Donoso gana el premio PEN



Suzanne Jill Levine obtiene el galardón por su adaptación al inglés de 'Lagartija sin cola'

La obra del autor chileno fue escrita en 1973 y presenta grandes tintes autobiográficos
El escritor chileno José Donoso (1924-1996) nunca publicó en vida Lagartija sin cola (Alfaguara, 2007). La novela fue descubierta por su hija Pilar entre los papeles que su padre vendió a la Universidad de Princeton, su editor, el escritor y profesor Julio Ortega, la publicó por primera vez en 2007 y la traductora, Suzanne Jill Levine, acaba de obtener el premio PEN Center por su adaptación al inglés. Levine, que desde 1998 dirige la asignatura Estudios de Traducción en la Universidad de California en Santa Bárbara, ya había ganado este galardón, uno de los más prestigiosos en reconocer el trabajo de traducción, en otras dos ocasiones (en 1989 por una obra de Adolfo Bioy Casares y en 1996 por sus logros en la literatura hispana), pero esta vez para ella es especial: “Me ha encantado realizar esta traducción, casi tanto como amo el libro. Siento que he dejado mucho de mí en ella, tanto que he llegado a sentirme verdaderamente identificada con Donoso”.
Ortega, el autor del prólogo de la traducción de Levine, destacó a este periódico el poder del texto en inglés. “Jill ha hecho un trabajo interno sobre las tramas de la prosa sutil de esta inquietante novela de Donoso: su nostalgia, su historia sexual y su ironía desencantada se despliegan como la pesadilla de un Sade sonriente”. Esa ironía que destila Lagartija sin cola [The lizard´s tale] -escrita en 1973 y ambientada en un pueblo imaginario de Teruel, en la frontera con Cataluña en la que se describe la desilusión de un pintor que busca refugio en el interior huyendo del capitalismo y la especulación urbanística que amenaza la costa española-, es uno de los elementos de la novela que atrapó a Levine, que conoció a Donoso, del cual ya había traducido El lugar sin límites yLa casa de campo.
“Desde el principio me sentí completamente identificada con Antonio, el personaje principal. Su desilusión con el mundo que le rodea, la sensación de haber traicionado su trabajo como artista por una sociedad corrupta y superficial... Sentí ternura al ahondar en su laberinto de obsesiones. La tensión erótica y el subtexto homosexual también eran fascinantes en el sentido de que Pepe estaba saliendo del armario de manera mucho más evidente que en El lugar sin límites, una de las razones por las que el manuscrito pudo no haberse publicado mientras vivió”. Esta es una de las muchas hilos autobiográficos que penden de la novela y que Levine destaca. No en vano, cuando Donoso debutó en el mundo literario advirtió de que su obra iba a ser el soporte de su propia biografía. “Lagartija sin cola trata sobre Pepe [como llamaban a Donoso sus amigos], sobre su sensación de sentirse marginado y no suficientemente apreciado por sus compañeros de la generación del boom. Tenía motivos para sentirse así y con mi traducción he querido ayudarle a expresar esa idea”. Durante su estancia en España, José Donoso abandonó Barcelona para trasladarse a Calaceite, un pueblo de Teruel donde escribió la novela.
Uno de los principales retos a los que se enfrentó Levine fue “dar con el tono principal” de la obra. La autora está acostumbrada a lidiar con las “imposibilidades de la traducción”, tal como relató en su ensayo Escriba subversiva: una poética de la traducción (Fondo de cultura económica, 1998), donde abordaba sus problemas a la hora de adaptar la obra original de Guillermo Cabrera Infante -con quien colaboró en la transcripción al inglés de Tres Tristes Tigres (Planeta, 1996)-, Manuel Puig y Severo Sarduy. Levine también ha traducido, entre otros, a Julio Cortázar o Jorge Luis Borges.
Levine asegura que “haber hablado, bromeado y escuchado” a Donoso le facilitó el camino para reconocer y plasmar su “particular forma de expresión” y detectar los matices autobiográficos de la obra. “Pepe era muy simpático dentro de su peculiar y neurótica forma de ser y, pese a nuestras diferencias, creo que teníamos muchas cosas en común”, afirma.
La traductora no esconde el orgullo por su trabajo. “Un crítico [del Publishers Weekly] describió mi traducción como ‘reflexiva y rapsódica’, una definición que considero bastante precisa ya que el personaje principal atraviesa distintos altibajos en su carácter y forma de ser que hacen que su personalidad fluya del estado ‘reflexivo’ al 'rapsódico”, sostiene. Además de por el reconocimiento de la crítica, avalado por el premio PEN, la satisfacción de Levine tiene raíces más profundas. “Últimamente son muy pocos los textos que me interese traducir y encontrar algo escrito por uno de mis autores favoritos, adaptado tan bien por Julio [Ortega] es una rara delicia”.

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Recomendación del día


congratularse por o de algo, no congratularse con algo

El pronominal congratularse, cuando se refiere a alegrarse por algo, se construye con las preposiciones por o de, y no con.

Sin embargo, en ocasiones, se puede apreciar este uso en los medios de comunicación: «Obama felicitó a Humala y se congratuló con el “compromiso con la democracia” del pueblo peruano» o «La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) se congratuló con la decisión de las autoridades de prohibir la venta de juguetes magnéticos».

Según aclara el Diccionario panhispánico de dudas, el verbo congratular, como transitivo, significa ‘felicitar’ («El director congratuló a los participantes») y, como intransitivo pronominal, quiere decir ‘alegrarse’ o ‘felicitarse’ y se construye con la preposición por o de, como en «Alves se ha congratulado de la vuelta del central azulgrana».

El error se produce por la confusión con el verbo congraciarse (‘conseguir la benevolencia o el afecto de alguien’), que sí se construye con la preposición con: «Tratan de congraciarse con sus socios europeos y con los mercados».

Por tanto, en los ejemplos citados, lo apropiado hubiera sido decir: «Obama felicitó a Humala y se congratuló por el “compromiso con la democracia” del pueblo peruano» o «La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) se congratuló de la decisión de las autoridades de prohibir la venta de juguetes magnéticos».

Sí es correcta la construcción congratularse con alguien, cuando se refiere a compartir la alegría con alguien: «Los directivos quisieron congratularse con ellos por su gran logro».

terça-feira, 4 de setembro de 2012

GILLES LIPOVETSKY





Gilles Lipovetsky
París, 1944) Filósofo francés. Profesor de Filosofía en la Universidad de Grenoble, en 1983 publicó su obra principal, La era del vacío, que versaba sobre lo efímero y lo frívolo. En el momento de su aparición, el ensayo fue acogido en Francia con una fuerte polémica, aunque ciertos sectores lo saludaron como una especie de lema o paradigma que reflejaba a la perfección el mundo contemporáneo, visto como pura evanescencia.


"La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas."
Carlos Marx



La tesis principal defendida por Lipovetsky es que el filósofo tradicional ha permanecido demasiado tiempo encadenado a formas irreales y apartado de la realidad cotidiana de su propio tiempo, al modo del prisionero platónico, razón por la cual se ha apartado de los intereses vitales de una sociedad caracterizada por la cultura de masas. En oposición a esta tendencia escapista, Lipovetsky propone volver los ojos a la realidad concreta, es decir, al estudio de los fenómenos masivos y efímeros propios de la era contemporánea.
En su segundo trabajo, El imperio de los efímero. La moda y su destino en las sociedades modernas, publicado en 1987, Lipovetsky llevó a cabo un amplio estudio sobre la moda, enfocado desde una perspectiva histórica, en el que intentó explicar la influencia de los cambios en los gustos de la moda en el sentido de la tolerancia y el relativismo en los valores, factores dominantes del individualismo del presente. http://disenonoconsumo.wordpress.com/influencias/gilles-lipovetsky/
La hipermodernidad según Gilles Lipovetsky
Lipovetsky analiza una sociedad posmoderna marcada, según él, por una separación de la esfera pública, y a la vez una pérdida del sentido de las grandes instituciones colectivas (sociales y políticas) y una cultura abierta con base en una regulación “cool” de las relaciones humanas (tolerancia, hedonismo, personalización de los procesos de socialización, educación permisiva, liberación sexual, humor). Esta visión de la sociedad plantea un neo-individualismo de tipo narcisista y, más aún, aquello que Lipovetsky llama la segunda revolución individualista. Toda la obra de Lipovetsky gira en torno a la evolución y desarrollo del individualismo actual. Estos análisis se centran en la creación de una nueva categoría de pensamiento: la de hipermodernidad. La hipermodernidad vendrá acompañada de un hiperindividualismo y ambos se enfrentarán con la ambigua concepción de la postmodernidad. La postmodernidad ya no sirve para definir el momento actual de las sociedades liberales. Estamos en un momento histórico donde no existen sistemas alternativos al presente y donde el mercado ha impuesto su ley. Es el momento de la hipermodernidad sin oposición alguna, sin normativa o regulación y que tiene el estatus de global. Con este término, Lipovetsky presenta un mundo caracterizado por la invasión de las nuevas tecnologías y la modificación del concepto de cultura. Vivimos en una sociedad donde el papel de la imagen se ha convertido en un ícono, rodeados de una pantalla global (computadores, teléfonos celulares y televisores), una pantalla que ha roto el discurso narrativo continuado a favor de lo plural e híbrido, sin forma definida y con total heterogeneidad. Se ha redefinido el concepto de cultura poniendo el acento en la formación de la misma a través del capitalismo, del imperio del hiperindividualismo y de la tecnociencia. A lo largo de sus análisis Lipovetsky, presenta un concepto de cultura del siglo XXI caracterizado por la cotidianidad en el acceso a las redes informáticas y sociales de modo inmediato, por el hiperconsumo en busca de la novedad (neofilia), por los medios de comunicación a la carta y un tecno capitalismo global. El clásico concepto de cultura, que diferenciaba entre la popular y la ilustrada, se ha desvanecido entre las redes y las nuevas tecnologías, y los campos de conocimiento empiezan a entremezclarse. La cultura es inseparable de la industria comercial y abarca todos los rincones del planeta, tiene aspiraciones concretas planetarias, independientemente del nivel económico. En la concepción del nuevo individualismo (hiperindividualismo) el pensador francés pone el acento en una de las características más importantes del tiempo hipermoderno: lo paradójico. El desarrollo de una cultura PSY (incremento del factor "psicológico"), el acceso democrático al lujo, y el hiperconsumo han provocado grandes desequilibrios internos en la relación del individuo consigo mismo. La línea de sus últimas publicaciones se encuentra muy ligada al análisis de los principales factores que organizan y mueven a la sociedad del momento. La economía ocupa uno de los papeles relevantes que mejor condicionan a la sociedad en la que vivimos. Existe un nuevo concepto de cultura, la cultura-mundo, que dista mucho del tradicional enfoque que otrora puso en marcha la Ilustración con la asociación de este término a los conocimientos humanísticos. La cultura-mundo actual significa el fin de la heterogeneidad tradicional de la esfera cultural y la llegada de la universalización de la cultura comercial, conquistando las esferas de la vida social, los estilos de vida y casi todas las esferas de las actividades humanas. En esta nueva cultura encontramos nuevos problemas con repercusiones globales tales como la ecología, la inmigración, la crisis económica, el terrorismo,… pero al mismo tiempo también tenemos crisis existenciales; de este modo Lipovetsky argumenta que el mundo se ha vuelto cultura y que a su vez, la cultura se ha vuelto mundo. http://elmitodeproteo.blogspot.com/2011/10/la-hipermodernidad-segun-gilles.html

El Imperio de lo Efímero (Alberto Sauret)
Entiende Lipovetsky que “el estado de gracia del mercado’, transido por un estilo de vida lúdico-estético-hedonista-psicologista-mediático’, constituye la superación de la moda contestataria, donde sobrevivían los últimos vestigios de la utopía revolucionaria. Ya no Revolución, sino entusiasmo de los sentidos. Ya no solemnidad ideológica, sino comunicación publicitaria. Ya no rigorismo, sino seducción del consumo y del psicologismo. ”¿Queda algo que, al menos parcialmente, no sea regido por la moda?”, se pregunta nuestro autor dándose lugar para desarrollar un exhaustivo análisis de ciertos procesos actuales, en buena medida extensivo del trabajo crítico de otros, de quienes se apartará diametralmente Por ejemplo, recuerda a Michel Foucault cuando trata a la moda como un dispositivo social; pero influencia más notoria es la de Jean Baudrillard, que ha visto en la forma moda y el proceso de consumo no un epifenómeno y mera manipulación de conciencias respectivamente, sino la lógica vertebradora de la sociedad moderna. Su extraño distanciamiento se hará patente cuando sostenga que la crítica a la economía política incurre en un anacronismo al denunciar la relegación del valor de uso que tiene lugar con el fetichismo del objeto-signo. Según Lipovetsky, los errores en el tema se remontan al siglo pasado, cuando les primeros planteamientos sistemáticos tratan a la moda en forma transhistórica, como una variación cíclica de la imitación social entre dos momentos de tradición, sin reconocerla como creación exclusiva de Occidente moderno. Esta idea, justificable mientras muchos aspectos de la vida social permanecían bajo la autoridad de la tradición, resulta insostenible “en un tiempo en que la economía, la cultura, la razón y la existencia cotidiana se hallan regulados por lo efímero y la seducción”. La debilidad del análisis clásico radicaría en que no ha sido capaz de ver en la inconstancia de la moda más que determinismo social exterior y no su aspecto principal de “exaltación moderna de lo Nuevo”, característica de una sociedad que se libera de los prestigios del pasado. Luego de un primer período, que se extendería desde finales de la Edad Media hasta bien entrado nuestro siglo, donde la connotación de la moda es primordialmente distintiva de clase, nos hallamos en una segunda fase, cuyo ideal supremo es parecer joven, “estar en la onda”, en la que ha declinado también toda valoración expresa del futuro: el eje de la temporalidad social es el presente. “Vivimos inmensos en programas breves, en el perpetuo cambio de las normas y en el estímulo de vivir al instante.” Con la actual fiebre de novedades, la movilidad frívola se ha elegido en sistema permanente, y la moda, antes periférica ahora ejerce una función hegemónica en nuestras sociedades, en las que “el comportamiento del elector está en trance de afincarse con el del consumidor”. La moda abierta de esta segunda etapa está dominada por el look –exquisito artificio por el que lo rebuscado debe parecer espontáneo– que nos habilita pura disfrutar sin inhibiciones el éxtasis de exhibir el espectáculo de nuestra renovada imagen a la carta para la admiración del otro. La sociedad frívola, sostiene Lipovetsky, no escapa al orden democrático, sino que lo consuma, pues cree ver en la frivolidad (el) último eslabón de la aventura plurisecular capitalista-democrática-individualista”, mediante el cual “el nuevo sistema de la moda se halla en perfecta concordancia con la open society. Este dominio de la moda total es culminación de un extenso “proceso de desacralización y de insustancialización de la razón” donde al final, instituciones burocráticas especializadas no sólo definen las necesidades y objetos económicos, sino que asimismo arbitran el “marketing político” y con los media engendra, su adecuado agente social el individuo-moda, con mentalidad chewing-gum, cultor de un “individualismo narcisista ansioso pero tolerante, de moralidad abierta y superego débil o fluctuante”. Entiende Lipovetsky que “el estado de gracia del mercado’, transido por un estilo de vida lúdico-estético-hedonista-psicologista-mediático’, constituye la superación de la moda contestataria, donde sobrevivían los últimos vestigios de la utopía revolucionaria. Ya no Revolución, sino entusiasmo de los sentidos. Ya no solemnidad ideológica, sino comunicación publicitaria. Ya no rigorismo, sino seducción del consumo y del psicologismo.” Además, pretende que la escuela de la bulimia consumista y su secuela de abulia política equívocamente muestran en crisis al homo democraticus, pues los devaneos de la moda en realidad perfeccionarían las democracias. “La moda tiene razones que la razón no conoce” y “es la condición de un movimiento de masa hacia las Luces”. Pero más desconcertante aún resulta cuando, buscando un principio de autoridad se atreva a sostener que, si bien en De la démocratie en Amérique no se encuentra precisamente formulada una teoría de la moda, la fidelidad al espíritu de Tocqueville permite concluir que “por medio de las epidemias miméticas, se camina hacia una mayor individualización de los pensamientos” y que, por tanto, con la moda plena se “diseña el estadio terminal del estado social democrático”.
Hace unos años Gilles Lipovetsky publicó su primer libro, La era del vacío, Un gran ensayo, vigoroso, incisivo y, en tanto que generador de inquietud, provocativo, incitador a la meditación. Pero hoy, junto a éste, le reconocemos por sobre todas la virtud capital de la prudencia de mostrar sin aventurar demostrar deslizando con la ironía de lo expuesto la sugerencia de que quizá haya más verdad en la frescura de ciertas manifestaciones más o menos espontáneas que en el amaneramiento insustancial de ciertas estigmatizaciones prêt-à-penser. A aquél lo hallamos un trabajo útil, a éste fútil, encuadernación de lo que trata, el imperio dé, lo efímero, pero no tanto en el sentido de lo fugaz como de lo vano; es mucho más que temeraria, una obra irresponsable.
“Dios los cría y el viento los amontona”; este hermano de leche de los yuppies, es también emanación del esprit du temps que sopla en la ciudad luz, que a los 100 años de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano erigiera la torre que la simboliza, y que hoy, al celebrar su bicentenario, junto a este tipo de cantores con matraca que exaltan el consumo desenfrenado como máxima vindicación de aquélla, ve levantarse los luminosos arcos triunfales de McDonalds, y pronto ofrecerá la mamandurria de su propia Disneylandia al módico alcance de un boleto de Metro. “Sólo los idiotas no cambian de opinión”, dice este hombre que en los swinging sixties adhería a “Socialisme ou barbarie“. Parece de los que entonces demandaban “queremos el mundo y lo queremos ya” y que hoy deberían agregar, “pero no para transformarlo, sino para tragárnoslo”. (En honor a los mejores digamos que también sobreviven algunos que “hace más de veinte años que tienen veinte años” porque prefieren “crecer a sentar cabeza”.) Este libro, entre otros valores, es buena muestra de lo ocurrido con muchos de lo que se vivieron turbados; revolucionarios modernos, hoy devenidos “posmodernos” más turbados aún por el mismo proceso que criticaban, que los ha reciclado en la deplorable versión de propagandistas ilustrados.” [1]
ALBERTO SAURET
Departamento Académico de Estudios Generales, ITAM.

COPLAS


Coplas de Juan Salvo
Por Juan Sasturain

“La mirada de un hombre que había
visto tanto que había llegado a
comprenderlo todo.”
Oesterheld


Si en el tiempo no hay caminos
¿por dónde camino yo?
Nunca es tarde, siempre es pronto
¿cuándo podré llegar hoy?
En un hueco de mañana
pisé la sombra de ayer.
Acaso cuando me vaya
habré llegado a volver.
Si me quedo, el tiempo viene;
si me muevo, se me va.
Camino para alcanzarlo
y me alcanza desde atrás.
Como todo lo he perdido
nada tengo alrededor.
Si me busco no me encuentro
soy mi propio perdedor.
El que gana tiempo pierde
la pasada eternidad.
El que pierde tiempo gana
la memoria del pasar.
Yo que todo lo he perdido
me he perdido a mí también.
Todo el tiempo he recorrido
del derecho y del revés.
Sangro tiempo por la herida
lenta de la soledad.
Ando solo por el tiempo
que lastima sin tocar.
La arena cuenta las olas
el mar no sabe contar.
El tiempo que suma y sigue
está aprendiendo a restar.

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


el % se escribe separado de la cifra a la que acompaña

Cuando se escribe una cifra seguida de un símbolo, como el del porcentaje (%), ha de dejarse un espacio de separación entre ambos.

Sin embargo, es muy frecuente encontrar en la prensa ejemplos como «La tasa general de IVA sube al 21% y la tasa reducida al 10%», «Algunos establecimientos ya han lanzado descuentos del 21%» donde lo más adecuado, según la Ortografía de las Academias de las Lengua y el Sistema Internacional de Magnitudes de la ISO, habría sido dejar un espacio de separación entre la cifra y el porcentaje.

Se recuerda además que esta norma se aplica también a otros símbolos, como los de las unidades monetarias (el dólar, $, o el euro, €; por ejemplo) o los de las unidades físicas y matemáticas (como el grado Celsius, °C).

Así, en los ejemplos anteriores hubiera sido preferible escribir «La tasa general de IVA sube al 21 % y la tasa reducida al 10 %» y «Algunos establecimientos ya han lanzado descuentos del 21 %».

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