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sexta-feira, 18 de outubro de 2013
LA LENGUA VIVA
Las cosas no son lo que parecen
Amando de Miguel
La clave del progreso científico está en la consideración de que, bajo ciertas condiciones, las cosas no son lo que parecen. Esa proposición general se puede aplicar también a las observaciones sobre el habla. Más que nada porque las palabras pueden servir para comunicarse, pero también para entorpecer la comunicación.
Por lo menos algunas palabras parecen que se vistan con disfraces despistantes. A. Rodríguez se maravilla de que la cajita transparente que cubre la hostia consagrada para protegerla se llame viril. Absténganse los que ven machismo por todas partes. Ese sustantivo, viril, nada tiene que ver con lo varonil, lo masculino. Procede de beril o berilo, una especie de esmeralda con la que se adereza esa joya litúrgica.
El puntilloso e instruido Gabriel Ter-Sakarian Arambarri protesta por la expresión "el crimen de Asunta", como si la pobre chica hubiera asesinado a alguien. Hombre, las expresiones hechas hay que tomarlas con un criterio generoso. El famoso "crimen del correo de Andalucía" no quiere decir que el correo fuera criminal. El “crimen de Asunta” es el que se refiere al truculento asesinato de la chinita. A propósito, no entiendo por qué la madre se ve acusada de homicidio o asesinato y no de parricidio (= matara a un pariente próximo).
Lorenzo Martínez (que se dice votante del PP) razona que la subida de las pensiones en un 0,25% no da ni para dos cafés. Por tanto, estaríamos más cerca de la congelación que de otra cosa. Añado que, en realidad, si se tiene en cuenta la subida de los gastos de farmacia o los impuestos, el alza del coste de la vida es más del 0,25% anual. Por tanto, la famosa subida de las pensiones es una bajada.
Tengo que dar cuenta de la gran decepción nacional de estos días: resulta que los españoles adultos dan los valores mínimos de capacidad de lectura en una lista de países desarrollados. No me extraña el resultado, pero resulta que la capacidad de lectura la miden a través del recibo de la luz (= electricidad) y de los prospectos de los medicamentos. No creo que sean buenos indicadores. Quizá sea una justificación, pues confieso desolado que a mí me cuesta mucho entender el recibo de la luz o del agua y no pocos prospectos de medicamentos. Es más, hay veces en que se me hace ardua la intelección de algunas declaraciones de los padres de la patria. Aunque sospecho que, en ocasiones, esos textos están hechos para que no se entiendan.
Un comunicante anónimo (Secreboiras) me pregunta si yo califico al régimen de Franco como totalitario, que es como lo define la RAE, según dice Luis María Anson. He escrito libros enteros sobre el particular siguiendo la senda de las investigaciones ya clásicas de mi maestro Juan J. Linz. (Ignoro cuántos libros o artículos habrá escrito sobre el asunto el señor o la señora Secreboiras). En sus comienzos (que se arrastraron dos decenios) el franquismo quiso ser totalitario, más bien por mimetismo. Lo fue en algunas de sus formas, rituales y sobre todo en la "plástica", que dijera Dionisio Ridruejo. Pero a partir de 1959 el franquismo (palabra que nunca aceptó Franco) fue más bien el arquetipo del régimen autoritario. La prueba es que Anson, activista de la oposición monárquica, nunca estuvo en la cárcel. Ni siquiera lo estuvieron Felipe González o Alfonso Guerra. Yo sí pasé por la trena (de forma efímera y benévola) por un minúsculo delito de opinión. No voy a ser más pesado. Léanse las páginas de Juan J. Linz sobre el régimen autoritario, que acaban de publicarse en castellano por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Son siete tomazos del ala.
José María Navia-Osorio se apunta a la idea de la doble nacionalidad que piden los separatistas catalanes, pero aplicada a las 17 comunidades autónomas. Eso traería considerables ventajas. Por ejemplo, dice el asturiano, habría 289 embajadas entre unas regiones y otras, amén de los respectivos consulados. Eso haría que muchos políticos y profesionales tuvieran la oportunidad de ser embajadores y cónsules. Don José María se pide la embajada de Asturias en Murcia, aunque sospecha que Cartagena aspiraría entonces a ser independiente.
EEUU también es Hispanoamérica
por DANIEL MARÍN Y LORENZO ESTEVE en La Gaceta - España
¿Sabía usted que la bandera confederada sigue el esquema de la cruz de San Andrés, que el dólar es de origen español y que los primeros dieciseis caballos de Norteamerica los llevó Hernán Cortes?
La hispanidad no sólo guarda relación con los países actualmente conocidos como iberoamericanos, su poder también llegó a extensas zonas de Norteamérica, y hoy algunas ciudades, escudos, banderas y hasta la propia moneda de allí son un reflejo vivo de esta importante influencia.
España no ha sido solamente la primera en descubrir el Nuevo Mundo, el más allá del cabo Finisterre, del “fin de la tierra”, sino también la primera en pisar norteamérica. Antes de que ningún europeo, -futuro estadounidense-, tocara aquellos terrenos, los españoles ya paseaban sus banderas por ellos.
El primer hombre en navegar el famoso río Colorado yanqui, era español y se llamaba Fernando de Alarcón. Y el primero en surcar el Mississippi tenía la misma procedencia ibérica, respondiendo al nombre de Hernando de Soto, natural con toda probabilidad de Jerez de los Caballeros, Castilla.
Asimismo, él y sus 400 hombres aguerridos hicieron primicia explorando las zonas de Tejas, Oklahoma y Arkansas, y navegando los puertos naturales de las actuales Nueva York y Virginia. Otro más, Alejandro Malaspina, fue el primero en rastrear la costa de California, y uno adicional, Vázquez de Coronado, el que atravesó el Cañón del Colorado alcanzado la hoy conocida como Kansas City.
Antes de que los ingleses comenzaran sus masacres con los indios, persiguiéndolos, esclavizándolos y hacinándolos en reservas como si fueran animales, los españoles ya pactábamos con sus tribus, como las de los sioux, navajos, cheyennes, arapahoes, e incluso como la de los comanches, de dónde viene la famosa frase que ha pasado de generación en generación por la cultura popular de “territorio comanche”.
La ciudad más antigua
Obviamente, estos importantes hitos no podían pasar desapercibidos en unas tierras que prácticamente fueron españolas en más de la mitad de su totalidad hasta bien entrado el siglo XIX. Hoy Estados como el de Arizona, el de Florida, el de Luisiana, el de California, el de Nuevo Méjico y el de Tejas pertenecían al por aquel entonces virreinato de la Nueva España. De hecho, Florida, que es la ciudad más antigua de los Estados Unidos de América, conserva aún una antigua fortaleza española sobre la que todavía hondea el estandarte hispano.
La huella es evidente; las ciudades de Los Ángeles, de San Francisco y de San Agustín, entre otras, tienen origen ibérico, esto es, hispano y católico, ambos inseparables. Y se puede decir lo mismo de islas como la de San Juan. Nombres, todos ellos, que cabrían esperarse de los españoles que partieron rumbo hacia nuevos horizontes terrestres a bordo de una nave como la Santa María, y no de los modernos estadounidenses que hicieron lo mismo hacia lugares extraterrestres con un cohete al que apodaron Apollo, divinidad de la mitología greco-romana.
Hoy en día Madrid no es sólo la capital de aquel magno Imperio, sino una ciudad de Estados como el de Alabama , el de Colorado, el de Iowa, el de Virginia o el de Nebraska; y Washington ataño no era el centro político de Estados Unidos, sino un territorio perteneciente a la corona española.
La presencia de los antiguos dueños e inquilinos también subsiste en algunas banderas y escudos. Así, por ejemplo, la Confederada diseñada por el congresista William Parcher Miles y la del Estado de Alabama, lugar de procedencia del famoso personaje cinematográfico Forest Gump, guardan la simbología de la Cruz de San Andrés, emblema de la antigua bandera española que hoy siguen usando los carlistas. Y respecto a los escudos, tanto el de Alabama como el de Los Ángeles incluyen en uno de sus cuarteles el castillo y el león de los antiguos reinos peninsulares.
Otro escudo que asimismo preserva la señal de su origen es el de Tejas. En él, se incluyen las seis banderas de las seis naciones que han ejercido la soberanía sobre su territorio; entre las que está, como no podría ser de otra manera, la rojigualda española. Igualmente, en el capitolio de Tejas luce egregio el emblema de Castilla recordando, por otro lado, que aquellas zonas pertenecieron hasta fechas muy recientes al propio México.
Esa España de los grandes hombres que llegaron hasta el fin del mundo dejó también su impronta en la moneda que hoy usan cotidianamente los estadounidenses y es la divisa más demandada en los intercambios económicos internacionales: el dólar.
En efecto, el símbolo de este dinero adoptado por el Rey Fernando el Católico para la Nueva España no es otra cosa que las dos columnas de Hércules en las que se entrelaza una cinta donde se incluía la famosa frase “non plus ultra”, que se modificó por “plus ultra”, es decir, “más allá”.
La antigua mitología griega decía que Hércules limitó el mundo de Zeus en dos pilares, esto es, en dos extremos, uno de los cuales era Gibraltar. Así, en aquel entonces se pensaba que tras el peñón no había nada; hasta que Colón demostró que sí, que “más allá” estaba América aguardando ser descubierta por él bajo el amparo de España.
El tálero de Carlos V
Por otro lado, el mismo nombre de “dólar” tiene relación con el Sacro Imperio Romano del que fue Rey Carlos V.
En el siglo XVI el conde Schlick ordenó acuñar en la ciudad de Joachimsthal (valle de Joaquín) unas monedas a las que denominó “Joachims Thaler”, abreviándose “Thaller”, y que con el uso pasó a “Tholler” hasta llegar a “Dollar”. De hecho, el dólar español fue adoptado en 1785 como moneda oficial de los Estados Unidos a cuyas colonias España ayudó a independizarse de Inglaterra, y en 1787 se creó el dólar estadounidense fijado en paridad con el duro español con valor de 8 reales también españoles y cuya simbología tomó y que hoy se representa como una “S” atravesada por dos erguidos palos: $.
Pero existe otro tipo de huella de España en los actuales Estados Unidos: la cultural y humana. El sur y el oeste de aquella nación está indeleblemente marcado por esas constantes, a través de México, sobre todo después de que, con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, Norteamérica se quedó con inmensas extensiones que ahora son los estados de Texas, Arizona, California, Nuevo México y Colorado.
Ahí dejó España una marcada huella que ha fructificado tres siglos después en grandes metrópolis como San Francisco o Los Angeles. Franciscanos y jesuitas fueron creando en los siglos XVII y XVIII , las misiones y los presidios, unas veces en forma de ranchos desperdigados y otras de pequeños pueblos, que en muchos casos constituyeron el germen de grandes ciudades como San Francisco.
No fue fácil someter a las tribus indias, sobre todo a las nómadas, (comanches, navajos y apaches)... les fue mejor con las tribus sedentarias que se dedicaban a la agricultura.
Esclavos, no meras mercancias
Como explicaba Ramiro de Maeztu en su obra más emblemática Defensa de la Hispanidad, la religión marcó la impronta de la forma de colonizar España. A diferencia de Inglaterra o de Francia, la Corona española fue mucho más respetuosa con los derechos humanos, tanto con la población indigena, a la que integraron, como a los esclavos.
Esta cuestión supuso uno de los grandes motivos de fricción con Gran Bretaña, ya que los principios católicos españoles hacían que trataran a éstos de una forma más humanitaria, considerándolos “no como meras mercancías, sino sujetos de derechos como la religión, la propiedad y la familia”.
Pero la cultura del sudoeste americano es, en general, hija directa de España. Religión, folclore, costumbres, e incluso elementos materiales (como la cría del ganado, que los famosos cowboys de los western heredan de los vaqueros españoles; o como la arquitectura colonial) proceden de los primeros pobladores, castellanos, andaluces, vascos de aquellas grandes extensiones. Aunque en el siglo XIX, tras ceder todo eso México, el Oeste se pobló primero de elementos anglosajones y posteriormente de inmigrantes europeos (fundamentalmentes irlandeses y nórdicos).
Los Estados Unidos actuales serían, en cualquier caso, irreconocibles tal como hoy las conocemos sin el legado español, desde el dólar hasta algo tan representativo de su cultura y su paisaje como el caballo: los primeros que llegaron al Continente fueron dieciseis equinos andaluces llevados en una de las expediciones de Hernán Cortes.
La travesía del lenguaje
MILTON HATOUM 28 SEP 2002
Clarice Lispector es una de las más importantes escritoras brasileñas del siglo XX. Una autora cuyo prestigio aumenta y que dividió las aguas de la literatura de su país cuando publicó su primera novela a los 23 años. Nacida en Ucrania en 1920, pero en Brasil desde los dos meses, Lispector buscó en todos los géneros literarios el sentido de la vida hasta alcanzar un estilo de gran ritmo y cadencia. En España se editan en un solo tomo, por primera vez, sus cuentos.
En 1920, a los dos meses de edad, Clarice Lispector hizo su primera gran travesía de la lejana Rusia al noreste de Brasil. Hija de inmigrantes judíos ucranianos, Clarice creció bajo el calor de Recife (Pernambuco), donde vivió diez años; perdió a su madre en 1930 y, diez años después, se mudó con su padre y sus dos hermanas a Río de Janeiro. A partir de 1944, cuando se casó con un diplomático, vivió en Belém (Pará), en Estados Unidos y en varios países de Europa; durante su larga permanencia en el exterior, con temporadas en Brasil, escribió y publicó dos novelas (O lustre y A cidade sitiada) y un libro de cuentos. En 1959, cuando volvió definitivamente a Río, ya era considerada una de las más notables escritoras brasileñas.
Ninguna escritora brasileña fue tan lejos en dirección al abismo de la interioridad
Recife, la ciudad de la infancia y la juventud, fue la fuente de los primeros escritos, de varios cuentos de Felicidad clandestina (1971; traducción de Marcelo Cohen, 1997) y de crónicas publicadas en el Jornal do Brasil. El drama desgarrador del inmigrante del noreste aparece también en la figura de Macabea, una pobre muchacha de Maceió (Alagoas), cuyo destino trágico en Río de Janeiro es uno de los temas de La hora de la estrella, publicado en 1977 (traducción de Ana Poljak, 2000), cuando la escritora murió, a los 56 años.
Clarice debutó en 1943 con la novela Cerca del corazón salvaje (traducción de Basilio Losada, 2002), título que extrajo del Retrato del artista adolescente, de Joyce. En aquella época, la literatura brasileña ya contaba con una tradición, de Machado de Assis al arte de vanguardia del movimiento modernista de 1922. En la década siguiente, reforzaron esa tradición por lo menos dos libros: O quinze (1930), de Rachel de Queiroz, y São Bernardo (1934), de Graciliano Ramos. Pero cuando Clarice Lispector y Guimarães Rosa aparecieron en la década de 1940, la prosa brasileña dio un giro. Ya en 1943, António Cándido, un gran crítico brasileño, advirtió inmediatamente la novedad y la osadía del libro de la joven autora. Línea divisoria de las aguas en la literatura brasileña, Cerca del corazón salvaje fue considerado por Cándido 'un intento impresionante de llevar la lengua a dominios poco explorados, forzándola a adaptarse a un pensamiento lleno de misterio, para el cual sentimos que la ficción no es un ejercicio o aventura afectiva, sino un instrumento real del espíritu, capaz de hacernos penetrar en algunos laberintos retorcidos de la mente'.
Ese comentario se ajusta prácticamente a toda la obra de Clarice, marcada por la búsqueda del sentido de la vida, en la que el hecho más prosaico puede desencadenar un sentimiento patético, vertiginoso, atravesado por imágenes candentes e ideas abstractas.
Casi todo lo que ella escribió parece sondear el corazón salvaje de la vida, reino de ambigüedades latentes, de transgresiones insospechadas, como la cucaracha muerta que la protagonista transforma en hostia consagrada en la novela La pasión según G. H. (traducción de Alberto Villalba, 2000). Búsqueda también de un lenguaje, no menos dramático que la vida, en la tensión e intensidad con la que los narradores se sumergen en el pozo oscuro de la pasión y el deseo, del amor y el destino del ser, inseparables de la muerte. Los dramas de los narradores y personajes de Clarice son también dramas de un lenguaje que expresa, con el ritmo y la cadencia de un estilo muy personal, el lado agónico o extático de los seres que evoca; dramas casi sin trama, porque a Clarice le interesa menos el enredo y el tiempo cronológico que la forma discontinua y fragmentada de expresar una experiencia interior, un trance visionario o, incluso, un pensamiento o concepto.
Es probable que el flujo de conciencia y la fina ironía deban algo a la obra de Joyce y de Virginia Woolf; pero ninguna escritora brasileña fue tan lejos y de una manera tan radical en dirección al abismo de la interioridad. Benedito Nunes, el más notable crítico de Clarice Lispector, ha señalado que 'el ímpetu transgresor de los personajes femeninos de algunas novelas -Cerca del corazón salvaje, O lustre (1943), A cidade sitiada (1949), A maçã no escuro (1961) y ciertos cuentos de Lazos de familia (1960; traducción de Cristina Peri Rossi, 1988)- tal vez sea la marca invertida de la sumisión femenina'. Por otro lado, 'el despojamiento personal de G. H. neutraliza la diferencia entre lo masculino y lo femenino, absorbida en una condición humana general en contraste con la animalidad y la vida orgánica. La novela póstuma Un soplo de vida (1978; traducción de Mario Merlino, 1999), narrada por dos personajes -un hombre y una mujer-, persigue el mismo pathos de la muerte y la locura que recuerda a los personajes de G. H. y de Água viva (1973)'.
La mujer que en 1975 participó en un congreso de brujería en Colombia era esquiva, tierna, bellísima, de una belleza extraña, con su rostro anguloso, los ojos un poco rasgados, vivos y perplejos, que parecían mirar hacia fuera, hacia el cielo y el infierno, pero sobre todo hacia dentro.
El lenguaje fue, de hecho, su travesía mayor y la más arriesgada: la pasión por el lenguaje, la tendencia tenaz, incesante y obsesiva a decir lo inefable, lo que nos toca más a fondo y fugazmente: el sentido mismo de nuestra existencia. 'El lenguaje es mi esfuerzo humano. Por destino tengo que ir a buscar y por destino vuelvo con las manos vacías. Pero vuelvo con lo indecible' (La pasión según G. H.).
'La verdad es siempre un contacto interior inexplicable. La verdad es irreconocible. ¿Por lo tanto no existe? No, para los hombres no existe'. Clarice Lispector La hora de la estrella (1977) Milton Hatoum es escritor brasileño, autor de las novelas Relato de un cierto Oriente (Akal) y Dois irmãos. Traducción de Mario Merlino.
En el principio fue la palabra
Se edita en facsímil el ‘Diccionario de autoridades’, la obra que justificó en 1713 la creación de la RAE para combatir la “oscuridad” de la lengua española
300 años escribiendo con buena letra
TEREIXA CONSTENLA en El País - Madrid
José Manuel Blecua, director de la RAE, señala el dibujo de Palomino incluido en la primera edición del 'Diccionario de autoridades'. / ULY MARTÍN
Un diccionario también es un libro de historia. Detengámonos en Dios. Tal vez signifique lo mismo para un creyente de hoy que para uno del siglo XVIII pero, desde luego, ha cambiado un trecho para los académicos. Los actuales le definen como “ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo”. Hace tres siglos, la religión era otra cosa. Su protagonismo impregnaba la sociedad y permeaba hasta la lexicografía. Dios se definía como “nombre sagrado del primer y supremo ente necesario, eterno e infinito, cuyo ser como no se puede comprender no se puede definir…”. Para realzar la excepcionalidad, se recurría a la extensión (seis páginas) y a la tipografía. La palabra se resalta en un cuerpo mayor que las restantes 37.000 voces del Diccionario de autoridades, la primera obra editada por la Real Academia Española (RAE) en 1726 y la razón de su fundación, como los propios fundadores aclaraban en el prólogo: “Hallándose el orbe literario enriquecido con el copioso número de Diccionarios, que en los idiomas, o lenguas extranjeras se han publicado de un siglo a esta parte, la lengua española siendo tan rica y poderosa de palabras y locuciones, quedaba en la mayor oscuridad, pobreza e ignorancia”.
El diccionario, que consta de seis tomos, acaba de ser editado en facsímil con motivo del tricentenario de la institución en una doble colección —una edición numerada en polipiel, tapa dura y estampación con oro viejo que cuesta 1.188 euros y una versión popular a 22,90 cada volumen—. En la presentación de la obra, José Manuel Blecua, director de la RAE, explicó que la tirada original constó de 1.600 ejemplares. “En 1780 no se había terminado de vender. Era un Diccionario caro e inmanejable”, recordó. “Probablemente no estaría en todas las bibliotecas universitarias, pero había un circuito de representantes de la Iglesia y hombres ilustrados, que ayudarían a difundirlo”, añadió Darío Villanueva, secretario de la Academia.
Es también un canon de obras literarias e históricas", dice Blecua
Blecua, que dedicó su discurso de ingreso al Diccionario de autoridades —al igual que otro director de la casa: Fernando Lázaro Carreter—, destacó que ya en 1713, año en el que se constituye formalmente la academia por iniciativa del marqués de Villena y siete compañeros de tertulia, se elabora un acta con la lista de autores de los que se extraerán ejemplos para apoyar las definiciones. “El diccionario es también un canon de obras literarias e históricas”, indicó.
Los académicos fundadores seleccionaron escritores “de prosa” y “de verso” (de ahí el nombre de autoridades) desde el año 1.200 sobre los que sustentar su selección de palabras. Alfonso X, Don Juan Manuel, Santa Teresa de Jesús, Cervantes, Inca Garcilaso, Quevedo, Lope de Vega, Góngora o Calderón de la Barca son algunos de los incorporados, aunque la relación se completa con textos jurídicos y administrativos.
Teniendo en cuenta la falta de medios, se podría decir que los académicos fueron diligentes. Desde que arrancaron sus trabajos en 1713 (ellos mismos confían en el prólogo que “el principal fin que tuvo la Real Academia Española, para su formación, fue hacer un Diccionario copioso y exacto, en que se viese la grandeza y poder de la lengua, la hermosura y fecundidad de sus voces, y que ninguna otra la excede en elegancia, frases y pureza”) solo tardaron 13 años en publicar el primer tomo. En 1739 se imprimió el sexto volumen, que daba por finalizados los trabajos que situaba al español a la altura de otras lenguas.
Desde entonces apenas se reeditó. En 1770 comenzó una segunda edición pero se frustró tras un primer tomo. Más recientemente, en los noventa del siglo XX, se publican tres volúmenes, pero han tenido que pasar tres siglos para contar con una edición completa —la primera en facsímil, publicada por JdeJ editores— del Diccionario de autoridades. De él cuelga el actual, aunque para aligerar su uso se suprimieron las autoridades.
PALABRAS
Las palabras más autóctonas de México, Panamá y Uruguay
Por:Winston Manrique Sabogal
Palabras-ilustracion-fernandovicente
¿Cuál es el mexicanismo más Mexicano?, ¿Cuál es el panameñismo más Panameño?, ¿Cuál es el uruguayismo más uruguayo?
Con estos tres países empezamos la creación del Atlas sonoro de las palabras más autóctonas del español. Lo hacemos en el contexto del VI Congreso Internacional de la Lengua que se celebrará en Panamá, del 20 al 23 de octubre. Tres escritores de los países citados han elegido una palabra con la que dan el pie para que ustedes propongan el vocablo que consideren más auténtico o que refleje o represente mejor al respectivo país. Es una manera de recordar la gran diversidad de una lengua hablada por cerca de 500 millones de personas y que puede ser entendida por sus hablantes en un 80%. Un idioma policéntrico, polifónico y en expansión. Forma parte de nuestra cobertura especial de la cita más importante del español.
Cada día, desde hoy y hasta el jueves próximo, propondremos tres países en los que sus respectivos escritores sugieren un vocablo por cada país y ustedes lanzan con sus comentarios otras palabras. Esta iniciativa de pluralidad y diversidad del castellano coincide con la presentación en Panamá de la edición digital del Diccionario de Americanismos, publicado por la RAE y la Asociación de las 22 Academias de la Lengua, a cargo del académico Humberto López. Un gran libro de consulta gratuita en la Red que contiene más de 70.000 entradas y unas 120.000 acepciones sinónimos y variantes de muchoas de las voces, etimología o procedencia de las palabras en la mayoría de casos.
Ahora sí, las palabras propuestas hoy por escritores de México, Panamá y Uruguay:
México: PINCHE
Por José Emilio Pacheco
En México, “pinche” canceló su acepción normal para adquirir, no se sabe cuándo, las características de un epíteto derogatorio que sorprende por su omnipresencia y durabilidad.
El más amplio catálogo de acepciones lo consigna el excelente Diccionario del español usual en México de Luis Fernando Lara en su segunda edición de 2009. Lara advierte que se trata de una grosería: "Pinche” 1. Que es despreciable o muy mezquino. 2. Que es de baja calidad, de bajo costo o muy pobre.
“Pinche” puede ser un empleado, el hábito de fumar, la suerte, un policía, una camisa, un perro, una casa, una persona, el mundo entero, una comida, un regalo, un sueldo o bien lo que a usted se le ocurra. Se trata, pues, de un epíteto que degrada todo lo que toca. Normaliza y vuelve aceptable una furia sin límites contra algo que nos ofende y humilla pero no podemos cambiar.
Admite grados y amplificaciones: “Esa novela me pareció un poco pinche”. “El racismo es una actitud pinchísima”. A veces puede ser un sustantivo inapelable: “No te lleves con él: es un tipo de lo más pinche.” Puede adquirir el rango de injuria máxima: “No me vuelvas a hablar, hijo de tu pinche madre.”
No sé cuándo empezó a emplearse y nunca he leído nada sobre su origen. Ya que “pinche” en español común es “el ayudante de cocina”, sin ninguna pretensión ni autoridad, se me ocurre que el término se originó en tiempos de la hacienda y el latifundio. Nació entre los peones obligados a trabajar la tierra para beneficio de los amos y que veían con explicable resentimiento a quienes laboraban en ocupaciones serviles dentro de la casa grande.
Si el uso está restringido a México, resulta algo anecdótico e insignificante frente al hecho de que, a diferencia de tantos otros idiomas, quinientos millones de personas podamos entendernos en nuestra lengua materna. Es una “pinche” desgracia que muy pocas veces tengamos conciencia de este prodigio.
Panamá: SINVERGÜENZURA
Por Carlos Wynter melo
Sinvergüenzura es el sustantivo de la infinitud y, en consecuencia, de la libertad absoluta. Una sinvergüenzura es comerse el mundo de un bocado. Es un escape –a veces son francamente inmorales las reglas morales- o el motivo de que exclames de repente, porque te nació de las vísceras: ¡Qué sinvergüenzura!, para quejarte o decir, oye, es asombroso que los humanoides seamos inmensos.
Uruguay: CELESTE
Por Claudia Amengual
Algún distraído diría que el término celeste proviene de la camiseta de la selección de fútbol, pero lo cierto es que esta lo toma de nuestra bandera nacional. De ahí derivan expresiones populares como la celeste o soy celeste que han enriquecido el significado de este color y lo han transformado en una marca de la identidad nacional uruguaya.
Ahora tú tienes la palabra. Dinos cuáles son para ti las palabras más autóctonas o que mejor representan o son más populares de México, Panamá y Uruguay.
LA LENGUA VIVA
Neologismos y confusiones
Amando de Miguel
Nada hay más confuso en el lenguaje que introducir palabras que no están en los diccionarios o que proceden bonitamente de otros idiomas. A veces es un atrevimiento y hasta una gracia del estilo, pero otras no es más que vanidad o apariencia. Las palabras raras pueden serlo para el común de los oyentes o lectores pero no para una minoría profesional, que las maneja con soltura. Vamos a ver algunas ilustraciones.
A propósito de la tribología (= la ciencia del rozamiento) y su aplicación a la vida humana, Gabriel Ter-Sakarian Arambarri me da una pista muy interesante. Por lo visto, al goce del rozamiento de la piel en una pareja las lesbianas lo llaman tribada, un galicismo. Por cierto, hora es ya de cambiar el nombre de lesbianas por safistas. No creo que en la isla de Lesbos todas las mujeres fueran homosexuales, fuera de la poetisa Safo y sus amigas.
Francisco Moreno Doncel vuelve a la carga con lo de la resiliencia y lógicamente resiliente, aplicado a la conducta humana. Viene a ser algo así como la capacidad para reponerse de las adversidades con la paciencia del santo Job. De acuerdo, don Francisco. Creo que debemos aceptar ese palabro tan útil ante tanto estrés como nos rodea. Podríamos seguir con resistencia o dureza, pero no son tan expresivas. Además, da placer el empleo de palabras nuevas y de difícil pronunciación, como resiliencia. Me han dicho que ya se anuncian cursos sobre la materia. Lo del coaching va quedando atrás.
Domingo de Fuenmayor ha registrado este cartel: "Musealización del yacimiento arqueológico de Cuenca". Hombre, se entiende, sobre todo porque últimamente se musealiza todo, pero todavía resulta un poco extravagante. Lo que no entiendo bien es esa otra moda de los "yacimientos de empleo".
En mi último libro (Hablando pronto y mal, Espasa) construyo un hipotético continuo entre palabras que suenan bien y palabras que suenan mal. En el primer polo teníamos, por ejemplo, "olla podrida", en su origen "olla poderida" o con mucho poder energético, pues el puchero contenía chorizo, jamón, tocino, etc. Es el compango del cocido o de la fabada. Eso está muy bien, pero últimamente oigo cada vez más la locución "olla podrida" con el sentido contrario: lo más despectivo posible. Sirve para resumir los vicios más nefandos. Habrá que ponerse de acuerdo. Si no se ha leído el Quijote, quizá no se caiga en lo palatable que resulta una buena olla podrida.
Hay una palabra que antes sonaba mal: contundente. Suponía algo así como violencia, algo rechazable. Ahora se ha situado en el polo opuesto. "Contundente" es lo mejor que se puede decir de un político.
Otro caso de confusión es la voz vergonzante. Su sentido original es el de calificar a la persona que siente vergüenza. Por ejemplo, un pobre de solemnidad, un pobre vergonzante, que ni siquiera se atreve a pedir limosna. Pero ahora ha entrado con fuerza otro sentido muy diferente: la persona, situación o conducta que causa vergüenza. Para eso últimos teníamos vergonzoso, pero ahora lo que priva es vergonzante para todo. Todas estas alteraciones simplifican el lenguaje, pero también lo oscurecen.
Tradicionalmente, lo "complicado" era lo contrario de lo simple. Pero ahora se impone otro sentido: es lo contrario de lo fácil. Oído en un telediario: "El diálogo entre Estados Unidos e Irán es muy simple, pero es muy complicado". Me quedé patidifuso. Luego lo pensé. Ha querido decir que ese diálogo, vistos los antecedentes, resulta muy difícil, aunque es bien sencillo, tanto como llamarse por teléfono.
Hay veces en las que la expresión parece muy clara, pero su comprensión se hace ardua. Por ejemplo, cuando la información sobre el tiempo (la que tiene más audiencia) nos dice que va a haber "lluvias dispersas". Es decir, que no nos pueden decir si va a llover o no en nuestro pueblo. Igual de impreciso es lo de "grandes claros". Tampoco nos dice mucho que se anuncien “nubes de evolución”. ¿Es que hay nubes que no evolucionan? Por cierto, los meteorólogos de la radio o la tele nunca piden perdón cuando se equivocan en sus predicciones. Bueno, tampoco los economistas o los sociólogos.
Amando de Miguel
Nada hay más confuso en el lenguaje que introducir palabras que no están en los diccionarios o que proceden bonitamente de otros idiomas. A veces es un atrevimiento y hasta una gracia del estilo, pero otras no es más que vanidad o apariencia. Las palabras raras pueden serlo para el común de los oyentes o lectores pero no para una minoría profesional, que las maneja con soltura. Vamos a ver algunas ilustraciones.
A propósito de la tribología (= la ciencia del rozamiento) y su aplicación a la vida humana, Gabriel Ter-Sakarian Arambarri me da una pista muy interesante. Por lo visto, al goce del rozamiento de la piel en una pareja las lesbianas lo llaman tribada, un galicismo. Por cierto, hora es ya de cambiar el nombre de lesbianas por safistas. No creo que en la isla de Lesbos todas las mujeres fueran homosexuales, fuera de la poetisa Safo y sus amigas.
Francisco Moreno Doncel vuelve a la carga con lo de la resiliencia y lógicamente resiliente, aplicado a la conducta humana. Viene a ser algo así como la capacidad para reponerse de las adversidades con la paciencia del santo Job. De acuerdo, don Francisco. Creo que debemos aceptar ese palabro tan útil ante tanto estrés como nos rodea. Podríamos seguir con resistencia o dureza, pero no son tan expresivas. Además, da placer el empleo de palabras nuevas y de difícil pronunciación, como resiliencia. Me han dicho que ya se anuncian cursos sobre la materia. Lo del coaching va quedando atrás.
Domingo de Fuenmayor ha registrado este cartel: "Musealización del yacimiento arqueológico de Cuenca". Hombre, se entiende, sobre todo porque últimamente se musealiza todo, pero todavía resulta un poco extravagante. Lo que no entiendo bien es esa otra moda de los "yacimientos de empleo".
En mi último libro (Hablando pronto y mal, Espasa) construyo un hipotético continuo entre palabras que suenan bien y palabras que suenan mal. En el primer polo teníamos, por ejemplo, "olla podrida", en su origen "olla poderida" o con mucho poder energético, pues el puchero contenía chorizo, jamón, tocino, etc. Es el compango del cocido o de la fabada. Eso está muy bien, pero últimamente oigo cada vez más la locución "olla podrida" con el sentido contrario: lo más despectivo posible. Sirve para resumir los vicios más nefandos. Habrá que ponerse de acuerdo. Si no se ha leído el Quijote, quizá no se caiga en lo palatable que resulta una buena olla podrida.
Hay una palabra que antes sonaba mal: contundente. Suponía algo así como violencia, algo rechazable. Ahora se ha situado en el polo opuesto. "Contundente" es lo mejor que se puede decir de un político.
Otro caso de confusión es la voz vergonzante. Su sentido original es el de calificar a la persona que siente vergüenza. Por ejemplo, un pobre de solemnidad, un pobre vergonzante, que ni siquiera se atreve a pedir limosna. Pero ahora ha entrado con fuerza otro sentido muy diferente: la persona, situación o conducta que causa vergüenza. Para eso últimos teníamos vergonzoso, pero ahora lo que priva es vergonzante para todo. Todas estas alteraciones simplifican el lenguaje, pero también lo oscurecen.
Tradicionalmente, lo "complicado" era lo contrario de lo simple. Pero ahora se impone otro sentido: es lo contrario de lo fácil. Oído en un telediario: "El diálogo entre Estados Unidos e Irán es muy simple, pero es muy complicado". Me quedé patidifuso. Luego lo pensé. Ha querido decir que ese diálogo, vistos los antecedentes, resulta muy difícil, aunque es bien sencillo, tanto como llamarse por teléfono.
Hay veces en las que la expresión parece muy clara, pero su comprensión se hace ardua. Por ejemplo, cuando la información sobre el tiempo (la que tiene más audiencia) nos dice que va a haber "lluvias dispersas". Es decir, que no nos pueden decir si va a llover o no en nuestro pueblo. Igual de impreciso es lo de "grandes claros". Tampoco nos dice mucho que se anuncien “nubes de evolución”. ¿Es que hay nubes que no evolucionan? Por cierto, los meteorólogos de la radio o la tele nunca piden perdón cuando se equivocan en sus predicciones. Bueno, tampoco los economistas o los sociólogos.
LA LENGUA VIVA
Errores y disparates
Amando de Miguel
Los errores irrelevantes o erratas son cada vez más comunes en la escritura. La razón es que cada vez son más los textos que publicamos, pero tecleados por nosotros, no por un profesional. En realidad, casi todos disponemos ya de una imprenta en nuestra casa o lugar de trabajo, y muchas veces en nuestro bolsillo. Así pues, seamos benevolentes con esas erratas, que son de imposible eliminación. Pero, por la misma razón de la abundancia de textos, hemos de ser muy estrictos con los errores debidos a la ignorancia. De lo contrario iremos al caos comunicativo. No es una cuestión de que las palabras o frases estén bien o mal, así o asao. La duda es permanente e incluso creciente porque hay muchas fórmulas que se pueden expresar de diversas maneras. Cuál sea la propia no es fácil de determinar. Para eso están los diccionarios y gramáticas, pero sobre todo hay que atender a lo que dicta el sentido común y la observación del uso por las personas cultas.
Ignacio Despujol propone que comente aquí algunas expresiones hechas que pueden resultar engañosas. Por ejemplo, "el punto álgido del verano", "un desastre humanitario", “en olor de multitud”, “el asesino ejecutó a su víctima” o “vivir a cuerpo de rey”. Abro turno para las opiniones sobre esas locuciones hechas, pero algunas de ellas tampoco están mal, en la medida en que se van consolidando. Álgido podría ser en su origen "lo más frío", pero empieza a ser casi lo contrario. El "desastre humanitario" suena a oxímoron, pero no tendría por qué ser contradictorio. Cierto es que jurídicamente ejecutar es matar a alguien en cumplimiento de una sentencia judicial, pero cabe también el sentido de hacer algo planeado. "En olor de multitud" puede parecer un disparate, pero ya está establecido. Procede, como es sabido, de la expresión más correcta y originaria de "en olor de santidad". La explicación está en que los cadáveres de algunos santos presentaban un cuerpo incorrupto. “A cuerpo de rey” está también admitido por los escritores como equivalente de “con refinamiento”. Una cosa es el origen de una expresión y otra el estado actual de su incorporación al lenguaje más o menos culto.
A veces no hay más remedio que protestar ante errores que son disparates o incongruencias. Adolfo Ipiña transcribe este titular de un diario digital (que no es Libertad Digital): "La juez Alaya ha imputado sendos presuntos delitos de prevaricación y malversación de caudales públicos a la ex consejera Magdalena Álvarez". Razona don Adolfo que ahora se comprende que los españoles adultos andemos tan mal en comprensión lectora. La prueba es que el titular transcrito no hay forma de entenderlo. Sendos tendría que referirse a dos personas, cada una con un delito. A esa crítica añado una queja menor. Es el vicio de anteponer "presuntos" a los delitos, no a los delincuentes. En el caso citado los delitos están ahí. Magdalena Álvarez sería presunta culpable hasta que el juicio demuestre que lo es. De forma algo confusa eso se llama "presunción de inocencia". Por cierto, un juicio no debería calificar a nadie de inocente sino de no culpable. No es lo mismo. La inocencia no se puede demostrar; la culpabilidad, sí.
En esto que me entra el discurso de un famoso abogado que perora en la tele sobre estas cuestiones. Su frase, tomada al oído, me impresionó: "Como dijo Cicerón, quo prode?". Primero, la frase más famosa es Cui prodest scelus, is fecit, o sea, "Aquel a quien beneficia un delito, ese es el verdadero autor". La frase es de la obra Medea, de Séneca. Puede que también la empleara Cicerón, pero eso consta menos. Lo más seguro es que fuera una frase hecha en la tradición jurídica romana, un lugar común, vamos.
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