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sexta-feira, 13 de outubro de 2017

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

entreno y entrenamiento


formas válidas

Recomendación urgente del día
Los sustantivos entreno y entrenamiento son igualmente válidos para expresar la ‘acción y efecto de entrenar o entrenarse’.
En la prensa se ven escritas frases como «El equipo Yamaha de Moto GP concluyó el tercer día de entrenos bajo un enorme calor y una fuerte humedad», «Bárbara Latorre durante un entreno del Barça femenino» o «El holandés Nordin Amrabat recibió un golpe durante un entreno».
De acuerdo con el Diccionario académico, tanto entreno como entrenamiento son variantes válidas, del mismo modo que, junto al verbo adelantar, existe el doblete adelanto adelantamiento.
El sustantivo entrenamiento se incluyó en el diccionario en 1970, mientras que la voz entreno, más habitual en América, fue recogida posteriormente, en la edición del 2001.
En cualquier caso, en los ejemplos anteriores resulta igualmente válido optar por entreno o por entrenamiento.
Ver también los jugadores se entrena o entrenan, ambas válidas y la crónica Luis Aragonés, campeón de entrenamientos.

quinta-feira, 12 de outubro de 2017

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

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cebismo


alternativa a 


feederism

Recomendación urgente del día
El término cebismo es una alternativa válida al inglés feederism, que designa un tipo de conducta en la que dos personas encuentran placer erótico en engordar o ser engordadas.
Este término se está empezando a emplear en noticias de estética y de salud, como se muestra en las siguientes frases: «El ‘feederismo’ vuelve a relegar a la mujer a un papel de sumisión», «El feederism puede llevar a ganar algunos kilos o muchos» o «En el “feederismo” las personas experimentan como marcadamente erotizantes las actividades y resultados de la ingesta».
Según el Diccionario del estudiante, de las Academias de la Lengua, cebarsignifica ‘dar comida (a un animal) para que engorde’. Aunque en su sentido propio alude a animales, es posible aplicarlo de modo figurado a personas, tal como refleja esta misma obra. Tomando como modelo el inglés feederism, puede formarse cebismo, teniendo en cuenta que el sufijo -ismo forma sustantivos que significan ‘actitud’, ‘tendencia’ o ‘cualidad’.
En la práctica del cebismo suele haber dos papeles, que se pueden llamarcebado o cebada (feedee en inglés) para la persona que aumenta de peso y cebador o cebadora (feeder en inglés) para la que da comida.
Por ello, en los ejemplos anteriores se podría haber escrito «El cebismo vuelve a relegar a la mujer a un papel de sumisión», «El cebismo puede llevar a ganar algunos kilos o muchos» y «En el cebismo las personas experimentan como marcadamente erotizantes las actividades y resultados de la ingesta».

quarta-feira, 11 de outubro de 2017

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

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declinar 


es rechazar


no decantarse 


por algo

Recomendación urgente del día
El verbo declinar significa, entre otras cosas, ‘rechazar cortésmente una invitación’, no ‘decantarse por algo’, y no es adecuado emplearlo como pronominal como en declinarse por algo.
En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «Los técnicos se han declinado por un trazado prácticamente paralelo a la actual carretera» o «EE. UU. se declina por aumentar las tropas o mantenerlas en el nivel actual».
Tal como indica el Diccionario académico, el verbo declinar significa ‘hacer que algo se incline’, ‘decaer’ o ‘rechazar una invitación o una responsabilidad’, pero no encierra el matiz de elección o preferencia que se aprecia en los ejemplos anteriores.
Se trata de un verbo transitivo (declinar una invitación) o intransitivo (el sol declina), pero no pronominal.
Este uso inapropiado puede obedecer a un cruce con los verbos inclinarse o decantarse, que sí son pronominales y adecuados para expresar preferencia por algo.
Así, en los ejemplos iniciales habría sido preferible escribir «Los técnicos se han decantado por un trazado prácticamente paralelo a la actual carretera» y «EE. UU. se inclina por aumentar las tropas o mantenerlas en el nivel actual».
Por otra parte, diccionarios de uso como el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, definen también declinar como ‘ceder (algo en favor de alguien)’. Más específicamente, en países como Venezuela este verbo se emplea a menudo —y es un uso no censurable— con el sentido de ‘renunciar alguien a un cargo y apoyar a la persona que lo va a sustituir’: «Leopoldo López declina en favor de Henrique Capriles».

terça-feira, 10 de outubro de 2017

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acicate


alternativa a 


nudge

Recomendación urgente del día
La palabra española acicate es una alternativa válida al anglicismo nudge, habitual en las informaciones económicas y que alude a una teoría para animar a los ciudadanos a adoptar determinadas decisiones sin recurrir a prohibir o forzar sus acciones.
Con motivo de la concesión del Premio Nobel de Economía a Richard H. Thaler, en los medios pueden verse frases como «Richard H. Thaler, famoso por la teoría del ‘nudge’, gana el Nobel de Economía», «Es autor de la teoría nudge, que reflejó en un libro que es una especie de biblia de la economía del comportamiento» o «La medida es un nudge en la dirección correcta».
El término inglés nudge tiene como significados más comunes ‘tocar o empujar suavemente a alguien’, ‘tocarle con el codo para llamar su atención’ o ‘alentar a alguien para hacer algo’, según las definiciones del diccionario Merriam-Webster.
La palabra se popularizó con la publicación en el 2008 del libro Nudge: improving decisions about health, wealth, and happiness del economista Richard H. Thaler y el jurista Cass R. Sunstein. La obra se editó en español con el título Un pequeño empujón: el impulso que necesitas para tomar las mejores decisiones en salud, dinero y felicidad.
En español, acicate, que se define como ‘incentivo’ o ‘estímulo’, puede ser una alternativa a nudge cuando se emplea como sustantivo.
Aunque a menudo se traduce como empujón, esta palabra alude a un ‘impulso que se da con fuerza’, mientras que la voz inglesa sugiere, como señalan los principales diccionarios de esa lengua, que se trata de un estímulo suave, razón por la que en ocasiones se emplea empujoncito, alternativa más coloquial, o pequeño empujón.
Como verbos pueden ser válidos acicatearanimarespolear o incitar.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Richard Thaler, famoso por la teoría del acicate, gana el Nobel de Economía», «Es autor de la teoría del acicate, que reflejó en un libro que es una especie de biblia de la economía del comportamiento» y «La medida es un acicate en la dirección correcta».

segunda-feira, 9 de outubro de 2017

PALABRAS





Dos nuevas palabras 


en la lengua política

Mario Antonio Sandoval
Mario Antonio Sandoval

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En vista de ser indispensable tener un acuerdo común en el significado de las palabras, la presencia de dos nuevas dentro del idioma español hablado por los guatemaltecos constituye la única forma de evitar discusiones o empleos lingüísticos para los cuales cada quien tiene una definición diferente. En otras palabras, se debe tratar de evitar la frase “para mí, o para la mi institución, la palabra tal significa tal cosa”. Esto, aparentemente sin importancia, en la práctica la tiene, sobre todo cuando —como ocurre en estos momentos— Guatemala se encuentra a las puertas del inicio de una nueva etapa en la cual la nueva generación joven pueda actuar de manera distinta y exitosa, sin lo cual el naufragio de la república es inevitable y cercano. 
Dos palabras han comenzado a aparecer en el horizonte político: ‘gobernanza’ y ‘resiliencia’.
Su uso hasta el momento ha sido reducido a una minoría muy pequeña de conocedores de 
los temas en las cuales pueden aplicarse. Algo parecido ocurrió hace unos años con el 
término “sicario”, es decir “asesino a sueldo”, originada en la antigua Roma, hace dos mil 
años, siglo más, siglo menos. Resurgió a consecuencia de ese tipo de crímenes cometidos 
sobre todo por adolescentes o jóvenes adultos contratados por los narcotraficantes. 
Para comenzar, se debe echar mano del Diccionario de la Lengua Española, o DLE 
(antes DRAE), y ese es el tema de este artículo.

Gobernanza es una palabra utilizada en español desde alrededor del año 1600 y aparece en 

el Diccionario en 1803. Desde el siglo pasado, su definición es “arte o manera de gobernar 
que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional 
duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía” (DLE, 2014, página 2007). Se le define también como una palabra utilizada desde la década de 1990 para designar la eficacia, calidad y buena 
orientación de la intervención del Estado, que proporciona a este buena parte de su 
gobernabilidad en una “nueva forma de gobernar” en la globalización posterior a la caída del 
muro de Berlín (Wikipedia).


Por su parte, resiliencia es, según el DLE, “1. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente 

a un agente perturbador o un estado o situación adversos. 2. Capacidad de un material, 
mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la 
que había estado sometido” (Pág. 1,906). En el primer caso, abundan los adjetivos y juicios 
(duradero, buena orientación) y conceptos (desarrollo económico). La importancia de ambos 
términos radica en estar presentes en el plan de acción estadounidense para el istmo 
centroamericano, y el ya mencionado acuerdo en qué significa cada una de las dos resulta, 
vale la pena repetir, urgente. 
El dominio del español del embajador estadounidense Luis Arreaga le permite tenerlo muy 
claro.

Algunos otros términos fundamentales en la posición de Estados Unidos son más fáciles de 

tener claro: prosperidad, seguridad y gobernabilidad, esto último “el arte de gobernar”. 
El embajador Arreaga conoce los conceptos de idioma oficial y de la Asociación de 
Academias de la Lengua Española, entre ellas la Real Academia, encargadas de definir las 
palabras en español. Legalmente, incluso, el significado y la validez legal de las palabras lo 
decide el DLE y las academias, y Guatemala debe pedir el uso del idioma definido según 
estas instituciones, no cualquier entidad o persona, pues lo hará según su interés. 
Cuando Estados Unidos habla en español debe emplear las definiciones válidas, 
a fin de evitar imposiciones o discusiones innecesarias y equivocadas.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

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deber + infinitivo 



deber de + infinitivo


diferencia

Recomendación urgente del día
Deber + infinitivo expresa obligación o suposición y deber de + infinitivo solo indica suposición, tal como recoge el Diccionario panhispánico de dudas.
Sin embargo, en los medios de comunicación es muy habitual encontrar frases en las que se emplea inapropiadamente deber de + infinitivo cuando lo que se pretende expresar es obligación: «Cuando un equipo de trabajo apuesta por un proyecto, debe de ser secundado por todos», «El gobierno debería de proteger más a los pequeños empresarios» o «La competición tiene unas normas y deben de cumplirse a rajatabla».
El Diccionario panhispánico de dudas explica que la perífrasis deber+ infinitivo se construye siempre sin la preposición de cuando indica obligación: «Los usuarios de tarjeta prepago deben dar sus datos antes del 9 de noviembre» y no «Los usuarios de tarjetas prepago deben de dar sus datos antes del 9 de noviembre».
Por tanto, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir «Cuando un equipo de trabajo apuesta por un proyecto, debe ser secundado por todos», «El gobierno debería proteger más a los pequeños empresarios» y «La competición tiene unas normas y deben cumplirse a rajatabla».
Para indicar posibilidad o suposición, en cambio, sí se puede emplear deber tanto con la preposición de como sin ella: «Deben de ser las nueve», «Deben ser las nueve». De las dos formas puede decirse y ambas significan ‘Me parece que son las nueve’ o ‘Serán las nueve’.

domingo, 8 de outubro de 2017

DRAE

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CreditRachel Levit
AMHERST, Massachusetts — Haga usted un experimento: busque una palabra no solamente en un diccionario, sino en muchos distintos. Lo que hallará lo sorprenderá.
Yo mismo lo hice hace poco. Le seguí la pista a la palabra mujer, que —no hace falta decir— está sobrecargada de significado. Desarrollé este experimento en orden regresivo, del diccionario más usado en la actualidad al más polvoriento.
Primero fui al Diccionario de la Lengua Española, que es algo así como un instrumento evangelizador en el mundo hispánico. La edición a la que acudí es de 2001. Dice, entre otras cosas, que mujer es una “persona del sexo femenino”.
Hoy esta definición parecerá sensata a la mayor parte de los usuarios. Se ajusta más o menos a los lineamientos culturales de nuestra sociedad. Pero hay quien se siente incómodo y tengo prueba de ello. Hace unos días se la mostré a un grupo de estudiantes de entre 18 a 22 años. Casi todos estaban inconformes. Propusieron una definición alternativa: “Persona que por sí misma se identifica con el sexo femenino”. Argumentaron que en el presente entendemos la sexualidad como un atributo biológico y también como una dimensión cultural. Uno no nace mujer sino se hace o elige serlo. Es decir, el sexo es una construcción social. Las personas transgénero optan por pertenecer a un sexo u otro.
Esa actitud es muestra de cómo los diccionarios están atrapados irremediablemente en su época. En sus páginas cabe toda la lengua. Vamos a ellos en busca de exactitud. Pero la exactitud de ahora es la inexactitud de mañana. Las expresiones que nos ofrecen son de quienes las hacen y, como anunciaba José Ortega y Gasset, cada uno de nosotros es en sí mismo y en su circunstancia. No es improbable que en la próxima edición del DLE se introduzcan cambios, no importa cuán sutiles sean.
Mi aventura me llevó a otros diccionarios. El Breve diccionario crítico etimológico del español (edición revisada de 1991), de Joan Corominas, dice que mujer viene del latín mulier y da estos derivados: mujercilla, mujerzuela, mujeriego, mujerío, mujerona y mujeruca. La lista da miedo.
María Moliner, una de mis heroínas (por cierto, esta palabra está en vías de extinción) que hasta donde entiendo es la única mujer que por cuenta propia se ha encargado de compilar un diccionario entero (salió en 1962) en castellano, y cuyo interés estaba en los usos que hacemos de las palabras, dice, otra vez entre otras cosas, que ¡Mujer! (Moliner envuelve la palabra entre signos de puntuación) es un “vocativo empleado en exclamaciones en lenguaje familiar, dirigiéndose a niñas o mujeres a las que no se les trata con respeto”. Da varios ejemplos, entre ellos: “¡Mujer… qué cosas dices (ve con más cuidado, …no digas esas cosas, …no quería decir eso, …acompáñame a casa)!”.
Moliner empezó a recopilar palabras en la segunda mitad de los cuarenta, un par de décadas antes de la así llamada “segunda ola feminista”. Ya para entonces ella compartía algunos de los manifiestos de esa ola. Su amigo Dámaso Alonso la impulsó a convertir su pasión en un libro que fuera útil a los demás. Ella silenciosamente insertó en sus definiciones un rechazo a las normas aceptadas de su contexto. Lo hizo sin propuestas aparatosas. Así, poco a poco y desde la sombra, es como trabajan los lexicógrafos. Su impacto es enorme porque establece los parámetros del conocimiento.
Hoy el de Moliner se conoce como Diccionario de uso del español. La edición que tengo en mi biblioteca personal ofrece una lista de variantes del uso de la palabra mujer. Por ejemplo, “mujer de la calle”, “mujer pública”, “mujer fatal”, “mujer objeto” y “de mujer a mujer”. Estas variantes dan muestra de la dosis de subjetividad que inyectamos en la palabra. Reconocer su veracidad es comprobar que hay pocas palabras neutrales.
Seguí luego en mi búsqueda con el Diccionario de autoridades, que fue hecho entre 1726 y 1739. Este lexicón sirvió de base en la redacción del Diccionario de la Lengua Española. El de Autoridades anuncia que muger (hasta el siglo XIX la palabra se escribía con g) “se entiende regularmente a la que está casada con relación al marido”. Dice que muger de la casa es “la que tiene gobierno y disposición para mandar y ejecutar las cosas que le pertenecen y cuida de su hacienda y familia con mucha exactitud y diligencia”. El mensaje es inconfundible: la mujer es esposa y regente doméstica.
De allí, lo que encontré fue, como decía Cantinflas, “de mal en pior”. El primer diccionario importante en nuestra lengua es el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias, que fue auspiciado por el Santo Oficio de la Inquisición y apareció en 1611. Esta es una fecha importante porque está entre la aparición de la primera y la segunda parte del Quijote, la obra cumbre de la hispanidad renacentista. Allí hallé un párrafo largo y laberíntico que no alcanza a compactarse. Entre otras cosas —y aunque usted no lo crea— dice que muger es “tormento de la casa, naufragio del hombre, embarazo del sosiego, cautiverio de la vida, daño continuo, disfrazado veneno y mal necesario”.
Más que una definición, la de Covarrubias es un exabrupto misógino. Claro que en su época la actitud general ante las mujeres era la de verlas y tratarlas como seres inferiores. Hacia 1680, unos setenta años después, sor Juana Inés de La Cruz, la monja poeta, escribía en México sobre los “hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.
Mi experimento fue a la vez asombroso y revelador. Los diccionarios son depósitos de la memoria colectiva. Un recorrido a través de ellos es un viaje en el tiempo. Sirve para percatarse de que las palabras que usamos a diario son más que meros vocablos. Guardan secretos históricos. Este ir y venir me hizo pensar en la “Oda al diccionario” de Pablo Neruda, acaso uno de los poemas más hermosos que conozco:
Diccionario, no eres tumba, sepulcro, féretro, túmulo, mausoleo,
sino preservación, fuego escondido, plantación de rubíes, perpetuidad viviente de la esencia, granero del idioma.

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