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quarta-feira, 14 de setembro de 2011

PRIMER CONGRESO DE CORRECTORES DE TEXTOS





Primer congreso internacional de correctores de textos en español






Organizado por: Fundación Litterae / Casa del corrector. Argentina,
Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición, (AC) PEAC. México

UniCo. La Unión de Correctores. España

Asociación de Correctores de Textos del Perú. ASCOT Perú

Fechas: 14, 15 y 16 de septiembre del 2011

Lugar: Aula Magna de la Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires (Argentina)

Más información: www.congresocorrectores.org

Publicado 14/09/2011
www.congresocorrectores.org
Martes, 13 de septiembre del 2011

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día




usuarios pioneros o clientes madrugadores, mejor que early adopters

Los early adopters son los consumidores que suelen adquirir productos o servicios, especialmente tecnológicos, antes de que se hagan masivos en el mercado.

Esta voz del inglés aparece con frecuencia en noticias de tecnología y comercio: «A pesar del entusiasmo de los early adopters en la red social...»; «Desarrolladores y early adopters pueden empezar a probar las nuevas funcionalidades del navegador»; «El grupo de los early adopters supuso una décima parte de las ventas y un treinta por ciento de los beneficios».

En lugar del anglicismo early adopters se recomienda usar los equivalentes en español usuarios pioneros o clientes madrugadores, o simplemente pioneros y madrugadores, según el contexto.

Así, en los ejemplos anteriores podría haberse dicho: «A pesar del entusiasmo de los usuarios pioneros en la red social...»; «Desarrolladores y pioneros pueden empezar a probar las nuevas funcionalidades del navegador»; «El grupo de los clientes madrugadores supuso una décima parte de las ventas y un treinta por ciento de los beneficios».

terça-feira, 13 de setembro de 2011

EL ESPAÑOL EN LOS MEDIOS...


ERRORES Y HORRORES DE AGOSTO
Aumentan las quejas por errores y faltas de ortografía, especialmente frecuentes en la edición digital. Los lectores piden una mayor exigencia en el uso del lenguaje

Un minuto. Eso es lo que me pedía Josep Belda, lector de Barcelona para quien «EL PAÍS ha sido y sigue siendo una referencia cultural e informativa»; un minuto de atención al artículo que en ese momento figuraba en la edición digital con el título «Una estrella que nunca debió existir»: había encontrado «no menos de 10 errores gramaticales, ortográficos y tipográficos, amén de una regular traducción del idioma en el que originalmente debió escribirse».
El artículo se corrigió en una versión posterior, pero el daño ya estaba hecho, pues los primeros lectores interesados por la noticia ya se habían llevado una pésima impresión del diario. Y algunos tal vez habían hecho como Anahí Serí, de Valencia, que a la vista de los errores de los primeros párrafos ya no tuvo interés en llegar al final. Y además se sintió menospreciada como lectora, según me explica en su carta.

En los últimos meses ha aumentado el número de quejas por errores. Algunos lectores lamentan que, junto a textos de gran calidad, aparezcan también piezas muy descuidadas. Es el caso de Julián Sánchez Bravo, profesor de español que, como otros muchos docentes, utiliza los artículos de EL PAÍS como material de estudio.

Los errores que más enfadan a los lectores son los ortográficos, y con razón, pues significa que descuidamos precisamente aquello en lo que deberíamos demostrar más competencia, el uso del lenguaje. El domingo 24 de julio, por ejemplo, una entrevista a Baudilio Tomé aparecía con el titular «No preveemos recortes masivos de empleo público». Muchos lectores protestaron por esta falta. Uno de ellos, Jorge Martínez Ara, se molestó en buscar además cuántas veces habíamos cometido el mismo error y lo encontró en 12 noticias publicadas desde 2010.

El 10 de agosto, Alfonso Susanna escribió a la Defensora para advertir de que «por segundo día consecutivo» figuraba en una crónica sobre los disturbios de Londres la siguiente frase: «Cameron ha presidido (...) una reunión (...) para evaluar la respuesta a los saqueos y disturbios que han llevado en 4 días ha practicar 768 detenciones». Ese horrible ha practicar fue corregido, pero una búsqueda en Internet me ha permitido observar que el error sigue vivo en al menos 11 textos de diferentes publicaciones y blogs. Curiosamente, esos textos reproducen la frase con la falta de ortografía, pero la agencia de la que bebieron sale indemne porque nadie la cita.

En la entrevista al actor Jason Momoa, publicada en El País Semanal del domingo 14, escribimos «a elegido usted», en lugar de «ha elegido usted», y en la crónica bursátil del día 10 podía leerse que «también hacabó el día en rojo el español Ibex 35». Horrible.«Si los redactores no tienen formación precisa para escribir en su periódico, alguien debería revisar los textos antes de ser publicados o, al menos, usar el corrector ortográfico automático», afirma Jaime Beruete. Lo peor es que ese hacabó pasó todos los controles y allí seguía cuando revisé el artículo a la vuelta de vacaciones.

También abundan los errores en datos y contenidos. Josep Manuel Sabater escribía el 15 de agosto: «Realmente el nivel de la enseñanza española debe ser muy bajo cuando en el periódico más solvente del país se confunde algoritmo por logaritmo». La confusión se producía, por dos veces, en la crónica «El cámping de Els Alfacs demanda a Google para que retire enlaces sobre la tragedia de 1978». Manuel Campíñez, médico de familia de Vallcarca, encontró otro error en la noticia «El Gobierno prevé ahorrar 2.400 millones con los medicamentos». En ella se decía: «La propuesta de recetar por principio activo (omeprazol en vez de losartán, por ejemplo)». Pues no era un buen ejemplo, porque se trata de dos medicamentos diferentes y, por tanto, no son sustituibles. El omeprazol es un protector estomacal y el losartán un antihipertensivo. Sustituir uno por otro sería una barbaridad. El ejemplo correcto hubiera sido, según el doctor Campíñez, «sustituir la marca Emeproton por el genérico omeprazol, o Cozaar por losartán». Este tipo de errores causan un gran daño al prestigio del diario, pues el lector experto en esa materia puede preguntarse, con razón, cuántos errores habrá en los temas que no domina.

Hay errores que desafían toda lógica, lo cual indica que son fruto de la dejadez o el descuido. En la crónica «Los túneles secretos del coronel» se dijo que «el líder libio puso en marcha en 1984 la construcción de cientos de miles de kilómetros de túneles». Teniendo en cuenta que, como señala Juan Luis Corcobado, «la red entera de carreteras de España está formada por unos 163.000 kilómetros», la longitud de los túneles de Gadafi resultaba a todas luces excesiva. Y, sin embargo, a nadie le chocó.

Ese mismo día, 25 de agosto, Alfonso Ormaetxea encontró otro error también muy frecuente: «Confundir el billion de Estados Unidos, es decir, mil millones, con nuestro billón, que es un millón de millones». El error resultaba especialmente grosero, dado el contexto de crisis, pues decíamos que el magnate que ha contratado al jugador de fútbol Eto'o, Suleiman Kerimov, «tiene un patrimonio de 7,8 billones de dólares, el mismo que Berlusconi y su familia». Tan sorprendente era que la fortuna del magnate ruso fuera de billones de dólares como que la mujer más rica de Francia, la propietaria de L'Oréal, Liliane Bettencourt, hubiera acumulado solo 16 millones de euros, como se decía el día anterior en otra crónica. En ese texto se atribuía también a Stephane Richard una fortuna de 1,7 millones de euros, cuando, según el lector Juan M. Moral, «ese fue su sueldo del año pasado como directivo de France Telecom». «Un poco de lógica y una búsqueda en Internet deberían ser suficientes para evitar estos errores», señala el lector.

Hay titulares que, además de descuido, demuestran ignorancia. «El joven asesinado por la policía en Londres murió por una única bala». Este titular, como certeramente señala Pau Segrelles, de Valencia, revela que quien puso la noticia en página ignora los tiempos del procedimiento judicial, la diferencia entre homicidio y asesinato y el concepto de dolo. Asesinar es 'matar con premeditación y alevosía', algo que en la fase en que se encuentra el proceso está aún por determinar.

Durante este mes de agosto hemos titulado, para disgusto de Rafael García, «El escasez de agua y alimentos atenaza Trípoli». Y también que «Salgado niega que las comunidades autónomas estén en riesgo de colapsar». ¿De colapsar qué?, pregunta Alberto Sanjuan. Un mismo nombre, Otxandiano, ha aparecido hasta de tres formas diferentes en el mismo texto y hemos denominado hastados a los toros que José Tomás toreó en Huelva.

Es una muestra de los horrores de agosto. Puestas una detrás de otra, las quejas por errores conforman la radiografía de nuestras carencias. Y son muchas. Demasiadas para los estándares de calidad a los que aspira este periódico. Los responsables del diario son plenamente conscientes del problema. En una reunión celebrada el pasado lunes, el director de EL PAÍS, Javier Moreno, hizo un severo reproche a toda la redacción por la gran cantidad de errores que se cometen. «El error más pequeño resulta intolerable, porque causa un grave daño a la imagen del diario», dijo.

Cuando un error llega al lector significa que han fallado todos los mecanismos de seguridad. El primer responsable, señala el subdirector Carlos Yárnoz, es el redactor que lo introduce. Y después, toda la cadena de supervisión. «Somos los primeros en lamentar estos errores. Son nuestra obsesión, y sin embargo no conseguimos reducirlos como querríamos», confiesa Yárnoz. Urge un diagnóstico sobre las causas de este deterioro. La edición digital aparece como la más vulnerable. Todo apunta a que hay un problema de exigencia individual, un problema de supervisión y también un problema de formación.

Publicado 12/09/2011
Milagros Pérez Oliva
www,elpais.com
Domingo, 11 de septiembre del 2011

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día



lamento de o lamento por, pero no lamento contra

Las expresiones apropiadas son lamento por o lamento de, pero no lamento contra.

En ocasiones se leen o se escuchan expresiones como: «Lamento contra la burbuja inmobiliaria», «El episodio de Tegualda representa la voz del lamento contra la guerra y sus consecuencias devastadoras», «Su lamento contra el terror contaba con las simpatías de los internautas», «Un poemario como grito y lamento contra las adicciones».

Como indica el Diccionario de uso de las preposiciones españolas de Emile Slager, el complemento que provoca el lamento, o el propio lamento, va regido por las preposiciones de o por, pero no por contra.

Ocurre lo mismo con el verbo lamentarse (‘manifestar pena, contrariedad o arrepentimiento’) que, como intransitivo pronominal, según indica también el Diccionario del estudiante de la Real Academia Española, va igualmente seguido de las preposiciones de y por.

segunda-feira, 12 de setembro de 2011

FILBA 2011


Tres escritores viajeros contra los traductores traidores
12/09/11
Cees Nooteboom, Minae Mizumura y Martín Caparrós en un diálogo imperdible.
Por EZEQUIEL ALEMIÁN, ESPECIAL PARA CLARIN

VIVIR EN OTRO IDIOMA.
EL ARGENTINO MARTIN CAPARROS DIALOGA CON SUS PARES EXTRANJEROS EN EL MALBA.

Cultura, Filba 2011

La novelista Minae Mizumura, que tras pasar su juventud en los Estados Unidos regresó a su Japón natal, planteó su desacuerdo con la forma en que las traducciones al inglés occidentalizan la literatura de su país. “Le aplican un filtro”, dijo el sábado en el auditorio colmado del Malba durante la segunda jornada del Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba). Mizumara habló de las novelas de Kenzaburo Oé: recordó que una expresión tan usada como “irse a la cama”, es completamente inexacta, porque en Japón se duerme en futones.
Con una vida entre varias ciudades, Cees Nooteboom dijo que los norteamericanos inundan al mundo con su literatura, pero apenas el 2% de lo que editan son traducciones de otras lenguas. “Sabemos quiénes son los norteamericanos, pero ellos no tienen la menor idea de quiénes somos nosotros. No leen nuestra literatura, por eso no entienden el mundo”, dijo.
Martín Caparrós, que vivió varios años en París durante los 70, retomó la cuestión del futón: “Nosotros sabemos qué es un futón: es una solución barata cuando uno no puede comprar una cama. Usamos la palabra sin pensar en la tradición japonesa. Le damos un nuevo significado”.
La idea del panel “Vivir en otro idioma”, coordinado por Patricio Zunini y en el que participaron los tres escritores, era conversar sobre los desafíos de escribir en un entorno idiomático diferente.
Para Mizumura leer en inglés era una maldición, porque el suyo era muy mediocre. Dijo que había leído a Dostoievsky en japonés. “Me fascinó. Después lo leí en francés y me aburrió”, contó.
Nooteboom recordó que hace años su editor al francés le recomendó leer a Proust en inglés, porque era mejor que el original. “Para los franceses Proust va a ser siempre el mismo, en cambio los que leen en inglés tienen varios Proust a su disposición, según la traducción”, señaló.
Caparrós confesó su devoción por una saga policial ambientada en la época de los romanos, que leía en inglés. Una tarde, dijo, encontró una versión en castellano. Tan mala impresión se llevó, que volvió al día siguiente con la versión que lo había fascinado: sólo entonces se dio cuenta que la traducción era perfecta.
Para Mizumura, Mishima se empobreció literariamente cuando empezó a escribir con ambición internacionalista. “Perdió el manejo del idioma”, dijo.
El comentario de Mizumura dio pie para que Caparrós se despachara contra los editores que utilizan el concepto de “lo local”, como si una literatura pegada a un contexto real y lingüístico específico estuviese en inferioridad de condiciones respecto a otra, “internacional”, más fácil de traducir y sin necesidad de notas al pie. “Cada vez se habla más de eso; me subleva. Cuando una literatura se vuelve internacional, pierde sus particularidades y se transforma en basura”, señaló.
En el auditorio se veía lo que se estaba diciendo: la dificultad de Mizumura para seguir la charla, la de la traductora para traducirla, la discontinuidad de Nooteboom, que alternaba el castellano y el inglés, el rol cambiante de Caparrós, a veces de panelista, a veces interrogador.

FUNDEU RECOMIENDA...


Recomendación del día


deflagración no equivale a explosión

Al informar sobre el accidente ocurrido en un centro de tratamiento de residuos radiactivos cercano a la ciudad francesa de Nimes, algunos medios están empleando la palabra deflagración como si significase lo mismo que explosión: «La televisión francesa informa de que la deflagración ha causado hasta el momento un muerto y cuatro heridos, uno de ellos grave»; «La deflagración se produjo sobre las 11.45 horas».

Se trata de un error: deflagración no quiere decir explosión, sino 'combustión que se produce con gran rapidez, acompañada de llama y sin explosión', por lo que resulta inapropiado emplear ambas palabras como sinónimas.

Si lo que se desea es evitar repeticiones de explosión, puede utilizarse como equivalente estallido: «la explosión ha causado hasta el momento un muerto y cuatro heridos»; «El estallido se produjo sobre las 11.45 horas».

CULTURA


HOMENAJE A LA LITERATURA BRASILEÑA, EN EL FESTIVAL DE LITERATURA

Celebración de la lengua portuguesa
Moderados por Gonzalo Aguilar, Joao Gilberto Noll, Santiago Nazarian y Moreno Veloso conformaron un panel “muy liberal”, que le dio forma a una mesa sobre la cultura brasileña que se fue bien lejos de las convenciones y lugares comunes sobre el tema.

Fuente: Página 12 - Por Silvina Friera

La pertenencia es como un hongo atómico o un malestar que explota diseminando una incertidumbre productiva. A salvo de esas esquirlas del “ser o no ser” típicamente brasileño quedó la amada lengua portuguesa. La fiesta del III Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba) tiene una sección especial dedicada a la literatura brasileña. El primer debate cruzó a dos escritores, Joao Gilberto Noll y Santiago Nazarian, y al músico Moreno Veloso, en un panel “muy liberal”, como lo definió el moderador Gonzalo Aguilar, integrado por “tres artistas que trabajan en una zona fronteriza, pero a la vez son universales más que brasileños”. El rol provocador lo cumplió a la perfección Nazarian. “Brasil no existe por escrito y no tiene concordancia verbal”, dijo el escritor durante la lectura de un texto titulado Yo contra Brasil, para calentar el ambiente del auditorio del Malba.

Nazarian, un escritor que fue barman en Londres y tocó teclados en una banda de glam rock, explicó las razones de esa objeción. “No tengo problemas con Brasil, pero escribí este texto porque la literatura es una actividad individualista que no puede representar a todo un país. Brasil no tiene una tradición literaria de grandes lectores y me parece una paradoja representar al país por escrito, escribir libros sobre Brasil, porque no es la realidad de la mayoría de los brasileños; las personas no están interesadas por la literatura. Soy brasileño, pero no soy un escritor típicamente tradicionalista o regionalista.” Noll, autor de Lord, A cielo abierto, Bandoleros y Harmada –cuatro novelas traducidas por Claudia Solans y publicadas por Adriana Hidalgo–, reconoció que comparte ese malestar. “La gran influencia, el gran paradigma de la literatura brasileña para mí fue Clarice Lispector, principalmente La pasión según G. H., porque me gusta esta situación de luchar contra las circunstancias. Mis personajes están en constante peregrinación en busca de alguna cosa que quieren conseguir; entonces para mí la cuestión nacionalista es muy problemática.”

Si hay consenso entre los críticos acerca de dos de las obsesiones que atraviesan la narrativa de Noll, el viaje y la disolución de la identidad, después de este debate habría que añadir una más. “Adoro la lengua portuguesa, para mí es el valor supremo de mi ciudadanía. Y es por eso que en mi ficción hay un mestizaje entre la poesía y la prosa. La poesía está presente porque amo la lengua. Ni madre, ni hijo, ni mujer, ni marido: la lengua portuguesa es todo para mí.” Tamaña definición se llevó los primeros aplausos y carcajadas de la platea. Nazarian confirmó que no le gusta una de las “vacas sagradas” de la literatura brasileña, Machado de Assis, que será homenajeado en una de las actividades del Filba, este miércoles. “Tengo más influencias de escritores extranjeros que brasileños porque soy traductor del inglés”, aclaró. “El libro que me ha hecho escritor en la adolescencia fue El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Una novia que tuve me introdujo en Wilde y otros autores homosexuales y arruinó mi vida sexual para siempre”, bromeó Nazarian. “No tengo el background típico brasileño porque vengo de una clase media alta; mis padres son artistas y tengo un padre al que no le gusta el fútbol.”

Veloso comentó que cuando empezó a componer ya no estaba presente la necesidad de afirmar una nacionalidad. “Creo que ahora es más fácil hacer cualquier cosa, pero también uno puede quedarse perdido, hasta el punto de no tener una nacionalidad. La lengua portuguesa es un legado en mi vida; la amo, pero no sé si tanto como Noll. En Brasil, haciendo música, nosotros estamos muy cerca de todos los músicos del mundo. Pero hay una distancia, una lejanía, porque la lengua portuguesa no es muy conocida afuera. Tal vez, ustedes acá, cerca de Brasil, tienen un poquito de la vivencia de la lengua que para nosotros es tan querida.” Nazarian volvió al ataque para superar el tópico de lo nacional. “La narrativa brasileña, el cine también, no tiene tanto una preocupación regionalista o nacionalista. Ahora el realismo es como una plaga en Brasil, la literatura tiene que ser realista, el cine tiene que ser realista. Yo poco a poco soy un escritor cada vez más fantástico. En Brasil es muy difícil trabajar fuera de la realidad.”

¿Cómo iniciar al curioso sin ningún tipo de coordenadas librescas en el panorama cultural de Brasil? ¿Qué lecturas recomendar? Aguilar lanzó la consigna y Noll recogió el guante. Entre los pilares de la cultura literaria brasileña destacó a Graciliano Ramos, Guimaraes Rosa, Clarice Lispector y Rubem Fonseca, “una influencia muy grande para la narrativa realista, aunque es muy diferente de mi literatura”, precisó el autor de Lord. Pero repentinamente reparó en una omisión “imperdonable” que corrigió a tiempo: Raduan Nassar, autor de Lavoura arcaica (1975). “Su prosa está plena de poesía. La literatura de Nassar es pulsional, no cerebral. Por eso no cité a Joao Cabral, que detestaba la música. Y yo escribo siempre con música; mi formación inicial fue en la música.” Nazarian eligió a Lúcio Cardoso y a Caio Fernando Abreu, “el escritor más pop y que más me representa”, autor de la novela ¿Dónde andará Dulce Veiga?, traducida y publicada por Adriana Hidalgo, y de las crónicas Frutillas mohosas, editada por Beatriz Viterbo. Veloso aportó otra perspectiva en la que incluyó a Chico Buarque, especialmente por Budapest, y Guimaraes Rosa porque “fue la primera vez que oí en la prosa el ritmo de la poesía, el gusto y las ganas de trabajar con la lengua portuguesa”. Sobre Clarice Lispector, a la que definió como una ucraniana “maravillosa”, subrayó que fue una extranjera que se integró al país y se transformó en una representante de la cultura brasileña. “Brasil es una mezcla linda y fuerte, y estos escritores son importantes para todos nosotros y para el mundo.”

La puerta de ingreso de Noll para frecuentar la literatura argentina fue El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sabato, “un libro primordial en mi vida de escritor para un chico que estaba fascinado con el existencialismo sartreano”. No le gustan las novelas de Sabato, pero sí ese libro sobre la vida interior de los artistas. “La soledad hoy es un tema político por excelencia en las grandes ciudades del mundo. El dolor de la soledad precisa ser proyectado en la literatura. Yo no estoy acá para hacer una literatura políticamente correcta y rechazar el sentimiento de la soledad porque no es un tema edificante.” Veloso mencionó el Tratado general de ajedrez, de Roberto Grau, un libro sobre “la dificultad de aprender a pensar”. “Perdón por no citar a un artista”, se disculpó el músico. El público se fue retirando de la sala, después de casi dos horas, con la convicción de la enorme riqueza, elasticidad y excentricidad que cultivan los artistas brasileños.

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