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quinta-feira, 13 de setembro de 2012

FERNANDO VALLEJO

LITERATURA › EL ESCRITOR FERNANDO VALLEJO, DE NUEVO EN LA ARGENTINA

“¿Cómo va a morir un verbo que tenía 3000 años de edad?”

En su libro más reciente, El cuervo blanco, el autor “canoniza” la figura de Rufino José Cuervo, un “loco” al que califica como “el más grande de los filólogos de este idioma y el más noble de los colombianos”. El escritor se presenta hoy en el Filba.
Por Silvina Friera

Los locos abren caminos. Fernando Vallejo se mira en el espejo del pasado, en la desmesura de un “loco” del siglo XIX –“el más grande de los filólogos de este idioma y el más noble de los colombianos”– que ha sido elevado a la categoría de santo: Rufino José Cuervo, árbitro de la lengua que “enseñó a hablar bien”. El santo en cuestión es el protagonista de El cuervo blanco (Alfaguara), una biografía que el genial narrador colombiano escribió para honrar su amor por la lengua española y por Cuervo, ese erudito que no vaciló en llevar a cabo la empresa más descabellada: un diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana que quedó inconcluso. “Los géneros literarios son tan insignificantes e inapropiados para decir lo compleja que es la vida que seguir recurriendo a la novela en primera persona –porque en tercera para mí es despreciable– no alcanza. La literatura dice muy poco del dolor de la vida”, subraya Vallejo, invitado al Festival Internacional de Literatura (Filba), que empezó anoche (ver aparte).
Alguien golpea la puerta del salón de un hotel con nombre y estilo francés, donde se hospedan los autores que participan en la cuarta edición del Filba Internacional. Entra la moza con una bandeja. Trae café y agua sin gas. Hay que verlo sonreír y agradecer a Vallejo; es como si la rabia demencial del personaje, la voz belicosa que vocifera un sinfín de diatribas en sus novelas –La virgen de los sicarios o El desbarrancadero– deviniera pura caricia y amabilidad. “Nomás un poquito”, le indica a la joven que comienza a servirle agua. “Ya se me olvidó contra quién estaba hablando mal”, bromea el narrador colombiano en la entrevista con Página/12.
–¿Qué rol le asigna a empresas “locas” como el diccionario de Cuervo? Haber querido dar cuenta de toda la construcción del idioma es un gran delirio. ¿Estos delirios son necesarios?
–Nada es necesario, pero estas empresas iluminan un poco la miseria de la vida del ser humano, porque escribir un libro de filología, de gramática y de lingüística sobre un idioma que es algo inasible, cambiante –un idioma es un río–, tiene más ribetes de locura que de sensatez. Por lo demás, en el tiempo de Rufino José Cuervo todavía el idioma importaba. Era cuando se empezaron a fundar las distintas Academias de la lengua. La primera fue la española; cien años después fundaron la colombiana, después la ecuatoriana y la mexicana. La que ni siquiera se llama Academia de la lengua es la Argentina, que nunca tuvo la pasión por el idioma que pudo tener Colombia, porque éste fue un país de inmigrantes que se le vinieron a sumar al núcleo fundador español; un país que quedó en manos de los italianos, los polacos, los judíos, los alemanes. Entonces nunca vivieron ese purismo idiomático que pudieron tener Colombia y España, que son los dos países en que hubo puristas del idioma que trataban de conservar lo que llaman la “casticidad”. Eso se perdió para todos; es imparable la mezcla de las lenguas y la predominancia del inglés sobre todos los idiomas del planeta. Detrás de la imposición del idioma viene la imposición de una cultura y de una forma de ver el mundo. Si Cuervo escribió un libro loco que era el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, yo estoy más loco que él porque estoy escribiendo un libro sobre Cuervo cuando a nadie le importa ni la gramática ni la filología ni este idioma. Para un loco, uno peor (risas). No les interesa el idioma, lo van a acabar... Ah, yo doy cuenta de que detrás de la colonización del idioma viene la colonización del alma anglosajona, que estamos padeciendo en todos los órdenes. ¡Pero qué más da que tengamos un alma anglosajona o un alma hispánica! Al final de cuentas, somos la misma especie, sometida a la misma tragedia en el mismo mundo-desastre en el que vivimos.
–Pero su interés por el idioma viene de mucho antes de la publicación de El cuervo blanco.
–Siempre me interesó. A contracorriente de todos en Colombia, que pretendían que era un país de gramáticos y donde se hablaba muy bien el español. Lo cual es una tontería porque el español se habla como se puede en todas partes, en todos los ámbitos del idioma. Puesto que la vida humana es tan sinsentido, yo no pretendo darle ninguno, pero sí llenar la mía. Entonces la lleno con esta biografía. ¿A quién se le ocurre escribir un libro sobre un gramático y sobre la lengua, sobre un idioma en bancarrota? Yo no sé si el inglés está en bancarrota, pues como se convirtió en una lengua universal, unos lo atropellan de una forma y otros de otra. Ellos no tienen academias de la lengua, y sin embargo es el idioma que se ha impuesto como lingua franca en los negocios, en la diplomacia –reemplazando al francés– y en la ciencia. El idioma nuestro es un idioma de 22 países subdesarrollados, tercermundistas, pobres, entre los cuales contamos a la pobre España, que se convirtió en un país de mendigos. España es una provincia del idioma anómala porque nosotros estamos unidos por muchas cosas y separados de ellos. Era explicable después de doscientos años de independencia y con un mar de por medio.
–¿Qué ventajas cree que tiene el hecho de que los países latinoamericanos compartan la unidad lingüística?
–Como no le busco utilidades prácticas a las cosas de la vida, me da lo mismo que el idioma sirva como fuente de comunicación. Qué más da la unidad si todo el tiempo estamos uniéndonos y desuniéndonos: uniéndonos para separarnos y nos separamos para volvernos a unir. La Unión Europea se hizo para unir, ahorita se desintegra y después verá cómo la vuelven a armar. Vivimos para eso: para llenar el vacío de la vida, uniendo para desunir. Pero más allá de las razones prácticas, de la utilidad de que estos 22 países conserven un vínculo que los une, el desastre va más lejos que el idioma.
–¿En qué dirección?
–La música es para mí el arte que más llega al corazón. Mire la música hispanoamericana, que era tan hermosa, ¿en qué quedó? Una música muy hermosa de porros, de guarinas, de guarachas, de cumbias, de tangos, de milongas, de boleros, más los pasodobles españoles. En qué quedó esta música, colonizada por el ruido anglosajón que no sabemos cómo se llama porque no he podido entender qué es música disco, qué es música tecno... La literatura no llega al corazón como la música.
–El cuervo blanco tiene un comienzo muy literario, en el cementerio parisiense de Père Lachaise, donde el protagonista encuentra la tumba, sencilla y llena de musgo, de Rufino José Cuervo. ¿Por qué eligió empezar la biografía por el cementerio?
–Así me nació hacerlo. Pensé que sería un buen comienzo empezarlo en la tumba y acabarlo igual –en la tumba–, para que se cerrara rotundamente. ¿Quién de los escritores de este idioma quiere al idioma? Borges no creo que lo quisiera, parecía que era un escritor inglés que escribió en español porque no le quedaba más remedio. ¿Quién lo quería? Y sin embargo, la prosa que escribió Manuel Mujica Lainez es la más hermosa del idioma. Esa, con la de Azorín, es la más rica, lexicográfica y sintácticamente. Lo cual no quiere decir que Azorín y Mujica Lainez fueran grandes escritores, porque una cosa es ser un gran prosista y otra cosa ser un gran escritor.
–En este sentido, ¿Borges sería un gran prosista de la lengua o un gran escritor para usted?
–Hay dos Borges: uno el poeta y el otro el prosista. Del poeta ni hablemos porque es lamentable. No tenía el sentido de la poesía, entendida como la poesía hecha por versos. No era su momento, ya había pasado el momento para que se hicieran grandes poemas en el idioma. Que por lo demás son muy pocos; los versos buenos de la lengua española caben en un cuadernito de escolar. El otro Borges es un escritor de relatos cortos. Uno un poco largo, “El aleph”, es un magnífico relato lleno de sentido del humor y desmesurado, escrito en buena prosa, con riqueza sintáctica. Todos los otros relatos chiquitos, pequeñitos, son una literatura más de divulgación del mundo árabe, por ejemplo “Los traductores de las 1001 noches”. No creo que eso haga un gran escritor a nadie; Borges puede ser un gran divulgador o un buen tratadista de literatura. Son curiosidades de erudito con las que ya acabaron Google, Internet y Wikipedia. Eso que era inaccesible en el tiempo de Borges, ahora con un clic lo tenemos al alcance de la mano. Borges es un personaje bonito por su amor a los libros y a la literatura. Y por su tragedia de quedarse ciego, con lo cual se escapó de leer mucha basura.
De repente, como entusiasmado por el repentino optimismo que le genera su devoción por Cuervo, vuelve a ese amor imperecedero por el filólogo colombiano. El romance comenzó en la infancia, cuando Vallejo leyó Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano. “He ascendido de biógrafo a hagiógrafo, del que cuenta la vida de un simple mortal al que cuenta la vida de un hombre bondadoso que debe estar levantado en los altares. Ya canonicé a Cuervo. ¿Cuántos canonizó Wojtyla, la alimaña polaca canonizadora? Unos 4000 entre beatos canonizados. Yo nomás uno. Pero el mío hace milagros y los 4000 de él no sirven para un carajo.” No escamotea las palabras. No se las aguarda en el reservorio de la mente. No se deja amedrentar por aquello que, en el manual de usos y costumbres, conviene no decir en voz alta. “Cuervo escribió un diccionario loco, disparatado. Nunca precisó qué entendía por construcción y por régimen. No abarcaba todas las palabras, sino las que tenían régimen y construcción, verbos o adjetivos. Era un diccionario sui géneris que no lo había hecho nadie. Si hacer un diccionario ya tiene mucho de desmesura, hacer uno de construcción y de régimen iba más allá. Y en última instancia, arma una historia de la lengua porque estaba implicado con autores del idioma desde los comienzos, desde el año 1100, hasta fines del siglo XIX. Era una empresa sin sentido, lo cual está bien. Qué más sin sentido puede haber que la vida humana.”
–Quizás el gusto que muchos sienten por los diccionarios tenga que ver con cierta fascinación por los cementerios de la lengua, ¿no?
–Sí, tiene mucho de cementerio porque todo diccionario está lleno de arcaísmos. Pero si no tuviera arcaísmos, al cabo de unas décadas los diccionarios se vuelven cementerios porque se mueren las palabras que estaban vivas en el momento en que los hicieron. Nosotros siempre decíamos “oír” y el verbo “escuchar” casi nunca se usaba, pese a que los dos son igual de viables, puesto que vienen del latín, de audire y auscultare. “Escuchar” es “oír con atención”. Pero uno no escucha un trueno. Uno oye un trueno, ¿no? Entonces el verbo “escuchar”, en todo el ámbito de la lengua española, reemplazó a “oír”. Es insólito. Ya no quedan comentaristas del idioma y yo señalo estas cuestiones por molestar.
–¿Qué palabras que se perdieron le generan una profunda tristeza o nostalgia?
–La muerte del verbo “oír” se me hace terrorífica. ¿Cómo un verbo que venía de audire, que tenía 3000 años, puede morirse? Si se muere el verbo “oír”, ¡qué va quedar de mí mañana cuando me muera! Cómo se puede morir una palabra que estaba incorporada en las neuronas, en el código genético. Palabras como el verbo “escampar”, ¿en Argentina se usa?
–Sí, pero en la ciudad rara vez. Es más frecuente en las zonas rurales, y también se usa en Uruguay.
–Ah, no importa que sea en zonas rurales, ¡fíjese qué maravilla! En México nunca se usa; en Colombia sí porque llueve todo el tiempo y prescindir de un verbo como “escampar” sería imposible. Si me pusiera a hacer memoria, la lista de palabras que se han dejado de usar y me duelen sería muy grande. Muchos son localismos de mi tierra de Antioquia, aunque por ser localismos tienen menos dolor para mí. Lo que me duele más es el idioma entero. No quiero decir que no se deban usar localismos en la literatura, porque una novela tiene que estar llena del idioma de la vida, que es el local. Y en mis novelas uso muchos localismos pero de una manera maliciosa, para que se entiendan sin necesidad de un glosario (risas).

BIOÉTICA



Bioética: Filosofía del siglo XXI
A r n o l d o K r a u s

Los retos de la sociedad contemporánea, el uso indiscriminado de una tecnología contaminante y caduca, la brecha cada vez más grande entre países ricos y pobres han provocado el ahondamiento en el ámbito de la bioética, cuya finalidad es la protección de la vida. Arnoldo Kraus apunta en este ensayo la urgencia de fortalecer el pensamiento y la acción bioéticas como garantía para la preservación de la vida en nuestro planeta.
Para muchos, la bioética se ha convertido no sólo en una forma de vida sino en una condición de vida. Supervivencia es quizás el término que mejor resume los avatares incluidos en la agenda de la bioética. Sus peldaños son conocidos: dignidad, justicia, libertad, preocupación por “el otro”, calidad de vida y autonomía son algunos de esos cimientos. Las amenazas que pueden derruir el edificio de la ética también son conocidos: intolerancia, aplicación inadecuada de la tecnología, ineptitud de la inmensa mayoría de los políticos, mal uso del poder y fanatismo, son, inter alía, los vigentes. Tras el fracaso de los modelos que rigen a la humanidad lo único que podría detener la destrucción del ser humano y de la Tierra es la bioética, sobre todo, la bioética laica. Con frecuencia se repite, y es cierto, que la bioética es la filosofía del siglo XXI.
Aunque sea una idea que a muchos disguste, las amenazas sobre nuestra condición como personas y como inquilinos de la Tierra deben mirarse a partir del escepticismo y no del optimismo. No por serendipia, sino por necesidad, el libro que siembra las bases de la bioética, y que se encarga de preguntar acerca del futuro de la humanidad está dedicado a Aldo Leopold.
Leopold, precursor de la ética de la Tierra, afirmó en la década de los cuarenta del siglo XX que “el hombre era el cáncer de la Tierra”. No se equivocó: somos el cáncer de la Tierra. Van Rensselaer Potter, fundador de la bioética, publicó, en 1971, Bioethics. Bridge to the future. La dedicatoria dice: “Este libro está dedicado a la memoria de Aldo Leopold, quien anticipó la extensión de la ética a la bioética”.
Las reflexiones que siguen al reconocimiento son interesantes. Provienen del libro más importante de Leopold, A Sand County Almanac (Almanaque del condado arenoso), texto que transformó la ecología en ciencia y que sirvió de base para crear el Día de la Tierra. Entresaco algunas ideas:
Las primeras éticas se dedicaban a las relaciones entre los individuos; el Decálogo de Moisés es un ejemplo. Tiempo después la ética se dedicó a estudiar las relaciones de los individuos con la sociedad… Hasta ahora no existe una ética que se consagre a estudiar las relaciones del hombre con la Tierra y con los animales y las plantas que crecen en ella… La ética puede ser considerada como una guía para afrontar situaciones ecológicas nuevas o intrincadas… Los instintos de los animales pueden servir de guía para que los seres humanos puedan hacer frente a esas situaciones. La ética es posiblemente un tipo de instinto comunitario en construcción.
Han transcurrido casi cuatro décadas desde la publicación del libro de Potter y casi siete desde que Leopold advirtió del peligro que representa el ser humano para la Tierra, y por inferencia, para él mismo. En ese tiempo, la mayoría de los señalamientos de ambos, y de muchos eticistas han sido insuficientes para impedir el deterioro del globo terráqueo y para repartir las bonanzas de la tecnología. No es necesario ser pesimista para saber que la salud de nuestra casa, la Tierra, ha empeorado desde entonces. No es tampoco indispensable ser científico para cuestionar algunos logros de la ciencia y de la tecnología, tanto a nivel individual como social.
Lo que sí es necesario cuestionar es el uso inadecuado y exagerado de la tecnología. Cuestionar para revitalizar la vieja idea de Albert Einstein, quien, palabras más, palabras menos, advertía que “la única vía para detener el crecimiento inadecuado de la tecnología es la ética”. Junto al cuestionamiento einsteiniano es menester pensar en los usos y en las prioridades del conocimiento. Sin duda fueron esas preguntas las que motivaron a Potter a incluir en su viejo pero no tan viejo libro el capítulo intitulado “Conocimiento peligroso: El dilema de la ciencia moderna”.
Es evidente que el conocimiento científico es imparable. En ese sentido, es, en ocasiones, motivo de preocupación el hecho de que no todos los científicos se pregunten si todo lo que se estudia es útil o prioritario, o si tiene o no sentido seguir realizando determinados experimentos. Por su parte, los eticistas saben que la ciencia carece de límites, de ahí que suelan preguntarse hasta dónde es ético y lícito investigar “todo lo que se desee”. El reto se sintetiza en dos preguntas: ¿Cómo pueden conciliarse las posturas éticas y científicas con respecto al uso, al valor y a los límites del conocimiento?, y, ¿es realmente neutra la ciencia? Me recargo en el doctor José Narro para responder.
En octubre de 2009, el Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México dijo, al recibir el Premio Príncipe de Asturias: “La modernidad debe traducirse en mejores condiciones para los excluidos de siempre. El verdadero saber no es neutro, debe estar impregnado de compromiso social”. En las caras de los excluidos de siempre, es donde el conocimiento y la ciencia deben estar impregnados de compromiso social, y no sólo ser fuente de bonanzas y espejo de la testarudez de quienes suelen manipular y mal usar el conocimiento. De lo mismo hablaba Potter en 1971:
La humanidad requiere urgentemente una nueva sabiduría que provea el “conocimiento de cómo usar el conocimiento” para la supervivencia del ser humano y para mejorar su calidad de vida. Esta sabiduría como una guía de acción —el conocimiento de cómo usar el conocimiento para el beneficio social—podría llamarse la Ciencia de la supervivencia, requisito indispensable para mejorar la calidad de vida. Propongo que la ciencia de la supervivencia deba ser construida a partir de la biología, la cual deberá expandirse por medio de algunos elementos de las ciencias sociales y de las humanidades con énfasis en la filosofía en el sentido estricto, es decir, “amor por la sabiduría”. Una ciencia de la supervivencia debe ser más que una mera ciencia, por lo que propongo el término bioética para enfatizar los dos ingredientes más importantes para adquirir esa nueva sabiduría que tan desesperadamente necesitamos: conocimiento biológico y valores humanos.
El mensaje de Potter es claro: vincular conocimiento biológico con valores humanos. Es decir, mirar al ser humano desde la óptica de la ética. Es decir, atraer a la discusión de las ciencias las palabras adecuadas que cuestionen las formas inmorales en las que se sustenta el poder omnímodo. Justicia, dignidad, libertad, calidad de vida y uso correcto de los recursos generados por la tecnología son algunos de esos principios.
Recurro a la literatura para fortalecer algunos conceptos. Aunque la literatura no compruebe sucesos, permite imaginarlos y recrearlos. En El secreto de Garcilaso, Lezama Lima habla de los falsos dualismos que sostienen nuestra cultura: claridad y oscuridad, arte y vida, experiencia y lenguaje. Lima aseguraba, con sabiduría, que la poesía es la responsable de mediar entre esas contradicciones. El escritor cubano tiene razón: quien lee poesía tiene la virtud de instalarse entre los dualismos de la realidad. Tiene, además, las llaves para abrir las puertas de esos desaguisados evitando quedar atrapado entre ellas. Una de las grandes virtudes de la poesía y de la literatura es ayudar. Ayudar para comprender las razones y las sin razones de la especie humana.
Entre Lezama Lima y Potter queda Charles Percy Snow. Imposible no recordar su conferencia magistral, “The Two Cultures”, dictada en 1959 en la Universidad de Cambridge. Esa conferencia, que posteriormente se transformó en un brillante ensayo, se rejuvenece cada año con más brío debido al inconmensurable avance de la ciencia y a las interminables preguntas de la ética. Snow, científico por estudio y escritor por vocación, planteó, en 1959, en la Rede Lecture, la incomprensión que existía entre intelectuales y científicos así como la dificultad de percibir la condición humana como un todo. La conferencia devino libro: The Two Cultures. An Expanded Version of the Two Cultures and the Scientific Revolution(1959).
Snow sostenía que la separación entre las ciencias y las humanidades disminuye la calidad de la educación y dificulta la solución de los retos y problemas del mundo. Ignoro si el científico inglés leyó a Potter, pero es importante señalar que el texto de Potter, Bioethics. Bridge to the Future, se publicó en 1951, es decir, ocho años antes de que el dualismo entre científicos e intelectuales fuese expuesto en el libro de Snow, The Two Cultures.
La alusión es importante porque en el prólogo del padre de la bioética aparecen las palabras “dos culturas”, es decir, ciencia y humanismo. Potter explica que su libro es un argumento para construir un puente llamado bioética cuyo fin sería unir las dos culturas.
Esa idea, la de unir las dos culturas, debería contar con los métodos adecuados para modificar, a favor del ser humano, algunas formas del poder, sobre todo el político, pero también el que se agazapa detrás de la tecnología en cualquiera de sus modalidades (médica, agrícola, comunicaciones, etcétera). Aunque nunca será una tercera cultura, para que la bioética tenga éxito, los interesados en ella deberán encontrar los caminos para convencer a políticos e industriales acerca de las amenazas contra el ser humano y la Tierra que surgen por su falta de sensibilidad y sabiduría. ¿Cómo debe afrontar la bioética la crisis del mundo, la crisis de la humanidad? Casi cuarenta años después de la publicación del libro de Potter, destacaría, entre muchas urgencias, cuatro puntos:
1. La bioética es una ciencia viva e imprescindible. Justicia, alteridad, tolerancia, dignidad, libertad y autonomía son algunos de sus pilares.
2. La bioética busca dotar a las ciencias de humanismo con la finalidad de mitigar el deterioro de la Tierra.
3. La bioética busca fomentar y salvaguardar los principios básicos que hacen del ser humano un ser humano y de la Tierra no sólo una casa, sino una obligación futura.
4. La bioética debe encontrar los caminos adecuados para mejorar las condiciones de vida de los pobres y de los muy pobres.
* * *
Los puntos anteriores son un prolegómeno en constante evolución. Esa mirada se modifica continuamente por los descubrimientos de la ciencia, por el deterioro de nuestro planeta y cambia de acuerdo a las preocupaciones de quienes cavilan en la bioética. Esos puntos permiten destacar innumerables escenarios. Para corroborar si es veraz o no la idea acerca de que la bioética es la filosofía del siglo XXI recurrí a los periódicos. No hay día sin noticias relacionadas con el tema. Los títulos que a continuación reproduzco aparecieron en un lapso de dos semanas (por razones de espacio no los discuto).
1. Londres despenaliza de hecho ciertos casos de asistencia al suicidio. La fiscalía aclara que no se procesará a quien ayude a morir de buena fe a un enfermo incurable que haya tomado la decisión sin presiones.
2. La desglobalización ha empezado, no volveremos al viejo régimen.
3. Vacuna de la malaria para 2011.
4. Panamá niega ayuda a España en el proceso por el jarabe asesino.
5. Yo quiero la parejita. La mitad de los diagnósticos preimplantacionales en Estados Unidos se usan para elegir el sexo del bebé.
6. España acusa a Estados Unidos de apartar a la Unión Europea para rebajar el pacto de Copenhague.
7. París no utilizará el ADN para reagrupar familias inmigrantes.
8. Las mujeres con menos recursos abortan más tarde.
9. La Iglesia mexicana llama “aberración” a la aprobación del matrimonio gay.
10. La Unión Europea abre el debate para fijar una tasa sobre bióxido de carbono.
11. La desertificación también distingue entre ricos y pobres.
12. Unos dos mil enfermos terminales al año piden la eutanasia.
Las noticias relacionadas con la bioética nunca finalizan. Las discusiones tampoco. A continuación enlisto una multiplicidad de temas, todos vigentes, todos complicados, todos en espera de respuestas. Todos fueron noticias periodísticas. Debe hablarse de las hambrunas y de los mil millones de personas que pasan hambre, del bioterrorismo, de la desaparición de las praderas marinas, de la contaminación de las aguas y de los aires, de la negativa de varios gobiernos latinoamericanos, incluyendo los autodenominados de izquierda, de prohibir el aborto incluso en situaciones tan extremas como sería la violación de niñas, de la opinión de la Iglesia acerca del uso del condón en África, de las amenazas que sufren los homosexuales en muchas partes del mundo, del alquiler de úteros en India por parejas europeas, de la compra de órganos, del denominado turismo de órganos en Chipre, Turquía e India por receptores europeos, de los asesinatos de prisioneros chinos en China y la subsecuente extracción de sus órganos para ser trasplantados en estadounidenses y europeos en los quirófanos vecinos, de los dobles estándares que utilizan muchos investigadores cuando realizan experimentos en países pobres, de la manipulación que hacen las compañías farmacéuticas de sus patentes con tal de no compartirlas, de los alimentos transgénicos, de la arrogancia de la medicina preventiva, de la manipulación que hacen con los médicos las compañías farmacéuticas, de los niños y niñas en situación de la calle, del asesinato de médicos que practican abortos y de ese universo que se escribe día a día en el Diccionario de las infamias del ser humano: sin papeles, sin techo, indocumentados, refugiados, etcétera. La multiplicidad de temas no sólo no termina, se incrementa. Todos requieren la intervención de la bioética.
La bioética es una ciencia cada vez más viva y en constante evolución. Quienes la ejercen desde una perspectiva religiosa, quienes la promueven desde el laicismo y quienes se ven implicados por lo que hacen o por lo que no hacen —políticos, religiosos, científicos, humanistas, empresarios—deben repensar las obligaciones de la bioética. Deben también cavilar en las vías para acortar las diferencias entre las personas y los caminos para disminuir las amenazas que atenazan al ser humano y a la Tierra. Por eso escribí líneas atrás la palabra tolerancia. Aunque ética y tolerancia no son sinónimos, comparten muchas miradas. Me apoyo en Michel Walzer. En On Toleration, dice: “La tolerancia hace posible la diferencia. La diferencia hace necesaria la tolerancia”.
Para concluir recurro otra vez a la literatura, ese reino donde es difícil comprobar la verdad pero no es difícil acercarse a ella hasta tocarla y convertirla en realidad. Para muchos pensadores la ética es la ciencia del mal menor; su leitmotiv es beneficiar a muchos, y lastimar a los menos. En la bellísima y tristísima novela, La piedra de la paciencia, Atiq Rahimi explica, en voz de una de sus personajes, su concepto de ética:
Hija mía, afortunadamente, o desafortunadamente, no todo el mundo puede alcanzar la felicidad, ya sea en la vida o en los cuentos. La dicha de unos produce la desdicha de los otros. Es triste pero es así.
La ética sólo podrá avanzar si las dos culturas de Snow dialogan entre sí hasta torcer los brazos del poder político y empresarial, cuyas actuaciones han sumido a la Tierra en un barranco y han hundido al ser humano en un precipicio. Samuel Beckett, entrañable pesimista, bien ilustra, en una de sus obras, las torceduras del poder:
—Cliente —le dice al sastre—: Dios fue capaz de hacer el mundo en seis días y usted no es capaz de hacer un pantalón en seis meses. —Sastre: Pero señor, mire el mundo y mire su pantalón.
Copio las palabras con las que inicié esta lectura: “Para muchos, la bioética se ha convertido no sólo en una forma de vida sino en una condición de vida. Supervivencia es el término que mejor resume los avatares incluidos en la agenda de la bioética”. Responsabilidad es un término vinculado con bioética y con supervivencia. La bioética es también la ciencia de la responsabilidad.
Tras la desaparición del Muro de Berlín, tras el fracaso de las políticas imperantes, tras los descalabros de los modelos religiosos, la bioética laica es la encargada de construir el telar donde la responsabilidad, fruto del conocimiento biológico y de los valores humanos, siga permitiendo la supervivencia del ser humano y de la Tierra.

Fuente:http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/7210/kraus/72kraus02.html


FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


sobre todo y sobretodo no significan lo mismo

La expresión sobre todo y el sustantivo sobretodo no son la misma palabra, por lo que no es adecuado emplear estas dos formas indistintamente.

Según el Diccionario panhispánico de dudas, sobre todo, que quiere decir 'principalmente, especialmente', se escribe siempre en dos palabras, mientras que sobretodo, que significa 'prenda de vestir, larga y con mangas, que se lleva encima de las demás prendas' y que en América se emplea como sinónimo de abrigo, se escribe en una palabra.

Sin embargo, en los medios de comunicación se encuentran frases como: «Los más de 25 000 asistentes bailaron con los ritmos de Calvin Harris y sobretodo con el colofón final que preparó Carl Cox», «Los bombardeos afectaron sobretodo a la localidad de Al Hobei».

En estos casos lo adecuado habría sido: «Los más de 25 000 asistentes bailaron con los ritmos de Calvin Harris y sobre todo con el colofón final que preparó Carl Cox», «Los bombardeos afectaron sobre todo a la localidad de Al Hobei».

quarta-feira, 12 de setembro de 2012

Concurso de blogs en español



Google y la Universidad de Alcalá organizan el certamen de blogs en castellano para potenciar el uso del idioma en la Red
MANUEL ÁNGEL MÉNDEZ Madrid 12 SEP 2012 - 13:10 CET
Fuerte en el mundo real, débil en el virtual. Es la realidad del castellano. Pese a ser la segunda lengua con más hablantes del mundo, 500 millones de personas, solo el 8% de los contenidos online se publican en español frente al 80% en inglés, según Google. En la Red, el idioma de Shakespeare es el rey.

Para intentar equilibrar la balanza, Google ha convocado un concurso de blogs en el que podrán participar autores de una bitácora escrita íntegramente en español creada antes del pasado marzo. El buscador, junto a la Universidad de Alcalá, el portal académico Monografias.com y el organismo Madrid Network, otorgará premios en tres categorías diferentes.

“El inglés es el idioma internacional por excelencia, es lógico que tenga esa influencia, pero no es normal que con 500 millones de hispanohablantes el castellano esté tan poco representado en la Red. Queremos ayudar a cambiar eso”, explica Bárbara Navarro, directora de asuntos institucionales de Google. Indirectamente, el buscador también se beneficia: cuantos más contenidos y de mayor calidad existen en Internet, más efectivo es el algoritmo de Google. Todos salen ganando.

El concurso premiará a publicaciones en las categorías de blog joven, para el autor entre 18 y 25 años que mejor difunda la ciencia y la cultura; blog de enseñanza y aprendizaje del español, en el que se evaluará la innovación pedagógica de la página; y mejor bitácora personal de difusión de la cultura.

En la primera fase, los internautas votarán su publicación favorita y un jurado seleccionará a los ganadores, que se darán a conocer el 21 de noviembre. Los premios: un portátil Chromebook y un curso intensivo en la Escuela de Escritura de la Universidad de Alcalá.

“No sé si decir inquietante, pero la situación del español en Internet no es buena. Un buen ejemplo es la Wikipedia, su versión en castellano es mucho más limitada que la inglesa”, explica el periodista Mario Tascón, uno de los miembros del jurado. En opinión de Tascón, los motivos se deben por un lado al menor poder económico de los países hispanohablantes frente a los anglosajones, pero también al retraso en la adopción y uso de las tecnologías.

Según Navarro, “no se crea suficiente contenido de calidad en español y el que es de calidad muchas veces no está en Internet, está offline. Si con esta iniciativa podemos ayudar a cambiar las cosas, estaremos muy satisfechos”, resume. Las bases podrán consultarse en la página web del concurso.

PROJETOS





Ferramentas para tomada de decisões em projetos
Autor: Orlando Ponce Polanco

Estratégia e direção estratégica | Avaliação de projetos e economia matemática
04-09-2012

Uma decisão é uma eleição entre distintas opções ou possibilidades, que se tomam para resolver problemas ou aproveitar oportunidades. “Problema”, “Oportunidades de Melhora”, “Problemática”, “Processo", se referem em qualquer caso ao que vamos a analisar e decidir. Para simplificar o entendimento o chamaremos “Projeto” baixo o enfoque “Problema-Solução”. Recomendamos seguir um processo:
Definir: Formular o Projeto.
Implica definir os objetivos do projeto em base a um modelo preliminar do problema que contemple as seguintes atividades:
- Definir a equipe de Trabalho.
- Recoletar necessidades e expectativas dos envolvidos.
- Identificar problemas ou oportunidades de Melhora.
- Estabelecer objetivos preliminares, prazos e custear atividades.
Ferramentas recomendadas:
- Ficha do Projeto, para consolidar Objetivos, Prazos, Custos.
- Quadro Bidimensional, para Ranquear Nível de Importância VS Nível de Satisfação.
- Diagrama de Caracterização, para entendimento geral do sistema.
- Tormenta de Ideias combinada com Diagramas de Afinidade e Grupo Nominal, para selecionar as ideias mais importantes.
Medir: Estabelecer Sistema de Medição
Medir a frequência e possibilidades de erros para estabelecer metas em base a recoleção de informação numérica interna e da concorrência. Atividades sugeridas:
- Estabelecer o Fluxo do Processo.
- Estabelecer elementos chaves do problema.
- Definir Indicadores relevantes.
- Recoletar informação numérica.
- Validar o Sistema de Medição para empregá-lo em fases seguintes.
Ferramentas recomendadas
- Fichas de Indicadores para precisar as medições e as fontes dos mesmos
- Fluxograma de Processos, para Identificar elementos chaves.
- Benchmarking, para definir metas realísticas e relevantes.
Analisar: Estrutura Problema e Soluções
Aprofundar nas causas que determinam os erros e definir oportunidades de melhora priorizando-as. Atividades sugeridas:
- Analisar relações Causa - Efeito
- Validar relações em base aos Indicadores
- Definir alternativas de solução.
Ferramentas recomendadas
- Diagramas Causa-Efeito para identificar elementos determinantes das saídas.
- Tormenta de Ideias combinada com Diagramas de Afinidade e Grupo Nominal para selecionar ideias mais importantes
Implantar: Selecionar e Aplicar Soluções
Definir os elementos específicos que serão trocados e as metas finais. Desenvolver o projeto de troca. Atividades sugeridas:
- Selecionar alternativas a Implantar
- Plano definitivo do Projeto
- Implantar soluções
Ferramentas recomendadas:
- Reporte de Gestão para fazer um acompanhamento sistemático do projeto.
- Diagrama de Pareto para selecionar as soluções que aportam maior valor
Controlar: Assegurar Melhora Continuada
Implantar um Sistema de Monitoramento para prevenir que se retorne a práticas anteriores e identificar problemas adicionais.
- Monitorar o processo para identificar intentos de “voltar ao passado”
- Identificação de problemas adicionais
Ferramentas recomendadas
- Tabuleiro de Controle, para estabelecer sistemas de incentivos para os envolvidos.
- Benchmarking, para manter o processo dentro de parâmetros competitivos.
- Definir funções e responsabilidades nas atividades de melhoramento.

Para tomar decisões em ambientes de certeza, risco e incerteza, a matéria prima fundamental é a informação formal.

FUENTE: Gestiopolis

ELVIRA ARNOUX

“Lo lingüístico es fundamental para la integración regional”


DIALOGO CON ELVIRA ARNOUX, ESPECIALISTA EN ANALISIS DEL DISCURSO Y POLITICAS DEL LENGUAJE
Es doctora en Lingüística y eminencia en su área. En los últimos años, su objeto de estudio fueron los actuales procesos latinoamericanos. Analizó los discursos de Chávez y demostró que, lejos del nuevo bárbaro que muestran los sectores hegemónicos, es un gran promotor de la cultura escrita. También desmenuzó los debates de la reunión de Unasur en Bariloche en 2009. Su conclusión es que para consolidar la integración política es fundamental la integración lingüística.

Por Natalia Aruguete y Bárbara Schijman


–¿Qué aspectos deberían fortalecerse en el campo del lenguaje para alcanzar una mayor integración regional?
–Las integraciones regionales deben decidir si van a pasar del plano meramente económico a una integración política, como intenta hacerlo –aunque erráticamente– la Unión Europea, o si van a permanecer en un mercado común, como el Nafta. La Unasur expresa la voluntad de realización política, por eso es necesario estructurar un entramado sólido construido a partir de una participación amplia. Si, por ejemplo, vamos a elegir representantes que intervengan en la toma de decisiones regionales, como lo plantea la Unasur, tenemos que establecer vínculos políticos con los distintos sectores de los otros países para poder articular posiciones comunes, y en esto las lenguas cumplen un papel esencial de comunicación en un espacio tan amplio como el sudamericano. Por eso insisto en el imperativo de desarrollar un bilingüismo español-portugués en toda América del Sur; por cierto, un bilingüismo con diferentes modalidades.
–¿Por ejemplo?
–Una cosa es el aprendizaje de aquellos que van a intervenir en las instancias políticas de la integración regional, que deberán dominar la lengua del vecino, y otra el de aquellos que van a participar en otro tipo de intercambios y que tal vez puedan manejarse con los diálogos bilingües. Hay que atender también a las lenguas indígenas, que en la mayoría de los casos unen pueblos de un lado y otro de la frontera, porque restablecen vínculos que van erosionando los viejos límites nacionales que los Estados construyeron. De ahí la necesidad de asignarles una importancia particular a lenguas de amplia expansión como el guaraní y el quechua. El quechua une a todos los países de la zona andina, mientras que el guaraní es la lengua que domina la cuenca del Plata y es, además, cooficial en Paraguay. En nuestro caso, además, el mapuche enlaza, por el Sur, Chile y la Argentina. Ir construyendo un entramado tal que el español-portugués se acompañe de este fortalecimiento de las lenguas indígenas, y que su conocimiento sea transmitido, también con diferentes modalidades, a la población no indígena.
–¿Cree que el conocimiento/reconocimiento de estas lenguas permitiría una mayor integración?
–Sí, porque son elementos culturales que anclan en nuestra historia, que nos vinculan a los países hermanos y que constituyen un aspecto fundamental de nuestra identidad. El sometimiento que vivieron pueblos y culturas se inscribe en el desarrollo del capitalismo. En la etapa actual se hacen visibles por efecto de la globalización, pero el sentido histórico que tenga ese reconocimiento dependerá de las luchas políticas.
–¿Por qué hace hincapié en el desarrollo del capitalismo?
–Porque su larga historia nos permite comprender la situación actual y debatir las políticas lingüísticas necesarias en esta etapa. En la etapa en la que se formaron los Estados nacionales, estos espacios aseguraban el dinamismo económico con luchas desde distintas posiciones: centrales, secundarias y periféricas. En la etapa actual, la geografía discriminatoria se mantiene. Pero la clausura estatal limita la expansión económica; la economía, ahora planetaria, necesita zonas más amplias y articuladas. Esos nuevos espacios son las integraciones regionales, que en algunos casos se plantean, como dijimos, sólo como integraciones económicas y, en otros casos, también como integraciones políticas. En un momento inicial, el Mercosur se propuso como una integración económica y fue visto, en parte, como un mercado cautivo de las grandes potencias. Pero Unasur, desde su Tratado constitutivo, se define como una integración política que debe construir una identidad y una ciudadanía sudamericanas. La Unasur responde a los imperativos económicos actuales desde una propuesta que contempla aspectos sociales, culturales, ambientales, energéticos, entre otros, para fortalecer la unidad y luchar contra la exclusión y la desigualdad.
–¿Qué rol cumple el conocimiento de las distintas lenguas en este rasgo diferencial de la Unasur?
–Es en esa construcción donde las lenguas intervienen. El tema de las lenguas se comienza a esbozar con el protocolo de Ministros de Educación de 1991. Se plantea la necesidad de expandir las lenguas de los países miembros a los otros, sobre todo del castellano y el portugués. Sin embargo, en toda la década del ’90 no hubo avances significativos: al contrario, el avance real fue del inglés. Desde la UBA hacíamos propuestas al Ministerio (de Educación) para fortalecer una política respecto del portugués, a funcionarios que firmaban decretos del Mercosur educativo, pero veíamos una clara política de refuerzo del inglés. Había todo un dispositivo normativo que no se cumplía.
–¿Qué explicación encontró a esa decisión política?
–En esa etapa estaba en juego el ALCA, una integración de todo el continente con base y cabeza en los Estados Unidos. Como los funcionarios evaluaron que ése era nuestro futuro, la enseñanza del portugués quedó relegada. El ALCA se desestimó completamente en la reunión de Mar del Plata (año 1995) y empezaron a aparecer gobiernos muy distintos a los de la década del noventa en América del Sur. En este panorama sí se plantearon las políticas lingüísticas con vigor y se produjeron avances significativos.
–¿Como cuáles?
–Hay dos leyes fundamentales, una brasileña de 2005, que establece la oferta obligatoria del español en todas las escuelas secundarias de Brasil. En nuestro país, una ley similar de 2009 impone la oferta obligatoria del portugués en todas las escuelas secundarias. Estas dos leyes tienen un aspecto discutible: se trata de una oferta obligatoria que deben hacer las escuelas secundarias de los dos países pero que, al mismo tiempo, es optativa para los alumnos; esto último plantea una serie de dificultades.
–¿Salvar estas dificultades no requeriría, en realidad, de un cambio cultural?
–Lo fundamental es sensibilizar a la población y que adquiera conciencia de la importancia de la integración regional para el futuro de nuestros países. Eso es algo que no se hace; la ley, por otra parte, no se implementa o se dan pasos muy lentos y parciales. Brasil sí ha hecho gestos significativos desde 2005 para la difusión del español.
–¿Usted ubica esa sensibilización sólo en la población?
–En realidad, creo que tampoco está sensibilizado el aparato estatal. En algunos sectores no hay un convencimiento político de que la integración regional sea un proyecto estratégico del Estado argentino. Yo estudié los anteproyectos de nuestra ley; allí sí había una conciencia notable de parte de los legisladores acerca del valor de la lengua en la construcción de la nueva identidad. Se veía la importancia de la enseñanza del portugués e, incluso, de la enseñanza del castellano como lengua segunda y extranjera y se insistía en la formación de profesores. Pero al mismo tiempo hice una investigación pequeña sobre las respuestas online de los lectores en el momento en que se anunció la medida. De 36 intervenciones que seguí sólo tres se referían a la relación entre la enseñanza del portugués y la política de integración regional.
–¿Por qué las políticas lingüísticas no están instaladas en la agenda política?
–Algunas sí lo están, como la educación intercultural bilingüe, que responde a las tendencias mundiales de respeto al otro y a la diversidad, y la difusión del español como lengua segunda y extranjera, que en la actualidad tiene también implicancias económicas. Otras no, como el caso del portugués y de las lenguas indígenas mayoritarias de Sudamérica. Llega a la agenda lo que triunfa en los debates políticos. Las políticas lingüísticas adoptan el plurilingüismo, una categoría que surge de una necesidad política y que se despliega también pedagógicamente. Esto último ha dado lugar a un desarrollo interesante: las lenguas no se ven como espacios compartimentados sino en sus múltiples posibilidades de vinculación. Sin embargo, aquí se adopta políticamente en forma acrítica, sin analizar sus condiciones de producción, en un continente en el que –recordemos– hay dos lenguas mayoritarias. Esto oculta, además, la necesidad fundamental de abordar las políticas lingüísticas en el marco de la integración regional. No quiero decir que se dejen de lado las otras lenguas sino que se piense la relación entre las lenguas y la presencia de cada una de ellas en el sistema educativo atendiendo también al objetivo de conformar una identidad y una ciudadanía sudamericanas.
–¿Por qué en nuestro caso no se hace?
–Pienso que está en relación tanto con la falta de comprensión de los requerimientos de nuestro proceso de integración regional como con los posicionamientos políticos. Esta idea de que tenemos que reconstruir una nación perdida y hermanarnos en un proyecto común viene desde las guerras de la independencia. Hay sectores políticos que se inscriben claramente en esa matriz y van a defender la idea de Patria Grande, mientras que otros están totalmente alejados de esa perspectiva. La mayoría de los presidentes de la región apoyan un proceso de integración regional que tiene también su dimensión social: la búsqueda de una mayor inclusión, entre nosotros, y, en algunos países, la búsqueda de una democracia radical, como lo asociado al reconocimiento de los pueblos indígenas en Bolivia o a la construcción del socialismo del siglo XXI en Venezuela. Pero, lamentablemente, eso llega parcialmente a nuestro aparato educativo, que debiera construir en el país esa conciencia de la integración.
–¿Qué continuidades marcaría entre los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en lo que hace a la Unasur?
–Creo que siguen la misma línea respecto de la valoración e impulso a la integración sudamericana. Néstor Kirchner muere siendo secretario general de la Unasur, cargo que apreciaba particularmente. No sólo apoyó el proyecto sino que participó con energía en la resolución de conflictos en la región. Cristina Fernández actuó decididamente también cuando tuvo lugar la destitución de Lugo y tiene vínculos fuertes con la mayoría de los presidentes sudamericanos. Ha firmado hace muy poco acuerdos importantes con Evo Morales, como lo ha hecho con otros en distintas ocasiones. Su compromiso con la integración regional es claro. Lo que lamento es que quede en el plano del Poder Ejecutivo y el Legislativo, que no llegue a la población, lo que debería ocurrir para lograr una participación política en el marco del espacio regional.
–Es decir que para reforzar la idea de la integración se necesitaría un mayor involucramiento de la escuela, por un lado, y sensibilizar al Estado por otro...
–Sí, y de los medios. Por ejemplo, Telesur, que posibilita el conocimiento de los otros países sudamericanos, no tiene amplia difusión. Es increíble, por otro lado, que en algunas compañías de cable no se pueda acceder a la televisión brasileña, cuando antes sí podíamos hacerlo. Ese es un tema de política regional que tiene que ser tratado en la Unasur; tampoco puede ser que en Brasil uno se entere, en español, por la CNN de lo que está pasando en el mundo. Los medios deben hacer un esfuerzo y los gobiernos deben implementar políticas para que esas emisiones que permiten el conocimiento del otro latinoamericano lleguen a todos. La lengua y la cultura tienen una indudable importancia en ese conocernos. Y en ese sentido, no hay que olvidar la necesidad de implementar políticas conjuntas entre los países hispanoamericanos, tanto para elaborar instrumentos lingüísticos como para preparar materiales para la difusión del español e, incluso, proponer certificados de dominio de la lengua comunes.
El libro Unasur y sus discursos ofrece un análisis sobre la integración regional en los medios de comunicación a propósito de la reunión de Bariloche de 2009, destinada a discutir las bases norteamericanas en Colombia. ¿De qué modo pudo ver que se cubrió este fenómeno?
–Los medios no asignan, en general, demasiada importancia al proceso de integración, y en las coberturas de hechos que se producen en ese marco se pueden apreciar las diferentes ideologías que los sostienen. En el caso de la reunión de Bariloche, salvo excepciones, los medios manifestaron la desconfianza y el escepticismo y cuestionaron el liderazgo de ciertos presidentes latinoamericanos y demonizaron a otros. La mayoría no suele apoyar la integración salvo en casos económicos puntuales.
– ¿Cómo fueron los debates en la reunión de Bariloche?
–En Bariloche, las principales oposiciones se dieron entre Morales y Uribe y entre Correa y Uribe. Este último fue quien más se abroqueló detrás de una discursividad profesionalmente política usando estrategias del discurso electoral, de la respuesta ante la interpelación parlamentaria o del discurso ante organismos internacionales. Desde el principio trató de desplazar el tema –que había sido formulado como la instalación de bases militares en Colombia–, planteándolo como un acuerdo entre Colombia y los Estados Unidos para luchar contra el narcoterrorismo. Ese desplazamiento fue un esfuerzo constante de su parte, que fracasó porque para el resto de los presentes se trataba de la presencia amenazante de tropas norteamericanas. Pero Uribe sabía que lo principal para los otros era mantener el bloque unido y que, en función de eso, el documento final iba a ser muy tibio, porque no querían que los enfrentamientos provocaran la ruptura. En términos generales, se valoró mucho más la Unasur que las declaraciones programáticas.
– ¿Qué dejó el encuentro desde lo discursivo?
–El encuentro en Bariloche marcó en algún sentido el mapa ideológico de la Unasur y reactivó ciertas memorias a partir de la existencia de una amenaza externa. Llevó incluso a que los presidentes tuvieran que definirse en relación con esa matriz de la que hablaba antes. Si bien todos apoyaron la legitimidad del reclamo argentino sobre Malvinas, el papel de los Estados Unidos en la región fue analizado diversamente e, incluso, implicó en algunos discursos cuestionamientos serios. Fue una instancia muy importante en los debates latinoamericanos y pudimos tener la grabación completa porque fue pública, lo que no suele ocurrir. Hay, por otra parte, aspectos discursivos que tienen que ver con la dinámica de la reunión. La figura de la presidenta Cristina Fernández tuvo una marcada incidencia, en el sentido de que orientó, desde el comienzo, estrategias que tendían a que el bloque no se rompiera.
– ¿Qué tipo de estrategias discursivas advirtió allí?
–El gesto antiimperialista se volcó hacia el pasado. Se focalizó Malvinas, lo que tuvo una doble función. Por un lado, que ese gesto antiimperialista se volcara hacia el pasado atenuaba el enfrentamiento. Por el otro, para la estrategia argentina era algo decisivo porque activaba la memoria solidaria de los países de la región. Esto último era esencial, y permitía ir instalando algo de notable peso político que es considerar a Malvinas como un territorio sudamericano ocupado, que se recuperará por acción de los países de la Unasur en su conjunto. Verlo como un territorio común ocupado no sólo activa esa vieja memoria sino que plantea gestos estratégicos fundamentales para nosotros. Creo que eso fue manejado con gran habilidad. Otro elemento que me llamó la atención en la dinámica de la reunión es que hubo un desplazamiento del lugar de enunciación: del lugar del político al lugar del profesional.
– ¿Con qué objetivo?
–Como muchos de los presidentes provienen de los campos sindical, médico, militar, eclesiástico, académico o jurídico, eso se pudo hacer con gran facilidad. Unos y otros se desplazaban cómodamente del lugar del político al del profesional y hablaban como expertos. El efecto era, en este caso también, atenuar la posibilidad de rupturas, es decir, no se hablaba desde el terreno netamente político sino desde otro. Frente a un hecho tan terrible como la instalación de bases norteamericanas en Colombia, que amenazan a la región en su conjunto, se planteó este modo de tratarlo. En este desplazamiento nos detuvimos en el análisis.
– ¿Qué particularidades encontró en el estudio que hizo sobre el presidente Chávez, que la llevó a publicar El discurso latinoamericanista de Hugo Chávez?
–Al comienzo me interesó la relación de Chávez con la cultura escrita. Frente a la demonización de su figura y la presentación de él como un nuevo bárbaro, a partir de la lectura de sus textos podía apreciar que era un notable promotor de la cultura escrita, alguien que prepara sus discursos a partir de lecturas, pone a su auditorio en contacto con un universo discursivo amplísimo, lleva libros y los lee, recita poesías y cuenta episodios de novelas. Para él, la cultura escrita es un valor, algo bastante excepcional que no encontramos en los discursos de otros presidentes y que proviene del pensamiento ilustrado. El primer trabajo que hice fue sobre el Chávez lector: lo que eso implicaba, lo que ponía en juego, cómo su estrategia discursiva se estructuraba en torno de la cultura escrita, cómo proponía libros, cómo impulsaba ediciones. Además, me interesaba cierta conciencia que tenía Chávez...
– ¿Conciencia de qué?
–De que si pensamos hacer una integración política es muy fácil activar la vieja matriz latinoamericanista, porque ha permanecido viva en los distintos movimientos nacionales y populares del continente, con distintos nombres y acentuaciones. Lo escuchaba a Chávez y veía el modo en que aparecían cuestiones tales como integración, memoria de la Independencia, valoración de una democracia radical, hermandad de nuestros pueblos, reivindicación de los antepasados indígenas. Chávez evoca estos elementos con notable entusiasmo cada vez que habla. Yo había trabajado esa matriz de los discursos latinoamericanistas, que activaba el presidente venezolano, tal como se constituye en el momento de las guerras de la Independencia, a partir de textos que se publicaron en Chile en 1862. El discurso de Chávez tiene también la impronta de los grandes relatos modernos, utópicos.
– ¿En qué rasgos lo nota?
–La interrogación que dio lugar al estudio partió del efecto de anacronismo que producían sus discursos frente a los dominantes en la década del ’90. Frente al neoliberalismo, que planteaba que esos discursos eran viejos, de pronto, en un lugar de América, aparecían sostenidos por un presidente y encarnados en sectores importantes de la población. Lo que explicaba por qué ese discurso era posible y aceptado era, entonces, la necesidad de la integración regional de avanzar hacia una integración política, cosa que exigía un imaginario compartido. Chávez entiende bien que la lucha política es central para desarrollar una propuesta democrática y solidaria que no termine con los más débiles como es la tendencia habitual del capitalismo.
–A partir de sus observaciones de la estrategia de la Unasur en aquella reunión de Bariloche, ¿cómo evalúa la decisión del Mercosur de suspender provisoriamente a Paraguay a raíz del golpe institucional contra Fernando Lugo?
–Creo que fue un gesto hábil frente a una situación que no dejaba muchas alternativas. Por un lado, permitió denunciar la actitud golpista del mismo Senado que se negaba al ingreso de Venezuela en el Mercosur. Por el otro, la suspensión de Paraguay hizo posible el ingreso reclamado por los otros parlamentos. En el caso de Lugo trabajamos con los discursos electorales y de asunción, es decir, los iniciales de alguien que ingresaba a la vida política. Lo que analizamos era cómo el discurso político se desplegaba en el entramado religioso, una estrategia efectiva para que Lugo ganara las elecciones: hablaba en nombre de todos, evitaba los enfrentamientos y las agresiones, evocaba al pueblo paraguayo, utilizaba símbolos, tópicos, elementos propios del catolicismo. La discursividad política tenía una fuerte impronta religiosa y generaba el efecto de sacralización de aquella con la consiguiente recuperación de la política como instrumento legítimo. Nuestras observaciones finales planteaban que todo esto le había sido muy útil en la campaña y en los momentos celebratorios de la asunción, pero imaginábamos que cuando tuviera que enfrentar las tensiones de la vida política y los agudos problemas que Paraguay presenta, posiblemente tendría que elaborar otros recursos y modelar diferentemente su discursividad. Para evaluar si lo logró o no tendríamos que avanzar en el análisis considerando los discursos posteriores.

AFORISMOS SOBRE TRADUCCIÓN












He recogido algunos aforismos de la obra de Salvador Peña Martín publicada por el Centro Virtual Cervantes – Aquellos interesados en acceder a la obra completa de este autor pueden hacerlo a través del enlace http://cvc.cervantes.es/lengua/aforismos/default.htm. En pocas palabras. Apuntes de un trujamán Colección de aforismos sobre traducción de Salvador Peña Martín, con ilustraciones de Jaime Nieto, con versión para lectores electrónicos. ¡Buena lectura!


• La traducción es una modalidad de la narrativa, cercana a la literatura de viajes. Consiste en dar testimonio de lo que se oye decir en otro libro o en otra voz. Y, como en la literatura de viajes, el testimonio del traductor puede que sea verídico, falso, o verídico y falso a la vez.
• La confrontación entre traducción literaria y traducción técnica no parte de los propios textos, sino de quienes la mantienen para perpetuar su posición en el mercado de la cultura.
• «Todo se puede traducir». «Nada se puede traducir». Ambas cosas son ciertas. Será mejor no perder el tiempo hablando de ello.
• «Traducción e interpretación». Quieren decir: «traducción escrita y traducción oral» (escamoteándonos, de paso, a la interpretación).
• Importa dejar claro que un buen trujamán puede hacer su labor a la perfección incluso aunque le repugne el texto que traduce.
• Desconfío de las traducciones sin notas. ¿Ni un solo pasaje del original estaba oscuro? ¿No había nada en absoluto que decir?
• Hacer de «mala» no le impidió a Bette Davis alcanzar reconocimiento. ¿Se ha premiado alguna vez la traducción de un libro malo? El día en que eso ocurra sabremos que la traducción es una actividad socialmente respetada.
• A muchos les basta, para explicar cualquier alteración del original, la voluntad de quien paga. «Lo he traducido así porque así lo quería el cliente». Mercadotecnia de la traducción.
• Los participantes en el debate entre traducción literal y traducción libre suelen tener en mente buenos ejemplos de la modalidad que defienden y malos de la que atacan. Así no llegaremos a nada.
• Como en toda metamorfosis, hay algo inexplicable en la traducción.
• Uno no lee un libro antes de leerlo. ¿Por qué hay que leerlo antes de traducirlo?
• Todas las lenguas son sagradas.
• Unas condiciones sociales determinadas dan lugar a una clave a partir de la cual se interpreta a la otra cultura; esa clave se plasma en una política de traducción determinada, que genera unas técnicas concretas; las técnicas adquieren validez dentro de un gremio de traductores, y comienzan a repetirse hasta convertirse en rutinas. ¿Es así como funcionan las cosas?
• La traducción literal garantiza el respeto al espíritu sobre la letra. Y la interlineal, el respeto absoluto al lector.
• La literalidad extrema puede satisfacer tanto a los devotos del autor como a sus enemigos.
• Traducción servil, para liberar a la interpretación.
• También las palabras de un loco se pueden traducir.
• Las notas que no me han permitido incluir en las traducciones ¿asediarán los insomnios seniles de mis editores o los míos?
• El profesor de traducción que ya no usa la pizarra sino ordenadores.
• Además de enseñarnos a ver algunas cosas, nuestros padres y maestros nos enseñan a no reparar en otras. Es una clave de la «socialización». Por eso habría que estudiar también la «no-historia» de la traducción, cuyo objetivo sería registrar y explicar aquello que no se ha ido traduciendo.
• Dios se lo pensará mucho antes de hablar. Por precaución ante sus intérpretes, y porque es consciente de que no debe desdecirse.
• A Dios la traducción no le parecerá importante.
• Traducción: disciplina.
• Afirmar que toda traducción es una manipulación no puede proceder sino de la ignorancia o de la mala intención.
• Cualquiera que haya traducido sin manipular sabe que podría haberlo hecho sutilmente, guardándose las espaldas. Y traspasar esa frontera que está entre el trabajo de buena fe, en un lado, y la tergiversación o la burla, en el otro, es un movimiento que el traductor puede realizar o no.
• La afirmación de que los traductores son manipuladores, como sostiene un sector de los teóricos académicos, es una injuria.
• Que un número amplio de teóricos, entre ellos algunos de los más importantes, haya dejado escrito y publicado que la traducción es una forma de manipulación y que los traductores son manipuladores ideológicos indica hasta qué punto el gremio de los traductores está habituado a que lo vapuleen, pero también el poco valor que los traductores conceden a estos teóricos recientemente aupados al poder académico en virtud de sus supuestos conocimientos acerca de la traducción.
• Si lo que dicen los teóricos de la manipulación fuera cierto, y dado que algunos de ellos provienen del mundo de la traducción o se relacionan con él, los llamaríamos delatores o soplones. Pero que toda traducción sea manipulación, además de injurioso, es falso. Esto, lamentablemente, no aligera, sino todo lo contrario, la iniquidad de quien saca provecho personal denunciando (supuestas) indignidades de sus colegas.
• Traducción: milagro.
• Si en España se concediera un gran premio de traducción para todas las épocas, tendría que llevárselo Cervantes por el Quijote. Que éste no sea en realidad una traducción sería lo de menos. En el libro dice que lo es, y los que premian traducciones no suelen atender a la adecuación de las versiones a sus originales, sino al impacto que alcanzan textos presentados como traducciones.

• «La vida es el reflejo de la literatura», ha escrito Daniel Aguirre en su versión de un aforismo de Wallace Stevens («Life is the reflection of literature»). Me alegro al comprobar que sigue habiendo quienes entienden el traducir como un acto de transmisión, y no aprovechan para expresar sus opiniones, enmendarle la plana al autor o cumplir con un designio edificante. Cabría, según ciertos usos vigentes entre nuestros traductores, haber encontrado: «La vida se parece a la literatura» o «Vivir es ya un acto literario» o vaya usted a saber qué.
• La connotación es la huella del valor simbólico de las palabras.
• Nuestros antípodas no viven cabeza abajo. Habría que estar convencido de eso antes de empezar a traducir. Pero también de que el sol no deja de existir porque, mientras es de día para nosotros, sea de noche para ellos.
• Son las relaciones entre las lenguas de las sociedades desarrolladas occidentales las que generan más actividad profesional para los traductores. Pero muchas de las más graves cuestiones en torno a la traducción tienen su escenario privilegiado en los contactos entre lenguas alejadas entre sí por razones lingüísticas, culturales y económicas.
• El saber de traducciones es un saber disperso.

FUENTE:Centro Virtual Cervantes - En pocas palabras. Apuntes de un trujamán Colección de aforismos sobre traducción de Salvador Peña Martín, con ilustraciones de Jaime Nieto, con versión para lectores electrónicos.

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