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segunda-feira, 12 de setembro de 2011

FILBA 2011


Tres escritores viajeros contra los traductores traidores
12/09/11
Cees Nooteboom, Minae Mizumura y Martín Caparrós en un diálogo imperdible.
Por EZEQUIEL ALEMIÁN, ESPECIAL PARA CLARIN

VIVIR EN OTRO IDIOMA.
EL ARGENTINO MARTIN CAPARROS DIALOGA CON SUS PARES EXTRANJEROS EN EL MALBA.

Cultura, Filba 2011

La novelista Minae Mizumura, que tras pasar su juventud en los Estados Unidos regresó a su Japón natal, planteó su desacuerdo con la forma en que las traducciones al inglés occidentalizan la literatura de su país. “Le aplican un filtro”, dijo el sábado en el auditorio colmado del Malba durante la segunda jornada del Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba). Mizumara habló de las novelas de Kenzaburo Oé: recordó que una expresión tan usada como “irse a la cama”, es completamente inexacta, porque en Japón se duerme en futones.
Con una vida entre varias ciudades, Cees Nooteboom dijo que los norteamericanos inundan al mundo con su literatura, pero apenas el 2% de lo que editan son traducciones de otras lenguas. “Sabemos quiénes son los norteamericanos, pero ellos no tienen la menor idea de quiénes somos nosotros. No leen nuestra literatura, por eso no entienden el mundo”, dijo.
Martín Caparrós, que vivió varios años en París durante los 70, retomó la cuestión del futón: “Nosotros sabemos qué es un futón: es una solución barata cuando uno no puede comprar una cama. Usamos la palabra sin pensar en la tradición japonesa. Le damos un nuevo significado”.
La idea del panel “Vivir en otro idioma”, coordinado por Patricio Zunini y en el que participaron los tres escritores, era conversar sobre los desafíos de escribir en un entorno idiomático diferente.
Para Mizumura leer en inglés era una maldición, porque el suyo era muy mediocre. Dijo que había leído a Dostoievsky en japonés. “Me fascinó. Después lo leí en francés y me aburrió”, contó.
Nooteboom recordó que hace años su editor al francés le recomendó leer a Proust en inglés, porque era mejor que el original. “Para los franceses Proust va a ser siempre el mismo, en cambio los que leen en inglés tienen varios Proust a su disposición, según la traducción”, señaló.
Caparrós confesó su devoción por una saga policial ambientada en la época de los romanos, que leía en inglés. Una tarde, dijo, encontró una versión en castellano. Tan mala impresión se llevó, que volvió al día siguiente con la versión que lo había fascinado: sólo entonces se dio cuenta que la traducción era perfecta.
Para Mizumura, Mishima se empobreció literariamente cuando empezó a escribir con ambición internacionalista. “Perdió el manejo del idioma”, dijo.
El comentario de Mizumura dio pie para que Caparrós se despachara contra los editores que utilizan el concepto de “lo local”, como si una literatura pegada a un contexto real y lingüístico específico estuviese en inferioridad de condiciones respecto a otra, “internacional”, más fácil de traducir y sin necesidad de notas al pie. “Cada vez se habla más de eso; me subleva. Cuando una literatura se vuelve internacional, pierde sus particularidades y se transforma en basura”, señaló.
En el auditorio se veía lo que se estaba diciendo: la dificultad de Mizumura para seguir la charla, la de la traductora para traducirla, la discontinuidad de Nooteboom, que alternaba el castellano y el inglés, el rol cambiante de Caparrós, a veces de panelista, a veces interrogador.

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