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quinta-feira, 27 de outubro de 2011

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día



no se escribe coma delante de la y de las enumeraciones

En las enumeraciones de elementos separados por comas no es correcto escribir una coma delante de la y que precede al último de ellos, según recoge el Diccionario panhispánico de dudas.

A menudo, en textos de diversa índole, se escribe coma delante de la y que introduce el último elemento de una enumeración: «En la época republicana trabajó en los ferrocarriles, se convirtió en líder sindical, y viajó por Centroamérica».

El empleo en español de esta coma no es apropiado porque la y sustituye precisamente a la coma del último elemento de la enumeración.

De este modo, en el ejemplo anterior lo adecuado hubiera sido: «En la época republicana trabajó en los ferrocarriles, se convirtió en líder sindical y viajó por Centroamérica».

Sin embargo, sí se escribe coma delante de la y en otros casos, como:

- Cuando la enumeración tiene elementos complejos que deben separarse por punto y coma: «Agradezco su ayuda a Enrique, biólogo; a Pedro, botánico; a Luis, zoólogo, y a Martín, fotógrafo».

- Cuando la y introduce un elemento que no pertenece a la enumeración anterior: «García Márquez retiene una voz admirable, vital, clara, y la pluma de un ángel».

- Cuando la y sirve de unión con el predicado anterior, no con el último elemento de la enumeración: «Bebió dos tazas de café negro, amargo, espeso, y encendió un cigarro enorme».

- Cuando la y equivale a pero: «Le dije que te llamara, y no se acordó».

- Cuando la y va detrás de un inciso: «El presidente de Francia, Nikolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, se volvieron a reunir ayer».

Asimismo, se recuerda que debe escribirse coma delante o detrás de y si va antes o después de un inciso (que siempre se ponen entre comas): «Los inspectores se desmarcan del escándalo de las indemnizaciones millonarias y, en este sentido, sugieren que …», y no: «Los inspectores se desmarcan del escándalo de las indemnizaciones millonarias, y en este sentido, sugieren que …».

quarta-feira, 26 de outubro de 2011

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día



hace un mes o un mes atrás, pero no hace un mes atrás

La expresión hace un mes atrás, en lugar de hace un mes o un mes atrás, es impropia en español.

Para referirse a momentos del pasado cuando se habla desde el presente se emplean a menudo la expresiones hace un mes (o una semana, un año, unos días...) y un mes atrás (o una semana, un año, unos días...).

A veces en algunas noticias aparece una mezcla de las dos expresiones: «Hace un mes atrás se reanudaron los vuelos, tras permanecer cerrado el aeropuerto más de cien días»; «El Gobierno aprobó hace un año atrás el proyecto de reordenamiento de los feriados»; «Mitsui podría asociarse con ella a través de Acrux, la nueva sociedad que la empresa minera creó hace unas semanas atrás».

Se recomienda evitar esa expresión híbrida y agramatical, en la que sobran hace o atrás, y emplear en su lugar las formas originales: «Hace un mes se reanudaron los vuelos...»; «El Gobierno aprobó un año atrás el proyecto...»; «... la nueva sociedad que la empresa minera creó hace unas semanas».

terça-feira, 25 de outubro de 2011

DICCIONARIO ARGENTINO DE DUDAS IDIOMÁTICAS


Un libro aclara las dudas de los argentinos con el idioma


www.clarin.com
Es un trabajo de la Academia Argentina de Letras, hecho a partir de consultas recibidas. Señala algunas particularidades del lenguaje local, como usar video y no vídeo o escribir fugaza.



Sería un buen ejercicio que en base a lo que lee en esta nota, trate de encontrar el error lingüístico de esta oración; pero si no lo logra, podrá consultar el Diccionario argentino de dudas idiomáticas (DADI), que ya llegó a las librerías.

La obra, un trabajo de la Academia Argentina de Letras, se nutre de algunas de las entradas que figuran en el Diccionario panahispánico de dudas (DPD) —aquellas que son comunes a toda la región lingüística— y prescinde de las dudas que son exclusivas de otros países; por ejemplo, la palabra gilipollas que se utiliza para designar a alguien tonto o idiota, sólo se aplica en España, y por lo tanto no aparece en el diccionario local. Esta operación da como resultado «una obra de menor volumen (500 páginas frente a las casi 900 del DPD) manuable y fácilmente portátil en el portafolio del caballero o en la cartera de la dama», señala Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras.

En el rubro culinario, por ejemplo, las diferencias entre las dudas recogidas en el DADI y en el DPD son notorias. Para consultar cómo se escribe fugaza o fusili (así, se escriben así) deberá recurrir al diccionario local, mientras que si busca saber qué es el grog (una bebida de agua caliente azucarada y licor) encontrará la respuesta en la versión panhispánica.

A la hora de nombrar países o regiones también hay diferencias: el DPD registra la palabra Falkland como una opción para referirse a las Islas Malvinas, mientras que en la interpretación local sólo figura Malvinas , ya que, como señala Barcia, «Para un argentino no hay dudas de que las islas se llaman Malvinas, como originalmente fueron bautizadas. Aceptar otra designación es un caso de colonialismo toponímico».

Además de suprimir dudas que no son habituales para los argentinos, el DADI se destaca por incluir alrededor de trescientas dudas que sí se presentan con frecuencia por estos pagos. Entre las más comunes figuran casos de concordancia, el uso de locuciones adverbiales y preposiciones, las conjugaciones de verbos irregulares y el significado de determinadas voces.

Barcia ejemplifica con algunos de los errores típicos de los hablantes argentinos: «Bajo este punto de vista: nuestro hablante suele ver el punto de vista como un techito que lo cobija», dice Barcia; «lo correcto, en este caso, sería: Desde este punto de vista». Otros errores frecuentes: Tengo un hambre negro, suele escucharse, olvidándose de que el sustantivo hambre es femenino. O: Mi cónyugue, en lugar de cónyuge (atados al mismo «yugo»: el matrimonio).

Las dudas que aparecen en el Diccionario son reales, ya que se trata de consultas que la Academia Argentina de Letras recibe a diario por correo electrónico. Además de basarse en ese registro, el Diccionario se nutrió de «buenos libros de la especie como el DPD; el clásico Dicionario de dudas y dificultades de la lengua española , de Manuel Seco, los de José Martínez de Sousa o los de Manuel Rafael Aragó, entre otros», apunta Barcia.

Este trabajo, cuentan los autores en el prólogo, tuvo un punto de partido a mediados de los años ochenta, cuando una serie de notas periodísticas dio a conocer el trabajo que hacía el servicio de consultas telefónicas de la Academia de Letras. Con la difusión de esta tarea, la cantidad de consultas se multiplicó por diez y se diversificaron los consultantes: además de los habituales correctores, empezaron a llamar periodistas, agencias de publicidad, docentes y estudiantes.

Con el material generado, a comienzos de los años noventa la Academia confeccionó unos folletos que empezó a distribuir en actos públicos. Eran hojas impresas donde aclaraba algunas de las dudas más difundidas entre los argentinos. En 1992, juntaron esos folletos y se publicó un libro de dudas idiomáticas frecuentes.

«Ese volumen impreso se constituyó así en el primer diccionario de dudas editado por una academia de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE); pequeño, pero con el ADN de la especie», cuenta Barcia.

Las dudas y errores son motivo de celebración, ya que a base de ellos se aprende. «Es altamente positivo que nuestros hablantes tengan dudas, ello señala que hay conciencia y preocupada responsabilidad por hablar correctamente la lengua común», agrega Barcia.

Y si todavía no encontró el equívoco del comienzo, le damos una ayuda hasta que compre el diccionario: la respuesta al acertijo está unos pocos renglones arriba.

Publicado 24/10/2011
María Paula Bandera, ESPECIAL PARA CLARIN
www.clarin.com
Jueves, 20 de octubre del 2011

CREATIVIDAD



¿QUIERE SER CREATIVO? !VUELVA AL JARDÍN DE INFANTES!

“Todos los niños son artistas. El problema es como permanecer siendo artistas cuando crecemos”.

Cuando Pablo Picasso hizo ese comentario muchos tal vez no hayan comprendido, en la época, el real valor de lo que el maestro quería decir, y sin duda muchos hoy todavía no comprenden o no le dan la importancia debida.
Con las recientes discusiones respecto de la creatividad, todo lo que envuelve esa habilidad, innata al ser humano, y su importancia para el futuro de las empresas y negocios del siglo XXI en el mundo, es saber por qué a lo largo de su vida las personas se tornaron tan eficientes para realizar tareas mecánicas, burocráticas y analíticas y tan mediocres cuando son desafiadas a traer una idea nueva para la empresa. Tan poco innovadoras para intentar hacer de un modo diferente o más rápido algo que hasta entonces imaginaban que fuera inmutable.
Hoy hay en algunos países un amplío debate que repiensa y cuestiona los sistemas educativos que hace 200 años – desde la Revolución Industrial – no se actualizan y mantienen niños y jóvenes orientados apenas para el trabajo profesional y muy poco para las habilidades de pensar, jugar y crear. David Kelly, fundador de una agencia global de innovación – Ideo, dice que somos enseñados en la escuela a pensar apenas de forma analítica, donde todo es un sistema y el pensar lineal es el medio para alcanzar el éxito profesional. No hay nada de malo en ello, entretanto, la negligencia con que escuelas, universidades y padres de un modo general tratan la imaginación, la intuición, la creatividad y el pensamiento creativo nos lleva a la reflexión preocupante de que estamos educando a nuestros hijos para ser todo menos creativos, originales e innovadores. Las consecuencias de esto en un mundo cada vez más competitivo y carente de nuevos negocios, nuevas ideas y soluciones para cuestiones económicas, políticas, ambientales y sociales, tienden a ser devastadoras.
Ken Robinson, consultor educativo del gobierno británico va más allá. “La escuela mata la creatividad”. Él defiende que preservar y estimular la imaginación y la creatividad de niños y jóvenes debería ser tan importante cuanto alfabetizar o enseñar matemática. Y que la escuela de hoy de forma severa estigmatiza el error. No diría que la escuela mata la creatividad, mas la reflexión es válida y un nuevo modelo educativo debe ser discutido. El actual sistema educativo en diversos países del mundo, incluso en Brasil, destaca la linealidad, la evaluación, la punición y además condena al error y al diferente. Niños y jóvenes se tornan cada vez menos brillantes, menos innovadores y menos originales y más inseguros y propensos al trabajo sistemático, ejecutivo y mecánico que les traiga seguridad y los mantenga lo más lejos posible del error. En esa línea el ser humano tiende a escoger la fuga y no intentar lo nuevo, procurando siempre la zona de confort, donde él raramente crea, no observa diferentes visiones y fatalmente lleva su vida entera arrastrándose en un trabajo seguro, práctico, confortable, pero que no le trae significado alguno.
El sociólogo italiano, Domenico De Masi dice: “La sociedad ideal, pos-industrial que nos encontramos hoy, debería ser una mezcla entre la razón y la emoción, la racionalidad y la creatividad. Y no mucho de uno y poco (o nada) de lo otro.” Al respecto afirma también que cada vez más estudiantes optan por profesiones consideradas lucrativas y dejan de lado sus sueños e ideales por el simple miedo de errar y por no sentirse suficientemente creativos para hacer algo nuevo y de lo que gusten. “Es preciso predisponer a los jóvenes a la innovación, ayudarlos a reducir sus resistencias a las mudanzas. La familia y la escuela se encargan de acompañar progresivamente a los niños de la fase del juego alegre a la fase del trabajo triste. La escuela de hoy es una represión de la alegría y de la creatividad que limita y mata el potencial creativo de los niños poco a poco”, argumenta.
Observe un niño jugando. El hace lo que le gusta, se divierte y el resultado es siempre algo inusitado y creativo. Cuando pedimos a un niño hacer algo completamente nuevo y desafiante, en el mismo instante acepta, sin miedo del ridículo, del error o de la crítica. El aprende, erra, intenta nuevamente, acierta y de esa forma está pronto para asimilar una nueva habilidad.
La base de la creatividad es la imaginación que, a su vez, es alimentada por la intuición. Algo que perdemos poco a poco a lo largo de la vida, muchas veces por nuestra propia culpa. Un niño hasta los cinco años de edad aún no está envuelto en formas y repertorios educativos y culturales pre-establecidos y tiene en la intuición e imaginación sus mayores fuerzas para expresar sus deseos, sueños y vocaciones. El crea de forma libre y original. Nosotros, adultos, matamos la originalidad y lo creativo, pues usamos poco la imaginación y la intuición en nuestro día a día – fuimos entrenados para todo en la vida menos para lidiar con nuestras emociones, imaginación e intuición.
¿Repararon que los buenos recuerdos de la escuela vienen de los juegos con amigos, clases de arte, educación física, música? Es así, y no lo es por casualidad. En el jardín de infantes, en aquel momento niños libres y llenos de vida, son estimulados en un ambiente de confianza y creatividad donde diversos proyectos y disciplinas son aplicados y construidos con prácticas innovadoras, lúdicas, donde la escuela se torna no apenas un medio para la búsqueda del conocimiento, sino también un medio para aprender libremente, errar, acertar, relacionarse, divertirse y soñar. El niño auténtico no acepta dejarse formar por el mediocre o por lo obvio y falto de interés. Todo eso trae algo fundamental a ellos: significado. ¿Por qué los adultos hacen justamente lo contrario en el trabajo y además no buscan significado para lo que hacen? ¿Y las empresas continúan extremamente burocráticas cuando dicen que quieren innovar? Con el tiempo buena parte de las escuelas, salvo algunas excepciones, se tornan aburridas, faltas de interés, punen los errores, nivelan por la mediocridad y no desarrollan los talentos individuales de los jóvenes. Alguna relación con algunas empresas no es mera coincidencia. Cuando dejo a mi hija de cinco años en la escuelita todos los días, pienso – “porque las universidades y las empresas no pasan un tiempito observando cómo son de divertidos y sabios algunos momentos en el jardín de infantes. Quiere ser creativo, vuelva al jardín de infantes y recupere el sentido de aprender con experiencias, placer y significado.
Autor: Jean Sigel

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Recomendación del día


facultar para algo, no facultar a algo

Según el Diccionario panhispánico de dudas, la construcción correcta es facultar a alguien para algo, no facultar a alguien a algo.

Sin embargo, es frecuente ver en las noticias publicadas en los medios de comunicación una construcción inadecuada con el verbo facultar: «El colectivo facultó en mayo a la sección sindical a tomar todas las medidas posibles, incluida la huelga»; «El consejo nacional del PSC facultó a la Ejecutiva a sondear la nueva alianza».

Las preposiciones que acompañan a facultar son a (introduce el complemtento de persona) y para (antepuesta al complemento de finalidad).

Por tanto, en los ejemplos citados lo adecuado hubiera sido: «El colectivo facultó en mayo a la sección sindical para tomar todas las medidas posibles, incluida la huelga»; «El consejo nacional del PSC facultó a la Ejecutiva para sondear la nueva alianza».

segunda-feira, 24 de outubro de 2011

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Recomendación del día


tremor, no trémor

En español, la palabra tremor es aguda, es decir, que en su pronunciación se acentúa la última sílaba.

En las noticias de la radio y la televisión relacionadas con el volcán submarino de la isla canaria de El Hierro se emplea a menudo la palabra tremor, pero pronunciada como si fuese una voz inglesa o latina: «trémor», con el acento en la primera sílaba.

En sismología, tremor alude a un terremoto característico de los volcanes que refleja modificaciones en su estado interno; también se emplea en medicina como sinónimo de temblor.

Se trata, en español, de una palabra aguda, por lo que no está justificado pronunciarla como llana: «trémor»; solo se pronunciaría así si se escribiese con tilde en la e.

domingo, 23 de outubro de 2011

EL VALOR DEL IDIOMA ESPAÑOL


Carmen Caffarel denuncia la falta de conciencia del valor del idioma español

La directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, ha asegurado hoy que el idioma español "es un tesoro" y ha alertado de que "no siempre somos conscientes del valor de nuestro idioma".
En la conferencia titulada "500 millones de lectores", pronunciada en la Universidad de Sevilla dentro del ciclo "Leer en el Siglo XXI", Caffarel ha asegurado que el idioma español es "capaz de generar riqueza y de crear empleo", y que en la actualidad es "un idioma de prestigio, admirado en todo el mundo".
"El español es la segunda lengua de comunicación internacional, tras el inglés, y la tercera más utilizada en internet, con el ocho por ciento de los usuarios de la red", ha afirmado Caffarel, quien también ha asegurado que es el idioma que experimenta un crecimiento demográfico más rápido, solo superado por el chino.
El 10 por ciento de la población mundial será hispanohablante en tres generaciones, en 2030 habrá 535 millones de hispanohablantes, 600 millones en el año 2050, y en 2040 Estados Unidos será el primer país del mundo en hispanohablantes, por delante de México, que ocupa ahora esa posición, con sus 100 millones, según los datos aportados por Caffarel.
En la actualidad en España vive sólo uno de cada diez hispanohablantes y los otros nueve están en América, continente en el que más de veinte naciones tienen este idioma como el oficial.
En cuanto a aprendizaje, el español también es la segunda lengua más demandada en el mundo, y lo estudian 20 millones de personas, por tratarse de "una buena inversión de futuro", sobre todo en el plano laboral, ha señalado Caffarel al citar un estudio que señala que los trabajadores estadounidenses que hablan español e inglés cobran una media de 7.000 dólares anuales más que los que solo hablan inglés.
Para obtener el diploma oficial de español que expide el Instituto Cervantes hay matriculados este curso 63.000 alumnos, el 9 por ciento más que el curso anterior, pese a la crisis de ámbito mundial.
La industria editorial en español es la cuarta del mundo y, según Caffarel, en 2020 el libro electrónico "le habrá ganado la partida" al libro convencional.
El lector de libro electrónico -el 20 por ciento más barato, aunque requiere un dispositivo lector- compra tres veces más libros que el de libro convencional; el digital acapara ya el 20 por ciento del sector en Estados Unidos, el 10 por ciento en el Reino Unido y sólo el 3 por ciento en España.
El 15 por ciento del PIB español lo genera el sector cultural, recordó Caffarel, para quien ante estas cifras "no se debe consentir que se diga que la cultura es gasto, porque es inversión".
Caffarel dirige el Instituto Cervantes, una institución con 77 centros en todo el mundo que poseen 61 bibliotecas que contienen 1,2 millones de documentos y que este último año han registrado casi un millón de usuarios, todos en países no hispanohablantes.

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