Translate

quinta-feira, 26 de fevereiro de 2015

"LADRAN, LUEGO CABALGAMOS"

«Nos ladran Sancho, luego cabalgamos»


  • ÁNGEL PADÍN
  • http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2002/11/25/1336937.shtml
EL LIBRO más famoso y el mejor de toda la Historia no recoge una de las frases más populares que se le atribuyen. Profesores, historiadores e investigadores creen adecuado repetirla. 
Obvio resulta aclarar que nos referimos al Quijote y a esa frase tan conocida de «ladran, luego cabalgamos».
Un estimado colega terminó una conversación con un «como decía Cervantes en el Quijote , ladran, Sancho, luego cabalgamos». 
Escrupuloso, creo, lector del libro, pregunté al amigo: «¿Estás seguro de que ésto se escribió en la obra cervantina?».
Pasaron unos días y un profesor me aseguró que él lo habia leído en Vida de Don Quijote y Sancho , de Unamuno, a cuya lectura acudí en un relajante fin de semana con la sensación de haber leído una magnífica obra. 
Mas ni rastro de la frase. Volví a interrogar a otras personas y lo más profundo que oí fue que era del Quijote de Avellaneda. Alguien me habló de investigar en Internet. 
Este fue el resultado: «Ladran, luego cabalgamos» es de Juan Rulfo o de Unamuno. Seguro. Unos aficionados taurinos la convirtieron en «tragan, luego engañamos»; una asociación farmacéutica la convirtió en una web. Como dijo Don Quijote «ladran... ¡visca la terra! », añadían unos vecinos de San Feliú de Llobregat; un abogado la atribuyó a Bertold Brecht, mientras que unos correligionarios sentenciaron «ladran, luego Zapatero cabalga».
Tanta consulta nos llevó a escribir a los mismísimos Lázaro Carreter y Francisco Rico. Pocas fechas después recibía carta del primero: «Ni es de Cervantes ni de ningún escritor de su época pues la pronunció en el Parlamento don Manuel Azaña... entró en el torrente de la lengua culta antes de la Guerra Civil». Rico, por su parte contestó: «No es de Cervantes sino que parece ser un proverbio afgano difundido en Europa en fechas imprecisas». 
(Otra fuente de un colega: proverbio árabe que dice «los perros ladran, la caravana sigue su camino»).
Aclarado que no es de Cervantes ni del Quijote, nos hemos quedado bastante complacidos, aunque haya discrepancias sobre el origen. Los lectores interesados ya pueden estar contentos por la que denominaremos frase azañista. Azaña, por cierto, no sólo era buen escritor, sino conocedor de la joya cervantina, no en vano entre sus obras está La invención del Quijote y otros ensayos (1934). 
Dejemos tranquilo a Cervantes y a su más excelsa criatura.

PSICOLOGÍA

La envidia y el síndrome de Solomon

Formamos parte de una sociedad que tiende a condenar el talento y el éxito ajenos

La envidia paraliza el progreso por el miedo que genera no encajar con la opinión de la mayoría

Uno de los mayores temores del ser humano es diferenciarse del resto y no ser aceptado

 EL PAÍS - ESPAÑA


















En 1951, el reconocido psicólogo estadounidense Solomon Asch fue a un instituto para realizar una prueba de visión. Al menos eso es lo que les dijo a los 123 jóvenes voluntarios que participaron –sin saberlo– en un experimento sobre la conducta humana en un entorno social. El experimento era muy simple. En una clase de un colegio se juntó a un grupo de siete alumnos, los cuales estaban compinchados con Asch. Mientras, un octavo estudiante entraba en la sala creyendo que el resto de chavales participaban en la misma prueba de visión que él.

Haciéndose pasar por oculista, Asch les mostraba tres líneas verticales de diferentes longitudes, dibujadas junto a una cuarta línea. De izquierda a derecha, la primera y la cuarta medían exactamente lo mismo. Entonces Asch les pedía que dijesen en voz alta cuál de entre las tres líneas verticales era igual a la otra dibujada justo al lado. Y lo organizaba de tal manera que el alumno que hacía de cobaya del experimento siempre respondiera en último lugar, habiendo escuchado la opinión del resto de compañeros.


La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría”
(Solomon Asch)

La respuesta era tan obvia y sencilla que apenas había lugar para el error. Sin embargo, los siete estudiantes compinchados con Asch respondían uno a uno la misma respuesta incorrecta. Para disimular un poco, se ponían de acuerdo para que uno o dos dieran otra contestación, también errónea. Este ejercicio se repitió 18 veces por cada uno de los 123 voluntarios que participaron en el experimento. A todos ellos se les hizo comparar las mismas cuatro líneas verticales, puestas en distinto orden.

Cabe señalar que solo un 25% de los participantes mantuvo su criterio todas las veces que les pre­­guntaron; el resto se dejó influir y arrastrar al menos en una ocasión por la visión de los demás. 
Tanto es así, que los alumnos cobayas respondieron incorrectamente más de un tercio de las veces para no ir en contra de la mayoría. Una vez finalizado el experimento, los 123 alumnos voluntarios reconocieron que “distinguían perfectamente qué línea era la correcta, pero que no lo habían dicho en voz alta por miedo a equivocarse, al ridículo o a ser el elemento discordante del grupo”.

A día de hoy, este estudio sigue fascinando a las nuevas generaciones de investigadores de la conducta humana. La conclusión es unánime: estamos mucho más condicionados de lo que creemos. Para muchos, la presión de la sociedad sigue siendo un obstáculo insalvable. El propio Asch se sorprendió al ver lo mucho que se equivocaba al afirmar que los seres humanos somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida.


La luz de Nelson Mandela


ILUSTRACIÓN DE JOSÉ LUIS ÁGREDA

Después de 27 años en la cárcel y ser en 1994 presidente electo de Sudáfrica, Nelson Mandela compartió con el mundo entero uno de sus poemas favoritos, escrito por Marianne Williamson: 

“Nuestro temor más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad, la que nos atemoriza. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres para no serlo? Infravalorándote no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca de ti. Esta grandeza de espíritu no se encuentra solo en algunos de nosotros; está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros”.

Más allá de este famoso experimento, en la jerga del desarrollo personal se dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o adoptamos comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un grupo social determinado. Y también cuando nos boicoteamos para no salir del camino trillado por el que transita la mayoría. De forma inconsciente, muchos tememos llamar la atención en exceso –e incluso triunfar– por miedo a que nuestras virtudes y nuestros logros ofendan a los demás. Esta es la razón por la que en general sentimos un pánico atroz a hablar en público. No en vano, por unos instantes nos convertimos en el centro de atención. Y al exponernos abiertamente, quedamos a merced de lo que la gente pueda pensar de nosotros, dejándonos en una posición de vulnerabilidad.

El síndrome de Solomon pone de manifiesto el lado oscuro de nuestra condición humana. Por una parte, revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Y por otra, constata una verdad incómoda: que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas. Y más ahora, en plena crisis económica, con la precaria situación que padecen millones de ciudadanos.

Detrás de este tipo de conductas se esconde un virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el progreso de la sociedad: la envidia. 

La Real Academia Española define esta emoción como “deseo de algo que no se posee”, lo que provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más.


“Ladran, luego cabalgamos” (dicho popular)

Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de las alegrías ajenas. De forma casi inevitable, estas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones. Sin embargo, reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien.

El primer paso para superar el complejo de Solomon consiste en comprender la futilidad de perturbarnos por lo que opine la gente de nosotros. Si lo pensamos detenidamente, tememos destacar por miedo a lo que ciertas personas –movidas por la desazón que les genera su complejo de inferioridad– puedan decir de nosotros para compensar sus carencias y sentirse mejor consigo mismas.

¿Y qué hay de la envidia? ¿Cómo se trasciende? Muy simple: dejando de demonizar el éxito ajeno para comenzar a admirar y aprender de las cualidades y las fortalezas que han permitido a otros alcanzar sus sueños. Si bien lo que codiciamos nos destruye, lo que admiramos nos construye. Esencialmente porque aquello que admiramos en los demás empezamos a cultivarlo en nuestro interior. Por ello, la envidia es un maestro que nos revela los dones y talentos innatos que todavía tenemos por desarrollar. En vez de luchar contra lo externo, utilicémosla para construirnos por dentro. Y en el momento en que superemos colectivamente el complejo de Solomon, posibilitaremos que cada uno aporte –de forma individual– lo mejor de sí mismo a la sociedad.



EL LADINO




El ladino, el idioma de los judíos sefardíes, sobrevive en Israel

Por Beatriz Lecumberri
Los sefardíes, descendientes de los judíos expulsados de España en 1.492, no han olvidado el castellano de sus antepasados. Lo siguen hablando y le han incorporado 'préstamos' de los idiomas de los diferentes países del exilio.
A este español de finales del siglo XV se han ido sumando palabras del turco, portugués, hebreo, francés o italiano. La lengua ha evolucionado y la verdad es que lucha para sobrevivir.
Se calcula que 150.000 personas pueden expresarse en ladino en el mundo. En general, el judeoespañol es hablado en el seno de pequeñas comunidades sefardíes, sobre todo por personas de edad avanzada.En Israel se estima que hay alrededor de 100.000 hablantes de ladino, con mayor o menor dominio de la lengua. En Turquía, de donde es originaria la segunda comunidad sefardí después de la de Israel, aproximadamente 15.000 personas lo conocen.
Con el paso del tiempo, el español medieval de los judíos sefardíes ha cambiado, adaptándose al idioma del país donde se instalaron las diversas comunidades cuando huyeron de España (Sefarad). No obstante, su estructura idiomática ha atravesado los siglos. Se ha aprendido y hablado en los hogares, donde ha sido instrumento para transmitir de una generación a otra tradiciones ancestrales, literatura oral, vocabulario gastronómico y  canciones. En los diferentes países de la diáspora sefardí la evolución del idioma y sus mecanismos de sobrevivencia han sido semejantes. Los mismos dispositivos lo han preservado en América Latina.
Para algunos especialistas la desaparición del ladino es inevitable. Argumentan que no se transmite como lengua viva desde hace por lo menos dos generaciones y que el olvido, parcial o total, juega en su contra. Sin embargo, aún es una lengua viva.
En 1997, Israel creó la Autoridad Nacional del Ladino, a fin de contrarrestar esta dinámica con el apoyo financiero de su estudio y conservación. Lo que ha determinado una cierta revitalización del idioma. Hasta se han traducido grandes clásicos de la literatura universal al ladino. El objetivo es que forme parte de la identidad de Israel.
En Israel existe un programa diario de 15 minutos en judeoespañol y una revista en ladino, 'Aki Yerushalayim', de frecuencia semestral, que hasta hace cinco años era la única en el mundo.
Hoy, un sistema de becas estimula su estudio, en cursos impartidos en cuatro universidades de Israel. A ellas acuden sefardíes, deseosos de aprender el idioma de sus abuelos, pero también estudiantes y especialistas de todo el mundo.
Entrevistados: Moshe Shaul, director de la revista Aki Yerushalayim; Zelda Obaida, profesora jubilada de judeoespañol y locutora de radio en ladino; Aldina Quintana, autora de una tesis sobre el judeoespañol, profesora de lenguas románicas, Universidad Hebrea de Jerusalén.
Beatriz Lecumberri es nuestra corresponsal en Jerusalén

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

sospechoso


preferible a 

 

sospechado

Recomendación urgente del día
El uso de sospechoso para expresar que una persona o cosa está bajo sospecha es preferible al de sospechado.
En los ejemplos siguientes, tomados de la prensa, se emplea sospechadocon este sentido: «El policía es sospechado de ser el autor del disparo», «La mujer sospechada de ser cómplice de los terroristas abandonó el país» o «Ese hecho ya constituye de por sí una prueba de que el Gobierno no puede ser sospechado».
El Diccionario argentino de dudas idiomáticas, de la Academia Argentina de Letras, señala que este uso de sospechado no es raro en el español de ese país, pero también establece que, dado que es gramaticalmente anómalo, «resulta preferible la expresión ser sospechoso de o la construcción intransitiva», es decir, sospechar de.
De ese modo, en los ejemplos anteriores podría haberse dicho «El policía es sospechoso de ser el autor del disparo», «La mujer sospechosa de ser cómplice de los terroristas abandonó el país» y «Ese hecho ya constituye de por sí una prueba de que no se puede sospechar del Gobierno».

quarta-feira, 25 de fevereiro de 2015

LA LENGUA VIVA



  El regalo como lenguaje no verbal

 en Libertad Digital - España


Qué gran acierto fue aquel eslogan "la elegancia social del regalo" que alentó Pepín Fernández, el de Galerías Preciados (valga la falta de concordancia). Uno de los gestos más admirables en las relaciones entre los adultos (dejemos ahora los niños aparte) es hacer regalos. Hay personas especialmente regalosas; tienen ese don divino. No exagero; lo propio de Dios es la gracia, esto es, el regalo.
Uno de los actos más agradables de la vida de un escritor es la de firmar sus libros. Emociona la petición de algunos lectores para que la dedicatoria se dirija a otra persona. Es decir, compran el libro para regalar. Con la firma del autor se acrecienta el valor de la dádiva. Doble alegría del escritor.
Cumple aquí la finísima observación de Jorge Simmel, el sociólogo de la vida cotidiana: el regalo implica devoluciónintercambio, aunque solo sea de manera simbólica. De lo contrario, estaríamos ante la limosna. Añado que, aun así, el mendigo puede devolver el regalo tocando un instrumento musical o simplemente dando las gracias. Antaño decía: "Dios se lo pague". Con lo cual se cerraba el círculo de la reciprocidad. Los regalos a los niños no cumplen esa simetría de la devolución, pero, aun así, los niños aprenden esa palabra que tanto les cuesta: “Gracias”. Los hay que hacen un dibujo para el donante.
Admiro a las personas regalosas, las que sin venir a cuento te invitan a tomar algo o te sorprenden con cualquier presente. Da igual el valor que tenga. "No es la peseta, es la acción", que se decía antes. Tengo en menos estima los regalos a fecha fija, sean los cumpleaños o los días señalados para ello. Tuvo éxito el día de la madre, menos el del padre, y el abuelo se quedó con las ganas. Tampoco me impresiona el pompón, el obsequio bien envuelto, aunque comprendo la ilusión infantil de romper el envoltorio del regalo.
No es cosa de citar nombres, pero recuerdo el gesto elegante de un ministro de Sanidad que, al recibir una visita, le ofrecía un libro de su estantería particular, un libro que él ya había leído.
Un obsequio actual muy frecuente y simpático consiste en enviar fotografías a través de la internet o del móvil. Puede ser un selfi o cualquier otro recuerdo icónico. No acabo de entender por qué ese desbordante tráfico de imágenes carece de precio. Pero sigamos.
La parte negativa de la institución del regalo es la que tiene que ver con el soborno. Un privilegiado poseedor de la tarjeta negral de Bankia argumentaba ante el juez que el tal instrumento le había sido necesario para hacer regalos. Ciertamente, es un medio muy apropiado para ese fin.
El regalo es también un dispositivo para facilitar la venta, al hacer descuentos, rebajas, dos por uno y todo tipo de estímulos. Su atractivo se explica por aquello de que "a caballo regalado no se le mira el diente".
Hay una forma de regalo en especie que me fascina: el que ofrece su tiempo y su trabajo para una causa noble sin pedir nada a cambio. Es la parte más positiva de la reciente evolución de nuestra sociedad.

DE LAS PALABRAS A LOS HECHOS


Resultado de imagem para estilos academicos   Los estilos académicos

María del Pilar Cobo, Correctora de textos y lexicógrafa
http://www.telegrafo.com.ec/
A menudo, en nuestra vida académica no vemos enfrentados con la necesidad de escribir un ensayo, un artículo o alguna ponencia. Cada vez es más necesario dominar las técnicas de la escritura académica, aunque el solo hecho de escuchar esta expresión (escritura académica) nos dé ganas de salir corriendo, pero generalmente, cuando redactamos algún texto académico, la universidad o la institución para la que escribimos nos da pautas estilísticas y lingüísticas que debemos cumplir para que nuestro trabajo cubra los estándares para ser publicado. Las pautas estilísticas se relacionan con la presentación, tipo y tamaño de letra, interlineado, márgenes y uso de resaltes tipográficos, y las lingüísticas suelen referirse a escritura de números, tratamiento de los extranjerismos, usos correctos del español, etc.
Muchas de las instituciones cuentan con su propio manual, que por lo general es una adaptación de alguno de los manuales de los estilos académicos más usados: APA, MLA, Chicago, Vancouver, etc. En un inicio, cuando uno se está iniciando en la escritura académica, atenerse a las reglas  de estos manuales puede resultar agobiante, sobre todo en lo relacionado con las citas y referencias bibliográficas. Sin embargo, no es tan complicado como creemos, pues al final todo se basa en memorizar determinados ‘trucos’.
Por ejemplo, la mayoría de estilos no usan  los pies de página para escribir las referencias de las citas que constan en el texto, sino que las escriben entre paréntesis a continuación de la cita o de la paráfrasis. En el paréntesis deben constar el apellido del autor, el año de publicación del texto citado y la página (lo que diferencia a los estilos son los signos de puntuación o los espacios que se usan para separar estos elementos). En realidad, es un método muy sencillo, pues con excepción de pocos estilos, los pies de página se usan para hacer una aclaración o ampliar la información. El hecho de escribir la referencia entre paréntesis, inmediatamente después de la cita, ayuda a que el lector pueda encontrar más fácilmente la información.
Otra cuestión que suele generarnos dolores de  cabeza es la disposición de la bibliografía. En algunas ocasiones, sobre todo cuando se trata de textos cortos como artículos o ponencias, la bibliografía se escribe al final, en orden alfabético. Los estilos académicos más utilizados prefieren este orden al orden de aparición de los textos, pues así es más fácil que el lector ubique la referencia.
Al igual que en el caso de las referencias después de las citas, los estilos tienen diferencias, como el orden en que se disponen los elementos (nombre del autor, año, título del texto, lugar de publicación y datos editoriales). En realidad, aunque parezca complicado, regirse a un estilo para escribir una publicación no es complicado, lo importante es recordar pautas básicas y, sobre todo, publicar un contenido que valga la pena.

EL ORIGEN DE LOS INSULTOS MÁS POPULARES


Resultado de imagem para payaso El payaso que nunca consiguió sacar una sonrisa

 |  
A. S. MOYA (ABC.ES)

Esta ofensa alude al gracioso de turno, al patoso que aburre con su obsesión por hacer gracia y constante actitud histriónica.

EL ORIGEN DE LOS INSULTOS MÁS POPULARES
Para todos los niños, y unos cuantos adultos, una de las cosas que más ilusión les genera es la visita al circo. Como si de otra dimensión se tratara, los trapecistas realizan acrobacias increíbles, los domadores consiguen salir indemnes de su encuentro con los fieros leones y los equilibristas desafían a la gravedad ante el asombro de los allí presentes. Pero si de hacer reír se trata, nada mejor que los payasos con su rimbombante show lleno de torpes caídas y grandes dosis de humor.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, el término payaso define a un «artista de circo que hace de gracioso, con traje, ademanes, dichos y gestos apropiados». Pero también sirve para citar a «una persona de poca seriedad, propensa a hacer reír con sus dichos o hechos». Sin embargo, ambas definiciones son demasiado benevolentes con la carga ofensiva que en determinadas ocasiones desprende el apelativo.
[…]
Leer más en abc.es

LA RECOMENDACIÓN DIARIA

  LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que  resistencia antimicrobiana   Resistencia a los antimicrobianos , no...