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terça-feira, 17 de setembro de 2013

LAVADORA DE TEXTOS

en El Tiempo - Colombia

¿'Preveer'?: pasapalabra

Un concursante del programa televisivo Pasapalabra, que se emite en España, perdió hace poco la posibilidad de optar a un bote astronómico por culpa, entre otras cosas, de una letra 'e' de más. El presentador del espacio, el simpático Christian Gálvez, pedía el término que corresponde a la definición 'percatarse por anticipado de alguna cosa que va a ocurrir' y el jugador dijo 'preveer', pero la respuesta correcta era 'prever'. El propio Gálvez consoló al concursante diciéndole que se trata de un error muy común, y tenía toda la razón.

En efecto, el error de decir o escribir 'preveer' en lugar de 'prever' es algo tan corriente que aparece registrado en casi todos los diccionarios de dudas. Quienes cometen este fallo conjugan 'preveer' -que no existe en la lengua española- como el verbo 'leer', de tal manera que no es nada extraño escuchar las formas 'prevee', 'preveyó', 'preveyendo' y 'preveído', cuando lo correcto es 'prevé', 'previó', 'previendo' y 'previsto'. ¿Por qué es esto lo correcto? Porque 'prever' se conjuga exactamente igual que 'ver', así que lo único que hay que hacer es añadirle a cada forma de este verbo el prefijo 'pre-'.

Hay que tener en cuenta, en todo caso, que al sumarle una sílaba al verbo 'ver', algunas formas monosílabas pasan a ser bisílabas, con lo cual entra en juego la representación gráfica de su acentuación. Me explico: la voz 've' no lleva tilde, puesto que es monosílaba, pero sí la lleva 'prevé', ya que es una palabra aguda que acaba en vocal. Lo mismo ocurre con 'vio'/'previó', 'ves'/'prevés'... Y si la forma original ya llevaba tilde, también la llevará, evidentemente, la que resulta de añadir el prefijo: 'verán'/'preverán'.

Dice el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (Espasa), de Manuel Seco, que el empleo del verbo 'preveer' -que, como hemos dicho, no significa nada en nuestro idioma- es un «vulgarismo frecuente» y que quienes lo usan copian la conjugación del verbo 'proveer'. El Diccionario panhispánico de dudas, de la Real Academia Española, coincide con Seco y afirma que este error tan frecuente es debido «al cruce» entre ambos verbos.

Seco nos recuerda, además, que no se debe confundir el significado de 'prever' con el de 'prevenir', que quiere decir 'preparar' o 'precaver', mientras que el otro significa, como señalamos antes, 'percatarse por anticipado de alguna cosa que va a ocurrir'. Esta definición, que es la que leyó Christian Gálvez en Pasapalabra, es la del Diccionario de uso del español, de María Moliner (Gredos). Este mismo manual, no obstante, también dice que 'prever' es 'pensar en la posibilidad de que ocurra cierta cosa y prepararse para ella', con lo cual parece no estar de acuerdo con la advertencia de Manuel Seco.

Si creen que con estas explicaciones queda resuelto el asunto, se equivocan. Como suele ser habitual, el genial ortógrafo José Martínez de Sousa tiene algo que decir al respecto y opina que no se puede afirmar tajantemente que la forma 'preveer' no haya sido correcta en el pasado en nuestra lengua. En su Diccionario de usos y dudas del español actual (Ediciones Trea), Sousa dice lo siguiente: «... si el latín 'vĭdēre' dio primero 'veer', que evolucionó posteriormente a 'ver', no es arriesgado suponer que en tiempos pasados existió la forma 'preveer', que hoy es 'prever'».

De hecho -recuerda el autor-, palabras como 'veedor' y 'veeduría' provienen de ese viejo 'veer'. Y yo añado que el diccionario de la Real Academia Española y el María Moliner siguen recogiendo en nuestro siglo XXI el verbo 'veer' con el significado de 'ver'. No obstante, el ortógrafo aclara que en la actualidad no se puede considerar correcto escribir 'preveer', aunque parece coincidir con Enrique Oliver Rodríguez, que en su obra Prontuario del idioma se refiere a esta forma como «un arcaísmo ortográfico» más que como un error de tomo y lomo.

Me falta hacer una aclaración: para quienes no lo sepan, Pasapalabra es un concurso de un canal de televisión español que me fascina, no solo por el buen rollo que transmite su presentador, sino porque en él se juega con el idioma y, sobre todo, porque sus creadores han conseguido algo fantástico: han inventado un término -el propio título del concurso- que ha pasado con notable éxito al habla común de la calle. No me extrañaría que dentro de unos años nos lo encontremos en el diccionario con la acepción de 'no lo sé' o 'no sé qué significa'.

En fin, aquel concursante de Pasapalabra perdió la posibilidad de ganar cerca de un millón de euros por culpa, entre otras cosas, de una modesta vocal, pero yo le doy las gracias porque su pequeño error me ha permitido seguir engordando este blog, con el que, por cierto, no gano ni un céntimo.

Ramón Alemán
www.lavadoradetextos.com
@Lavadoratextos

ALBERTO MANGUEL


'La lectura ha sido una actividad de privilegiados'
Por: CARLOS RESTREPO - El Tiempo - Colombia

Su pasión por la lectura lo ha llevado a reunir cerca de 35.000 ejemplares en su biblioteca.Foto: Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

El escritor argentino habló de "cómo hoy se imprimen más libros que nunca antes".


Tendría unos 4 años el día que entendió lo que decía una gran valla mientras viajaba con sus padres por alguna autopista. El escritor argentino Alberto Manguel tiene todavía clarísimo en su mente el recuerdo de la sensación que le produjo. Alguna persona mayor le había explicado que, por medio de ellas, se revelaban mundos maravillosos. “Pero aquellas percepciones eran simplemente actos de magia que perdían parte de su interés porque otra persona los había ejecutado para mí, otro lector: mi niñera, probablemente”, recuerda Manguel en 'Una historia de la lectura'.
Lo que ocurrió luego de que todas esas “líneas negras y espacios blancos” se convirtieron en “una realidad sólida, sonora cargada de significado”, ha sido, quizás, lo más grandioso que le ha pasado a Manguel (nacido en 1948). De ello da cuenta su biblioteca, de cerca de 35.000 volúmenes, que atesora en una granja medieval de una población francesa.
“No sé cuál era la palabra que leí hace tantos años en aquel cartel (creo recordar que tenía varias aes), pero la repentina sensación de entender lo que antes sólo podía contemplar es aún tan intensa como debió serlo entonces. Fue como si adquiriera un sentido nuevo, de modo que ciertas cosas ya no eran sólo lo que mis ojos veían, mis oídos oían, mi lengua saboreaba, mi nariz olía y mis dedos tocaban, sino que era, también, lo que todo mi cuerpo descifraba, traducía, expresaba, leía”, agrega.
Manguel, defensor de la lectura y de las bibliotecas, oficial de la Orden de las Artes y las Letras de Francia (alguna vez también fue los ojos de Jorge Luis Borges), estuvo en el país, en el Festival Visiones de México en Colombia, que se realiza en el Centro Cultural Gabriel García Márquez de Bogotá.
Usted es un estudioso de la historia de las bibliotecas, como lo plasmó en su libro ‘La biblioteca de noche’. ¿Qué papel tiene hoy la biblioteca en el mundo contemporáneo?
Hoy, como ayer, el rol de una biblioteca es el de ser la memoria de sus lectores y también de definir su identidad. Las bibliotecas tradicionales sufren de la falta de espacio: es sabido que toda biblioteca es siempre demasiado pequeña para los libros que deberá contener, y debe recurrir a la censura para limitar su almacén. La biblioteca electrónica permite sobrellevar esta limitación espacial, pero sufre a su vez de una limitación temporal: es un presente constante, sin dimensión material, en el que calidades de añejamiento, jerarquía acumulada a través de los siglos, los aspectos físicos del volumen, no son considerados. Sin embargo, nuestra memoria requiere ambas dimensiones y, por lo tanto, deberíamos tratar de combinar las cualidades de ambas. Hoy, la industria electrónica trata de imponer espacios de bibliotecas que no contienen ni un solo libro físico: sólo ordenadores y un fondo virtual. Esto equivale a reemplazar el acto sexual por un sitio erótico virtual.
Cada vez se ve menos gente con libros y más con tabletas. ¿Qué será del futuro del libro impreso?
No creo en la desaparición del libro de papel. Si bien las tecnologías anteriores han resucitado sólo alguno de sus aspectos en nuestro mundo (la tablilla de arcilla sumeria en el iPad, el rollo de papiro en la pantalla del ordenador), el libro de papel sigue vigente: se imprimen más libros hoy que nunca antes. Lo que ha cambiado es cierto método de lectura: la consulta de un texto, por ejemplo, se hace ahora casi siempre en la versión electrónica. Pero una vez consultado, y hasta leído enteramente, si el lector ha apreciado verdaderamente su lectura, a veces irá a buscarlo a una librería. Si tenemos suerte, desaparecerá el libro basura, la novelita que no requiere una segunda lectura, porque esta puede descartarse más fácilmente en la pantalla. Pero, en cambio, los clásicos (de hoy y de ayer) siguen siendo impresos en papel a pesar de haber versiones electrónicas y print on demand. Muchas editoriales sacan ahora ediciones impresas cuidadas, más sólidas y mejor diseñadas que hace diez años, porque han descubierto que hay un público para cierta buena literatura.
¿Por qué leemos?
Leemos para vivir mejor. No siempre lo logramos, pero aun el intento es beneficioso. Somos criaturas lectoras: creemos que el mundo que nos rodea es un texto que debemos descifrar, y los libros, las crónicas de tales desciframientos. La literatura (a través de los escritores) pone en palabras nuestras experiencias más profundas y nos permite tener esas experiencias sin haberlas tenido en carne propia. Quienes no leen deben recurrir a otros métodos –más arduos, menos fiables– para conocer el mundo. Pero es imposible hacer que alguien que no lee aprenda a leer por imposición. Quizás con el ejemplo se pueda enseñar a leer, y aun así, el método no es seguro. Quizás si nosotros los lectores pudiésemos hacer ver a quienes no leen que la lectura es una de las maneras más sencillas de ser felices, siquiera por un instante, y uno de los métodos más eficaces de rebelarse contra la estupidez del mundo, siquiera en nuestra mente.
Leer fue por mucho tiempo un acto de privilegiados; con la imprenta, se masificó. Pero la competencia por el tiempo de ocio de los seres humanos, acaparado por la televisión y los aparatos electrónicos, parece estarnos regresando a los inicios...
La lectura ha sido siempre una actividad de privilegiados, pero es uno de los pocos privilegios al cual toda persona puede acceder. Siempre hubo otras distracciones: Marcial, en el siglo I, se quejaba de que los romanos preferían el circo a la lectura; hoy son los juegos de video y las charlas electrónicas. Nuestra sociedad recompensa la destreza física antes que la intelectual, porque necesita consumidores que no reflexionen para que la máquina industrial siga adelante. Comparemos los millones que gana un jugador de fútbol con las miserias que cobra un gran escritor o un gran científico. No pensar es más fácil que pensar.
Del otro lado, ¿qué papel cree que está jugando el escritor de hoy?
Ninguno. La lectura no depende del escritor: si fuera así, cada escritor se ocuparía de crear millones de lectores. La decisión de leer o no leer es de cada uno de nosotros. Tal es el poder del lector que es sólo con el paso del tiempo como podemos saber qué escritores permanecerán en los anaqueles. A pesar de tener millones de lectores, Paulo Coelho desaparecerá en las cloacas del tiempo, porque sus libros no tienen nada que decir. En cambio, Juan Rulfo, con muchos menos lectores, ya está en la Biblioteca Universal, conversando con Homero y con Borges. Un escritor debe creer en la inteligencia de sus lectores. Pero, por sobre todo, debe creer en la integridad de su obra y tratar de no traicionarla. Todo el resto es prostitución.
Usted ha dedicado gran parte de su vida a estudiar el acto de leer. ¿Tiene algún ritual particular de lectura?
Mis métodos de lectura no pueden ser los de otro: cada uno tiene que encontrar su propia manera de respirar, de caminar, de comer, de hacer el amor, de dormir y de leer. Aquí no hay reglas. Yo me despierto a las seis y, casi dormido, me voy a mi oficina con mi perra y leo un canto de la Divina comedia, con un comentario distinto cada vez, y tomo notas: tengo un cuaderno para cada canto, y ya he recorrido los cien cantos docenas de veces. Luego desayuno y me paso la mañana escribiendo. Por la tarde, después de la siesta, leo: ensayos, novelas, poesía, teatro; eso depende de mi humor y del azar. Novelas policiales, poesía mística, ensayos políticos... Ahora mismo estoy leyendo poemas de Meekings y de Lorna Crozier, cuentos de Cees Nooteboom, un ensayo de John Freccero (sobre Dante), otro de Svetlana Alexievitch (sobre Rusia), el diario de Sergio Pitol, relatos de Amos Oz, novelas de Juan Gabriel Vásquez y Sian Antoon.
¿Ha cedido a la tentación de combinar su lectura de libros de papel con la de libros en tabletas?
Desgraciadamente, no tengo tiempo para esas cosas. A mi edad (voy a cumplir 66) prefiero los viejos conocidos a la fatiga de hacerme amigos nuevos.

EL HÉROE DISCRETO


Así escribe:

... La hiel, la decepción, la cólera impregnaban no sólo sus palabras y su voz, también la mueca que le retorcía la boca, las manos que estrujaban la servilleta. –Pudo ser una alucinación, una pesadilla –murmuró Rigoberto, sin creer lo que decía–. Con la cantidad de drogas que te metieron en el cuerpo puedes haberte soñado todo eso, Ismael. Desvariabas, yo te vi.

–Yo sabía muy bien que mis hijos nunca me quisieron –prosiguió su jefe sin hacerle el menor caso–. Pero no que me odiaran hasta ese extremo. Que llegaran a desear mi muerte, para heredarme de una vez. Y, por supuesto, farrearse en dos por tres lo que mi padre y yo levantamos a lo largo de tantos años, rompiéndonos los lomos. Pues no. Las hienas se van a quedar con los crespos hechos, te aseguro.

Aquello de las hienas les sentaba bastante bien a los dos hijitos de Ismael, pensó Rigoberto. Unas buenas piezas, a cual peor. Ociosos, jaranistas, abusivos, dos parásitos que deshonraban el apellido de su padre y su abuelo. ¿Por qué habrían salido así? No por falta de cariño y cuidado de sus padres, desde luego. Todo lo contrario, Ismael y Clotilde siempre se desvivieron por ellos, hicieron lo imposible por darles la mejor educación. Soñaban con hacer de ellos dos caballeritos. ¿Cómo demonios se volvieron el par de bellacos que eran? Nada raro que hubieran tenido aquella siniestra conversación al pie de la cama de su padre moribundo. Y encima brutos, ni siquiera pensaron que podía escucharlos. Eran capaces de eso y de peores cosas, desde luego. Rigoberto lo sabía muy bien, en todos estos años había sido muchas veces el paño de lágrimas y confidente de su jefe de las barrabasadas de sus hijitos. Cuánto habían sufrido Ismael y Clotilde con los escándalos que provocaron desde jovencitos.

Habían ido al mejor colegio de Lima, tenido profesores particulares para más materias en las que flaqueaban, hecho curos de verano en Estados Unidos e Inglaterra. Aprendieron inglés, pero hablaban un español de analfabetos mechado con toda esa horrible jerga y apócopes de la juventud limeña, no habían leído ni un libro ni acaso un periódico en su vida, probablemente no sabían las capitales de la mitad de los países latinoamericanos y ninguno había podido aprobar ni siquiera el primer año de universidad. Se habían estrenado en fechorías todavía adolescentes, violando a aquella chiquilla que se levantaron en una fiestecita de medio pelo, en Pucusana.

(Texto de “El héroe discreto”)

GUANTÁNAMO




Guantánamo, el lugar de los nadies
El best-séller John Grisham se refiere aquí al trato dado a los sospechosos de terrorismo detenidos por los EE.UU., que, abandonados y torturados, esperan un juicio que les devuelva la libertad y la identidad.
POR JOHN GRISHAM ESCRITOR ESTADOUNIDENSE. SU ULTIMO LIBRO ES “SYCAMORE ROW” (EN EE.UU.)

Grisham cuenta el caso de Nabil Hadjarab que está desde hace 11 años en Guantánamo por error.

Hace un tiempo, me enteré de que algunos libros míos habían sido prohibidos en la Bahía de Guantánamo. Al parecer, los detenidos los pedían, y sus abogados se los enviaban a la prisión, pero no se los autorizaba a ingresar debido a “su contenido inadmisible”. Sentí curiosidad y ubiqué a un detenido al que le gustan mis libros. Su nombre es Nabil Hadjarab, y es un argelino de 34 años que se crió en Francia. Aprendió a hablar francés antes que árabe. Tiene familiares y amigos en Francia, pero no en Argelia.

En lo que es una tragedia para Nabil, ha pasado los últimos 11 años como prisionero en Guantánamo, en gran medida en confinamiento solitario. En febrero, participó en una huelga de hambre, que derivó en que lo alimentaran por la fuerza.

Nabil estaba viviendo pacíficamente en una pensión argelina en Kabul, Afganistán, el 11 de septiembre de 2001. Luego de la invasión estadounidense, corrieron rumores en las comunidades árabes de que la Alianza Afgana del Norte estaba persiguiendo y matando a árabes extranjeros. Nabil y muchos otros se dirigieron hacia Pakistán en un esfuerzo desesperado por escapar del peligro. En el camino, dijo, resultó herido en una incursión aérea y se despertó en un hospital de Jalalabad.

En esa época, EE.UU. le tiraba dinero a cualquiera que entregara a un árabe foráneo encontrado en la región. Nabil fue vendido a EE.UU. por un botín de US$ 5.000 y llevado hasta una cárcel clandestina en Kabul. Allí lo torturaron por primera vez. Para albergar a los prisioneros de su guerra contra el terrorismo, las fuerzas armadas estadounidenses montaron una falsa prisión en la Base Aérea de Bagram en Afganistán. Bagram se haría famosa enseguida y, en comparación, Guantánamo es una colonia de verano. Cuando Nabil llegó allí en enero de 2002, como uno de los primeros presos, no había paredes, solamente jaulas con alambre de púas. En el crudo invierno, Nabil era obligado a dormir sobre pisos de cemento sin ninguna manta. La comida y el agua eran escasas. En los trayectos de ida y vuelta para sus frecuentes interrogatorios, soldados estadounidenses golpeaban a Nabil y lo arrastraban por las escaleras de hormigón. Otros presos murieron. Después de un mes en Bagram, Nabil fue trasladado a Kandahar.

Nabil negó toda conexión con Al Qaeda, los Talibán o con alguna persona u organización remotamente vinculada a los ataques del 11/9. Y los estadounidenses no tenían ninguna prueba de su implicación, salvo falsas denuncias de otros prisioneros que lo involucraban, obtenidas en una cámara de tortura en Kabul. Varios interrogadores estadounidenses le dijeron que el suyo era un caso de identidad equivocada. De todos modos, EE.UU. había adoptado normas estrictas para los árabes bajo custodia –todos debían ser enviados a Guantánamo. El 15 de febrero de 2002, Nabil fue trasladado en avión a Cuba, esposado, atado y encapuchado. Desde entonces, ha sido sometido a todos los horrores del manual de Guantánamo: privación del sueño, privación sensorial, temperaturas extremas, aislamiento prolongado, acceso mínimo a la luz del sol, ausencia casi total de recreo y atención médica limitada. En 11 años, nunca fue autorizado a recibir la visita de un familiar. Por razones conocidas únicamente por los hombres que dirigen la prisión, Nabil nunca fue sometido a una asfixia simulada. Su abogado cree que es porque no sabe nada y no tiene nada para entregar.

El gobierno estadounidense dice otra cosa. En los documentos, los fiscales militares dicen que Nabil se alojaba en una pensión dirigida por personas que tenían lazos con Al Qaeda y que fue nombrado por otros como alguien afiliado a los terroristas. Nabil nunca ha sido acusado de ningún crimen, empero. A decir verdad, en dos ocasiones se dio el visto bueno para su “transferencia” o liberación. En 2007, una junta de inspección creada por el presidente Bush recomendó su liberación. No pasó nada. En 2009, otra junta de inspección creada por Obama recomendó su transferencia. No pasó nada. Según sus guardias, Nabil es un prisionero modelo. Mantiene la cabeza gacha y evita los problemas. Ha perfeccionado su inglés e insiste en hablar en ese idioma con sus abogados británicos. Escribe en un inglés impecable.

En los últimos siete años, conocí a una serie de hombres inocentes que fueron condenados a la pena de muerte como parte de mi trabajo en el Proyecto Inocencia, que trabaja para liberar a personas detenidas indebidamente. Sin excepción, todos me han dicho que la crueldad del confinamiento aislado es brutal para un asesino de sangre fría que admite libremente sus crímenes. Para un hombre inocente, en cambio, la condena a muerte lo acerca peligrosamente a la locura. Llega un momento en que resulta imposible sobrevivir otro día.

Deprimido y llevado al punto de la desesperación, Nabil se sumó a una huelga de hambre en febrero. Cuando empezó a ganar ímpetu y la salud de Nabil y sus compañeros presos comenzó a deteriorarse, la administración Obama quedó arrinconada. De golpe, debió enfrentar la horrible perspectiva de que los presos cayeran como moscas dejándose morir de hambre ante los ojos del mundo. En vez de liberar a Nabil y los otros presos que no están clasificados como una amenaza para EE.UU., la administración decidió evitar los suicidios obligando a los huelguistas a comer. Nabil no ha sido el único “error” en nuestra guerra contra el terror. Cientos de otros árabes fueron enviados a Guantánamo, tragados por el sistema existente allí, nunca acusados y transferidos eventualmente a sus países natales. No ha habido disculpas, ni comunicados oficiales de arrepentimiento, ni compensación, ni nada por el estilo. EE.UU. se equivocó totalmente pero nadie puede admitirlo.

En el caso de Nabil, las fuerzas armadas y los agentes de inteligencia estadounidenses se fundaron en informantes corruptos que simplemente querían juntar efectivo estadounidense, o peor aún, soplones de la cárcel que intercambiaban historias falsas por golosinas, pornografía y a veces simplemente una suspensión de sus propias palizas.

Recientemente, la administración Obama anunció que trasladará algunos presos árabes más a Argelia. Es probable que Nabil sea uno de ellos y si eso ocurre se cometerá otro error trágico. Su pesadilla no hará otra cosa que continuar. No tendrá apoyo para reintegrarse a una sociedad donde muchos serán hostiles a un ex detenido de Guantánamo, ya sea por suponer que es un extremista o porque se niega a sumarse a la oposición extremista al gobierno argelino. ¿Qué deberían hacer? ¿O qué deberíamos hacer? Primero, admitir el error y pedir disculpas. Segundo: darle una indemnización. Los contribuyentes estadounidenses gastamos US$2 millones anuales durante 11 años para mantener a Nabil en Guantánamo; démosle a este tipo unos miles de dólares para que pueda levantarse. Tercero, presionar a los franceses para que pueda ingresar nuevamente al país. Suena simple, pero nunca ocurrirá.

(c) The new York Times. Traduccion de Cristina Sardoy

POR UNA SOBERANÍA IDIOMÁTICA







Por * Irene Agoff / Susana Aguad / Jorge Alemán / Fernando Alfón / Germán Alvarez / María Teresa Andruetto / Julián Axat / Martín Baigorria / Cristina Banegas / Silvia Battle / Diana Bellessi / Gabriel Bellomo / Carlos Bernatek / Emilio Bernini / Esteban Bér - Página 12 - Buenos Aires


I
@El lema actual de la Real Academia Española (RAE) es “Unidad en la diversidad”. Lejos del purista “Limpia, fija y da esplendor”, el de hoy anuncia la mirada globalizadora sobre el conjunto del área idiomática. Podría entenderse como enunciado referido al carácter pluricéntrico del español, pero como al mismo tiempo la RAE define políticas explícitas en la conformación de diccionarios, gramáticas y ortografías, el matiz de “diversidad” que propone termina perdiéndose en el marco de decisiones normativas y reguladoras que responden a su tradicional espíritu centralista. Las instituciones de la lengua son globalizadoras cuando piensan el mercado y monárquicas cuando tratan la norma. La noción pluricéntrica, entendida en sentido estricto (diversos centros no sometidos a autoridad hegemónica), queda cabalmente desmentida entre otros ejemplos por el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), en el que el 70 por ciento de los “errores” que se sancionan corresponde a usos americanos. El mito de que el español es una lengua en peligro cuya unidad debe ser preservada ha venido justificando la ideología estandarizadora, que supone una única opción legítima entre las que ofrece el mundo hispanohablante.

En la tradición del pensamiento argentino esto se ha debatido profusamente. Desde la intervención de Sarmiento sobre la necesaria reforma ortográfica hasta la afirmación del matiz en Borges, la condición americana de nuestra lengua no estuvo exenta de querellas. Para los hombres del siglo XIX, se trataba de sacudir la condición colonial de esa herencia y por ello emprendieron la búsqueda de formas atravesadas por otros idiomas. Pero si coquetearon con el francés, se asustaron con el cocoliche, y aún más con la idea de que la diferencia provenía de los diversos mestizajes y contactos con el mundo indígena. Las discusiones sobre la lengua fueron discusiones sobre la nación. Durante el siglo XX, los debates sobre la lengua también fueron en gran medida debates sobre las instituciones y sobre el papel del Estado nacional. La emergencia de voces que propugnaban por una “soberanía idiomática” tuvo un momento de condensación cuando el gobierno peronista enunció, en 1952, el objetivo de crear una Academia Nacional de la Lengua para que produjera instrumentos lingüísticos propios. Cuestionaba, así, a las academias normativas existentes, en particular a la Real Academia Española.

Son y no son nuestros debates. En este momento, la crítica a España no debería abrir posiciones de retorno a esos énfasis nacionales. Que por un lado creían en las nuevas amalgamas y por otro tendían a borrar toda diferencia interna, negando, para ser nacionales, la heterogeneidad étnica y cultural de las poblaciones habitantes del territorio. Nuestra contemporaneidad, signada por intentos novedosos de integración sudamericana, en la que por primera vez la región se ha dado instituciones políticas de articulación (el Mercosur, la Unasur, el ALBA) abre una perspectiva fundamental: la de considerar la cuestión de la lengua a nivel regional, como dimensión de esos procesos en los que frente a la globalización mercantil se forja una alianza entre los países de la región.

Una región en la que hay dos lenguas mayoritarias, el portugués y el español, y lenguas indígenas que trascienden las fronteras nacionales, como el quechua, el mapuche, el guaraní, merece políticas de integración y comunicación, apostando al bilingüismo y al reconocimiento de lo plural y cambiante en los idiomas. La lengua es el campo de una experiencia y la condición para la constitución de sujetos políticos y, a la vez, una fuerza productiva.

II
Valoración política de la heterogeneidad más que festejo mercantil de la diversidad. Eso reclamamos. No sólo en lo que hace a territorios nacionales en los que coexisten lenguas indígenas y lenguas migratorias. También afirmación de la heterogeneidad en los usos literarios y expresivos. La idea de un “castellano neutro”, usada en los medios de comunicación y en algunos tramos de la legislación, termina situando una variedad –en general la culta de las ciudades– en ese lugar sin comprender su propia condición relativa y arbitraria. En la oralidad borra las diferencias regionales y en la escritura funciona como llamado a un aplanamiento de la capacidad expresiva en nombre de la comunicación instrumental.

Allí funciona, como es posible ver en las industrias editoriales y en los medios de comunicación, una estrategia de mercado que no supone menos homogeneización y supresión de las diferencias que las viejas instituciones estatales y sus controles disciplinarios. La integración latinoamericana, como horizonte necesario de las políticas nacionales, supone una conjunción de esas heterogeneidades y no su olvido en nombre de una globalización sin asperezas ni rugosidades.

Así como hay discusiones en curso sobre los medios y sobre la Justicia, creemos necesario constituir un foro sobre las cuestiones que hacen a las políticas de la lengua. No es necesario abundar sobre esa dimensión, pero sí enunciar algunos ejemplos: las industrias audiovisuales no pueden pensarse, tal como se hace visible con la ley del doblaje, sin decisiones sobre la lengua o sólo con la idea de trabajo nacional o desarrollo propio; las estrategias educativas centradas en la distribución de herramientas tecnológicas no pueden completar su tarea sin la consideración de los contextos lingüísticos de su aplicación; la literatura no puede desligarse de la consideración social de la lengua que hablamos y tampoco de la situación del mundo editorial, ligado de múltiples modos con los mercados internacionales. Todos estos fenómenos tienen varias dimensiones: la material, económica, empresarial, laboral y la que hace a la fundación cultural. No pueden verse como disyuntivas tenaces, a elegir entre cosmopolitismos entreguistas y defensas soberanistas, sino como la oportunidad única, para América latina, de recrear sus modos de integrarse y diferenciarse.

III
En marzo de 1991, el gobierno de Felipe González, con explícito auspicio de la corona española, creó el Instituto Cervantes, situándolo en principio como dependencia del Ministerio de Asuntos Exteriores. La fecha y la iniciativa de gobierno no son en nada ajenas al proceso político de rápida integración europea en el que en ese período, entre mediados de la década del ’80 y la década del ’90, se encontraba España, obligada entonces a poner en línea con la Unión no sólo los índices de regulación fiscal y un conjunto de estrategias económicas para ingresar plenamente al mercado común europeo, sino también sus políticas de administración pública, educativas y culturales. Es en el marco general de esas reformas que el gobierno español asume la determinación de proyectar institucionalmente la lengua, entendiéndola como bien estratégico. Se inscribe así en una larga tradición europea que arranca en Francia en el siglo XIX. La Alliance Française, que según las mediciones estadísticas de la Unión, se promociona actualmente como la organización cultural más grande del mundo, fue creada en 1883, por un comité de notables entre los que se encontraban Louis Pasteur, Ernest Renan, Jules Verne, el ingeniero Ferdinand Lesseps y el editor Armand Colin. El propósito de la institución, equivalente del tardío Instituto Cervantes, fue también el de difundir la lengua y la cultura francesas en el mundo. Hacia fines del siglo XIX, este objetivo enlaza evidentemente con las políticas de expansión y reparto de zonas de influencia de las potencias imperiales europeas. A cuenta del ingeniero Lesseps no sólo hay que poner esa iniciativa “cultural”, también la construcción del canal de Panamá y del canal de Suez (el uno indispensable conexión oceánica para las nuevas configuraciones del mercado mundial y el otro pieza fundamental de la política imperial francesa); y de su discípulo Alfred Ebélot, la construcción argentina de la zanja de Alsina, foso fronterizo con el mundo indio. La Società Dante Ali-ghieri se funda en 1889, su primera zona fuerte de influencia se sitúa en el norte de Africa. Y ya en el siglo XX, el British Council y las asociaciones de cultura inglesa y en la reconstrucción alemana de posguerra (1951) el Goethe Institut. En los últimos años, en un contexto bien diferente, se fundaron el Instituto Confucio (China) y el Camoes (Portugal), al tiempo que Brasil proyecta su Instituto Machado.

Esta brevísima descripción de los organismos europeos creados para la difusión de sus lenguas centrales, vinculados en general con perspectivas diplomáticas y de política exterior, apunta a señalar que fueron inicialmente concebidos como instrumentos de asociación entre el valor “comunicacional” de la lengua y el sistema de expansión y aclimatación de la economía mundial en el período. La lengua queda así principalmente comprometida en su rasgo instrumental, como dispositivo técnico de penetración económica por una parte, y a la vez como fórmula de colonización y propagación cultural. No muy distinto es el caso del Instituto Cervantes. Adaptado a las exigencias de la integración española a Europa en el auge de la globalización, se propuso sin embargo y desde el comienzo como apéndice de una articulación mayor y específica con la vieja institución reguladora de la lengua, la Real Academia, y sus sedes y correspondientes americanas. El Cervantes se define así en un doble escenario funcional: instrumento de promoción de la enseñanza del español y de divulgación cultural en países y regiones no hispanohablantes, e institución de apoyo a las políticas reguladoras y normativas de la lengua en países de habla hispana. Esta doble función la distingue del resto de los organismos europeos equivalentes. La Academia Francesa o la italiana (Accademia della Crusca) no buscan imponer significativamente formas normativas a través de la Alliance o la Dante; y en el contexto anglófono, como se sabe, no hay institución que rija las mutaciones y variedades de la lengua inglesa. En esos años, los ’90, el Cervantes se asume como correlato y “avanzada” del intenso crecimiento de los negocios españoles en Sudamérica (privatización de las comunicaciones, de la energía y del transporte, fuerte penetración de la banca, etc.). Por su parte, y ya a partir de la década anterior, las industrias culturales españolas comienzan a proyectarse como un campo de profuso rendimiento. La industria editorial, entonces fuertemente subsidiada por el Estado español, fue esbozándose como cifra hegemónica en la región idiomática y beneficiaria de los bruscos procesos de concentración del sector. Desde entonces, el Instituto Cervantes ha sido y es una pieza decisiva en la construcción de la “marca” España. La palabra “marca”, con la que el Instituto Cervantes y sus organismos satélites tienden a identificarse, y referida para nombrar los desplazamientos de mercado, las astucias y fetichismos de la publicidad, constituye una huella histórica evidente del papel que viene asignándose a la lengua.

IV
La lengua no es un negocio, pero a menudo se la trata como tal, y entre algunas corporaciones españolas, por ejemplo, cunde la metáfora de compararla con el petróleo. España no tiene crudo, se dice, pero perforando en sus yacimientos brotó a borbotones el idioma español, que terminó por arrojar más y mejores réditos. Pero las perforaciones no se hacían sólo en Madrid, también en Medellín, en Lima, en Santiago, en Buenos Aires; en materia idiomática, España siempre sintió que se trataba de “sus” yacimientos, pues no se cansa de decir que se trata de un “bien común” e “invaluable”, y que por eso es ella la que se encarga de comercializarlo en el resto del mundo. El patrimonio es compartido, pero la destilación es extranjera.

Para dimensionar la realidad petrolífera de la lengua citaremos sólo algunos datos que surgen del Informe 2012 del Instituto Cervantes: más de 495 millones de personas hablan español. Es la segunda lengua del mundo por número de hablantes y el segundo idioma de comunicación internacional. En 2030, el 7,5 por ciento de la población mundial será hispanohablante (un total de 535 millones de personas). Para entonces, sólo el chino superará al español como lengua con un mayor número de hablantes nativos. Dentro de tres o cuatro generaciones, el 10 por ciento de la población mundial se entenderá en español. En 2050, Estados Unidos será el primer país hispanohablante del mundo. Unos 18 millones de alumnos estudian español como lengua extranjera. Las empresas editoriales españolas tienen 162 filiales en el mundo repartidas en 28 países, más del 80 por ciento en Iberoamérica, lo que demuestra la importancia de la lengua común a la hora de invertir en terceros países. Norteamérica (México, Estados Unidos y Canadá) y España suman el 78 por ciento del poder de compra de los hispanohablantes. El español es la tercera lengua más utilizada en la red. La penetración de Internet en la Argentina es la mayor entre los países hispanohablantes y ha superado por primera vez a la de España. La demanda de documentos en español es la cuarta en importancia entre las lenguas del mundo.

Otro dato final, que no consta en el Informe: el 90 por ciento del idioma español se habla en América, pero ese 90 acata, con más o menos resistencia, las directivas que se articulan en España, donde lo habla menos del 10 por ciento restante. Estos números bastan para comprender el interés en discutir los destinos de la lengua: sus usos, su comercialización, su forma de ser enseñada en el mundo. Si fuera sólo un asunto económico no tendría relevancia el tema, pero afecta a las democracias, a la integración regional, a la soberanía cultural de las naciones.

Pretendemos evidenciar esta realidad, no para crear un frente común contra España, a la que no consideramos nuestra enemiga. El problema es el monopolio, la utilización mercantil de la lengua y la consiguiente amenaza cultural que supone imponer el dominio de una variedad idiomática. España no es el enemigo, pero no solapamos la necesaria polémica que debemos establecer con sus órganos de difusión y comercialización de la lengua. Cuando el rey Juan Carlos le dice al nuevo director del Instituto Cervantes y ex presidente de la Real Academia: “¡Ocúpese de América!”, nosotros conocemos bien la naturaleza profunda de esa ocupación.

España, por lo demás, tiene todo el derecho del mundo a tener una política de Estado en relación con la lengua; lo insólito es que nuestro país no la tenga, cediéndole el “derecho a disfrutar bienes ajenos con la obligación de conservarlos, salvo que la ley autorice otra cosa”, según define “usufructo” el Diccionario de la RAE, al que le rendimos este pequeño tributo, apelando a sus propias definiciones.

V
El Cervantes, organismos como Fundéu (Fundación para el Español Urgente), y las expresiones y acuerdos de colaboración con las Academias Nacionales de la lengua, suelen indicar explícitamente el patrocinio de empresas e instituciones que las promueven: Iberia, BBVA, Banco Santander, Repsol, RTV, Agencia EFE, CNN en español, etc. Los efectos de esta ofensiva de dominio sobre la lengua son vastísimos y de compleja delimitación. Nos interesa destacar aquí, preliminarmente, el modo en que se han ido obstaculizando las vías de comunicación, encuentro e intercambio latinoamericano. Las corporaciones de medios y los monopolios editoriales en combinación con las instituciones y organismos de control de la lengua produjeron un creciente aislamiento cultural entre nuestros países, sólo revisado en el plano político, social y económico por los proyectos de integración regional (Unasur, Mercosur, ALBA), pero no suficientemente interrogado en el plano cultural. Hasta la década del ’70, en el período inmediatamente anterior a la generalización de modelos dictatoriales de gobierno en la región, la literatura latinoamericana produjo, al margen del llamado “boom”, acontecimientos relevantes de cruce e interrelación. Acontecimientos cuya medida no atañe meramente a los mecanismos editoriales de distribución o comercialización del libro, sino al campo de la lengua misma, a sus procedimientos y construcciones poéticas. Los lectores argentinos, no requeridos de esa abstracción de mercado que se presenta bajo la fórmula “español neutro”, incorporaron sin dificultad el conjunto de variedades de la lengua e inversamente el idioma de los argentinos fue asimismo recibido y conjugado por lectores mexicanos, cubanos, peruanos, chilenos o colombianos.

Aunque se trata de una especulación no del todo comprobable, si es cierto que la neutralidad que ahora persiguen las grandes corporaciones editoriales reporta mayores ganancias, es a la vez indudable que pone en funcionamiento un mecanismo de abierto empobrecimiento de la lengua. El programa de uniformización que está en curso es el correlato concluyente de la naturaleza general normativa y de las corrientes totalizadoras de esta etapa del capitalismo. Aun a pesar de sus pronunciamientos y sermones democratistas, el espíritu neoliberal procede de una difusa raíz totalitaria. Si conocimos sobradamente la bestialización económica del programa, sus efectos destructivos de vaciamiento político institucional y los daños generales causados sobre el tejido social, no menos preocupante, aunque de verificación más opaca, resulta el impacto que esa lógica impuso e impone sobre la lengua. Como en la parábola de la “carta robada”: sus alcances están a la vista y a la vez ocultos.

Lo que es cierto respecto del control corporativo de los medios de comunicación lo es también en el campo de la producción cultural, en el sector editorial, en el audiovisual, en la historia literaria reciente, en la traducción, en la enseñanza del español como lengua extranjera o en el amplísimo terreno de la educación pública. Por una parte enfrentamos la tarea de nombrar los efectos de estas políticas de la lengua, pero también, y sobre todo en condiciones de amenaza latente de restauración neoliberal, la necesidad perentoria de establecer una corriente de acción latinoamericana que recoja la pregunta por la soberanía lingüística como pregunta crucial de la época.

VI
Es tiempo, creemos, de sostener el camino de una lengua cosmopolita, a la vez, nacional y regional. Nuestro español, pleno de variedades, modificado en tierras americanas por el contacto con las lenguas indígenas, africanas y de las migraciones europeas, nunca fue un localismo provinciano. Fue lenguaraz y no custodio, es experiencia del contacto y no afirmación purista. Al menos, el que sostenemos como propio. En América latina se han macerado grandes escrituras al amparo de esa búsqueda: desde el ensayismo del peruano José Carlos Mariátegui, que pensaba que una cultura nacional surgía de la doble apelación al cosmopolitismo y al indigenismo, hasta la antropología del brasileño Gilberto Freyre, que vio en el portugués del Brasil una creación de los esclavos africanos. Pero también desde la lengua mixta y tensa de José María Arguedas, lengua que problematiza la herencia colonial, o el barroco americano de Lezama, definido como lengua de contraconquista, hasta la precisa intervención borgeana. Porque Borges, cuyo peso y búsquedas en estas discusiones son innegables, fue quien marcó el camino de una inscripción profundamente argentina de la lengua literaria y a la vez la desplegó como español universal.

Borges es el Cervantes del siglo XX: ésto es, el renovador mayor de la lengua, no sólo para su país natal sino para el conjunto de los hispanohablantes. Si en los años veinte buscó en la sonoridad de la criolledá la expresión idiomática propia, una década después descubría que no se trata de color local: que la lengua estaba en un tono, una respiración, una andadura. Lo hizo de modos polémicos y no poco cuestionables, como su carácter antiplebeyo y sus derivas conservadoras. Pero es el momento de recuperar, con su nombre, una apuesta que toma la suya como inspiración y al mismo tiempo debe modificarla.

Una apuesta, dijimos, a generar un estado de sensibilidad respecto de la lengua, que no se restrinja a una reflexión académica sino que enfatice sobre su dimensión política y cultural, y que se proyecte sobre las grandes batallas contemporáneas alrededor de las hegemonías comunicacionales y la democratización de la palabra. Una apuesta que por ahora imaginamos doble: la constitución de un foro de debates en el Museo del Libro y de la Lengua de la Biblioteca Nacional y el impulso a la creación de un Instituto Borges: un ámbito desde el cual producir una composición latinoamericana de estas cuestiones. Una institución que lleve este nombre, como episodio argentino de una política encaminada a la creación de una Asociación Latinoamericana de la lengua, forzosamente deberá considerar su acto de fundación también como un acontecimiento de la lengua, portador de su memoria viva, de su pasado escurridizo y de las adquisiciones que obtiene y puede perder en su camino. Un Instituto Borges puede ser una institución con sus actos de reunión y reconocimiento, pero también una inflexión para mantener la vida propia del horizonte lenguaraz en el que vivimos.

TAREASPLUS

Colombianos crean en Silicon Valley la mayor plataforma educativa en español

17/09/2013 | AGENCIA EFE
«Tareasplus», la mayor plataforma educativa en español, es obra de dos colombianos que han logrado desde Silicon Valley alrededor de tres millones de visitas mensuales a la web y que su aplicación para móviles sea una de las 20 más descargadas en la tienda virtual de Apple.

Se trata de una gran biblioteca de cursos virtuales nacida hace solo un año y medio para ayudar a los estudiantes que necesitan profundizar en distintas áreas del conocimiento en cualquiera de los 22 países hispanohablantes, aunque también recibe visitas desde Brasil y otras naciones de lengua portuguesa.

Así lo explicó en una entrevista con Colombia.inn, agencia operada por Efe, Hernán Jaramillo, cofundador de Tareasplus, una de las primeras empresas colombianas que ha logrado fondos de capital de riesgo en Silicon Valley, la meca mundial de la tecnología.

Esta tienda virtual (www.tareasplus.com) ofrece cursos en vídeo «para que cualquier estudiante pueda aprender lo que quiera», dijo Jaramillo, al detallar que es un «equivalente a las explicaciones de un profesor» pero supera el límite del tiempo, ya que los programas educativos están disponibles a cualquier hora y en distintas plataformas.

«Hay cursos que pueden durar hasta 20 horas», agregó este emprendedor, para detallar que los cursos pueden estar divididos en módulos y tienen la ventaja de que cada quien decide «a qué velocidad» consume la información.

La idea surgió cuando Jaramillo (38 años) y su ahora socio, Roberto Cuartas (34), estudiaban ingeniería industrial en la pública Universidad de Antioquia, en la ciudad colombiana de Medellín (noroeste), y dictaban clases de matemáticas y física.

Ambos trabajan hoy a caballo entre Medellín y San Francisco (EE. UU.) con el propósito de «seguir resolviendo los grandes problemas de la educación», según sus palabras.

«Nos dimos cuenta que nosotros éramos capaces de replicar nuestras propias enseñanzas en un formato de distribución escalable», apuntó Jaramillo. Fue así que decidieron buscar en Silicon Valley la financiación del proyecto.

Lo que diferencia a «Tareasplus» de otras plataformas de educación virtual es que ofrece vídeos de entre 9 y 12 minutos en formatos «más digeribles y entendibles» y usa herramientas tecnológicas como un «árbol de conocimiento», el cual le propone al estudiante nuevos cursos y le muestra su progreso.

Esas ventajas les ha permitido escalar a los primeros lugares en los motores de búsqueda por internet, agregó.

Los principales mercados de Tareasplus, que ofrece cursos de idiomas, negocios, tecnología o ciencia e incluso ya incluyó unos impartidos por la Bolsa de Valores colombiana, son México y Colombia seguidos por Perú, Chile, Argentina y algunos países centroamericanos, manifestó Jaramillo.

Igualmente su versión para móviles ya ha alcanzado entre «300 o 400 descargas diarias», lo que los sitúa entre las 20 aplicaciones más solicitadas en la región.

Ese movimiento ha sorprendido a los propios creadores de «Tareasplus», ya que han observado descargas en países tan lejanos como Angola.

El modelo de negocio tiene dos vías: la venta de cursos —cuyos ingresos se dividen en un 30 % para Tareasplus y 70 % para el instructor» y la cesión de la plataforma a instituciones interesadas en ofrecer su oferta académica virtual a cambio de una tarifa.

Y en el caso del beneficio que obtienen los docentes se aplica un modelo de escala: «si un profesor vende mil cursos en un año a 50 dólares, tuvo ingresos por 50.000 dólares simplemente porque tuvo mil estudiantes», afirmó Jaramillo.

La siguiente meta de estos colombianos es emular casos de éxito como google al tratar de «compilar la mayor cantidad de información en forma de cursos» para disponer de una gran oferta de conocimiento que les permita seguir creciendo, concluyó Jaramillo.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE






balconear y balconeo no requieren cursiva ni comillas

Recomendación urgente del día



El verbo balconear, que el Diccionario académico recoge con el significado de ‘observar los acontecimientos sin participar en ellos’, no requiere ser destacado con cursiva o comillas.

Tanto este verbo como su derivado balconeo saltaron a los medios de comunicación a finales del pasado mes de junio, después de que los utilizara el papa Francisco en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Río de Janeiro, Brasil: «Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella, Jesús no se quedó en el balcón…».

A raíz de aquel discurso papal, muchos medios, principalmente españoles, comenzaron a publicar noticias en las que emplean este verbo con algún resalte: «Francisco no va a “balconear” la inmensa crisis de Siria», «Podemos ‘balconear’ la realidad o animarnos a cambiarla»…

Puesto que se trata de un verbo español bien formado —recogido en los diccionarios académicos de la lengua y de americanismos, así como en el María Moliner, entre otros repertorios—, en los ejemplos anteriores no habría sido necesario destacarlo entre comillas.

Aparte de esta acepción de balconear, de uso mayoritario en Argentina y Uruguay, el Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, cita otros significados, entre los que cabe destacar: ‘Hacer alguien públicos los asuntos privados de una persona’ (México) y ‘Perder alguien el tiempo’ (Uruguay).

LA RECOMENDACIÓN DIARIA

  LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que  resistencia antimicrobiana   Resistencia a los antimicrobianos , no...