|
Translate
quarta-feira, 7 de março de 2018
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
terça-feira, 6 de março de 2018
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
|
|---|
antisistema,como adjetivo,es invariable |
El plural de antisistema, término que se escribe en una sola palabra, esinvariable cuando funciona como adjetivo (grupo antisistema, grupos antisistema), mientras que, si es sustantivo, puede ser invariable o formar el plural regular: los antisistema o los antisistemas.
En los medios de comunicación pueden verse frases como «Lo impactante es que los partidos anti sistemas de extrema izquierda y de extrema derecha italianos hayan alcanzado casi el 50 % de los votos», «Los grupos antisistemas destrozaron algunas tiendas» o, como sustantivo, «El presidente de la Comisión Europea alberga la esperanza de que la derecha pueda frenar a los anti sistemas». Antisistema es un adjetivo y un sustantivo que se emplea para referirse a personas, grupos y posturas que se oponen al sistema político, social y económico vigente. Como adjetivo, lo recomendable es mantenerlo invariable en plural. Cuando se usa como sustantivo, el plural asentado es igualmente invariable, aunque también es válido el regular: los antisistema o los antisistemas. La posibilidad de que permanezca invariable obedece a que, en plural, podría interpretarse que se está en contra de varios sistemas, no del sistema establecido, en general. Por otra parte, se recuerda que, de acuerdo con las normas de la Ortografía de la lengua española sobre la escritura de los prefijos, lo apropiado es antisistema en una sola palabra, sin espacio ni guion intermedios. Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido decir «Lo impactante es que los partidos antisistema de extrema izquierda y de extrema derecha italianos hayan alcanzado casi el 50 % de los votos», «Los grupos antisistema destrozaron algunas tiendas» y «El presidente de la Comisión Europea alberga la esperanza de que la derecha pueda frenar a los antisistema» (o bien «frenar a los antisistemas»). Ver también establishment, alternativas. |
GLOSARIO DE COMUNICACIÓN ESTRATÉGICA
La Fundéu lanza el ‘Primer glosario de comunicación estratégica en español’
MARKETING
El Primer glosario de comunicación estratégica en español llega al mundo hispanohablante para facilitar a los profesionales del sector la comprensión y utilización de algunos términos de origen extranjero. La iniciativa ha sido impulsada por Estanislao Echazú y Ramiro Rodríguez, en estrecha coloración con la Fundéu.
El uso de tecnicismos provenientes de otros lenguas es una práctica totalmente normalizada en sectores como la publicidad, el marketing o la publicidad. De hecho, el propio término “marketing”, cuya traducción al español es mercadotecnia, se ha introducido tanto en el vocabulario habitual de los castellanoparlantes que algunas personas no conocen ni su acepción española.
Sin duda, el lenguaje dominante en la comunicación estratégica es el inglés. Los anglicismos colman las noticias y comunicados de prensa de empresas, medios y agencias de publicidad, ofreciendo al lector un léxico que, en su mayoría, desconocen. Cierto es que muchas veces se tiende a utilizar el término inglés al ser el más aceptado, pero en otras ocasiones esta práctica es impulsada por el desconocimiento del lenguaje y la complejidad de su traducción al castellano.
En aras de paliar esta situación, Echazú y Rodríguez crean este Primer glosario de comunicación estratégica en español. Su principal función es ser una alternativa “a todos aquellos términos en inglés”, según explican en el prólogo del documento. Además, asumen el “rol educador que tiene la prensa sobre la sociedad en lo que refiere a la promoción y preservación de la lengua española”.
El glosario está compuesto por el concepto en inglés seguido de su traducción al español, una definición y una selección de palabras vinculantes
Por ello, el glosario está compuesto por el concepto en inglés, seguido de su traducción al español. Justo debajo, se completa con una definición concisa de los mismos y la sugerencia de palabras vinculantes que ayuden al lector a “ampliar su visión reverencial”.
Así, términos tan de moda como AI (Inteligencia Artificial), b2b (negocio a negocio) o big data (macrodatos) colman las páginas del glosario. Por ejemplo, ‘m-commerce‘ se traduce como comercio móvil y se relaciona con palabras similares del mismo ámbito -en este caso e-commerce y s-commerce.
Pero no sólo se limitan a la traducción al español, algunas sufren una castellanización al no contar con un homólogo en la lengua cervantina. Casting pasa a ser castin, pixel se acentúa como una palabra llana (píxel) y CD-ROOM se transcribe como cederrón. Y así sucesivamente hasta conformar todo un glosario que está abierto a ser ampliado y modificado para evitar “el uso innecesario de los anglicismos, utilizando siempre las alternativas en español”, concluyen los autores.
segunda-feira, 5 de março de 2018
EL IDIOMA DE LOS ARGENTINOS
El idioma de los argentinos
¿Cuál es, en verdad, nuestro idioma actualmente? ¿El del habla cotidiana? ¿El de la oralidad periodística? ¿El del léxico utilizado en los programas de televisión? ¿O, asimismo, el que se refleja a través de la palabra escrita, a través de un libro, de un artículo, de un mensaje de texto -vía celular- o en los diálogos de las redes sociales? Por Alina Diaconú, para LA GACETA, Buenos Aires.
21 Oct 2012
"El que enseña a hablar enseña también a pensar."
Anónimo
El idioma es, según el diccionario, el modo particular de hablar de un grupo de personas. Y, como ya lo sabemos, es algo dinámico, rico, que se renueva permanentemente, siguiendo modas y modos de vivir y de ser, reinventándose a sí mismo (a veces con vocablos pintorescos, otras, no tanto), representando así una suerte de crónica de tiempos y de costumbres.
Cuando, en 1928, Borges publicara El idioma de los argentinos no existía la televisión, ni Internet, ni el correo electrónico, ni la telefonía móvil, ni el lenguaje digital, ni los e-books, ni las tabletas, ni la globalización, ni tantas otras cosas que significarían páginas y páginas de enumeraciones.
Eran épocas en las cuales la gente todavía leía libros de literatura, hablaba con un lenguaje más o menos cuidado, existían las tertulias y las charlas de café tenían otro carácter, donde la mujer hacía su aparición -pero no demasiado- sobre todo en ciertos ámbitos artísticos o intelectuales.
En su libro, Borges se refería más que nada al idioma de los escritores argentinos y lo dividía en dos modalidades o en dos conductas literarias, típicas de aquellos años y que, ostensiblemente, le disgustaban: "una, la de los saineteros que escriben un lenguaje que ninguno habla y que si a veces gusta, es precisamente por su aire exagerativo y caricatural; otra, la de los cultos, que mueren de la muerte prestada del español. Ambos divergen -sostenía Borges- del idioma corriente: los unos, remedan la dicción de la fechoría; los otros, la del memorioso y problemático español de los diccionarios". Y subrayaba que "Equidistante de sus copias, el no escrito idioma argentino, sigue diciéndonos, el de nuestra pasión, el de nuestra casa, el de la confianza, el de la conversada amistad".
Acaso en estos cuatro aspectos perennes podríamos reparar al trasladar al hoy la idea borgeana, y dejando de lado los aspectos ya superados por la historia, del sainete "popular" y del español supuestamente "culto" de los años 20.
Borges amaba el idioma argentino de sus mayores. Y lo manifestó así: "El tono de su escritura fue el de su voz; su boca no fue la contradicción de su mano. Fueron argentinos con dignidad: su decirse criollos no fue una arrogancia orillera ni un malhumor. Escribieron el dialecto usual de sus días: ni recaer en españoles ni degenerar en malevos fue su apetencia (…) Hoy, esa naturalidad, se gastó". Aludía a escritores como Sarmiento, Echeverría, Mansilla, Wilde y consideraba honrosas excepciones a Güiraldes y Schiaffino.
Remarcaba dos palabras que le gustaban del idioma de los argentinos y que siguen actuales e irreemplazables: "macanudo" y "lindo".
Alberto Girri cuando nombraba el idioma que identifica a esta zona del sur de América del Sur, lo separaba del español y de otras versiones latinoamericanas, llamándolo "nuestro castellano del Río de la Plata" (Argentina, Uruguay).
Idioma sin papel
¿Qué pasa hoy con el idioma de nuestros escritores? ¿Cuánto ha influido el hecho de que la pantalla de la computadora ha reemplazado prácticamente al papel, de que, a pesar de seguir enseñándose en la escuela y usándose en ciertos documentos, la escritura a mano se ha vuelta casi impracticable; cuando la correspondencia y los diarios manuscritos que constituían un género literario aparte ya no existen para ser atesorados por coleccionistas, grafólogos, bibliotecas y museos? ¿Cómo se traduce el léxico de los estereotipos, de las siglas y de los apócopes en la escritura? ¿Cómo ha cambiado- si es que cambió esencialmente- el estilo mismo por estas razones ligadas a las nuevas formas de comunicación de la tecnología, donde surge también un inglés españolizado, con palabras como resetear, tuitear, escanear (que serán aprobadas a partir de 2014 por la Real Academia Española).
En lo literario vemos cómo se han ido muriendo las frases largas y elaboradas a favor de un minimalismo formal, de oraciones cortas, directas y, en el caso de la ficción, en textos donde los propios editores piden abundantes diálogos que faciliten la lectura?
¿Escribimos como hablamos y hablamos como escribimos? "La lengua es su uso", aseveró Silvio Martin, Director de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
¿Cómo se ha modificado el idioma de los argentinos de hoy, teniendo en cuenta que el público lee mucho menos, porque tiene menos tiempo, porque la vida tiene otro ritmo y porque su concentración ya no puede enfocarse durante lapsos muy largos en las páginas de un libro?
Claro que el fenómeno es mundial en cuanto a lo que implica la influencia del lenguaje digital en el vocabulario de la gente y de los que escriben.
Volviendo a la Argentina, una encuesta realizada este año por Targe Group Index (y publicada por el diario La Nación) entre más de 10.000 argentinos, entre 12 y 75 años, demostró que sólo una de cada diez personas leía y que las mujeres son más aficionadas a la lectura que los hombres. Pareciera ser -según la encuesta de TDI- que el 12% de las mujeres lee en forma habitual, contra el 9% de los hombres.
Ya conocemos el divulgado dato de que los chicos leen entre 0,89 y 1,3 libro por año, mientras que en Brasil la cifra asciende a 3,3 libros y en México a 10. Los jóvenes leen cada vez menos y los que compran libros es porque en los colegios se lo piden. Además, hay otro dato alarmante dado a conocer por un estudio de la asociación Proyecto Educar 2050 y que dice que un 52% de nuestros alumnos adolescentes no comprende lo que lee. La gravedad de esta situación nos remite a aquella frase de Boileau: "Lee y conducirás, no leas y serás conducido". En cuanto a los adultos, el Ministerio de Educación de la Nación afirmó que el 71% de los argentinos adultos lee al menos dos libros por año, pero que aumentó la cantidad de gente que lee de la pantalla de su computadora.
El idioma de los argentinos ha incorporado palabras como agendar, vacacionar, contener (por asistir emocionalmente), abreviaturas como finde (por fin de semana), peli (por película), compu (por computadora), celu (por celular), pelu (por peluquería) y de prácticamente todos los nombres propios. También aparecieron frases de uso corriente , como "está bueno", "es lo que hay" o la muletilla "a ver" (utilizada después de un interrogante, cuando se está por dar una opinión), etcétera.
Cambios en la vida
Le preguntamos a la escritora Noemí Ulla, Doctora en Letras, su opinión sobre el idioma de los argentinos en la actualidad y ella nos responde: Continúa en la página 3...... Viene de la página I."Se habla en forma cada vez más despreocupada, con un empobrecimiento creciente del lenguaje y una reiteración de errores que día tras día se diseminan". Al pedirle algunos ejemplos, nos aclara: "Se observan expresiones que fueron y son ajenas a nuestro idioma, como salió a decir, en lugar del sencillo dijo. Hay desconocimiento del uso del subjuntivo y uso generalizado del error: ¿me escuchan desde allí? por ¿me oyen desde allí?, tan incorrecto como el vamos a estar hablando en los medios de comunicación, por hablaremos".
Cuando le consultamos sobre la influencia de la tecnología, tanto sobre nuestro habla, como sobre la forma de escribir, Ulla es rotunda: "La tecnología y su progreso en nuestra cultura son notorios. Leer y escribir en la pantalla es un progreso enorme, y me gustaría destacar la investigación realizada por Norma Carricaburo:
Del fonógrafo a la red, Literatura y tecnología en la Argentina
. Pero cada vez observo más y me sorprende en forma negativa leer en los mensajes electrónicos, aún de personas que ejercen la docencia, utilizar q por que y otras gracias que contribuyen a la confusión".
El tema tiene sus complejidades, los cambios en el idioma hablan de los cambios en nuestra vida y viceversa, donde la tecnología trae sus grandes aportes y por los cuales también hay precios que pagar.
En el texto de Borges de 1928 (escrito, en realidad, un año antes), hay ideas que no perderán vigencia nunca. El decía que en el problema verbal, que es el literario también, el deber de cada uno es dar con su propia voz.
"Sabemos que el lenguaje es como la luna y tiene su hemisferio de sombra. Demasiado bien lo sabemos, pero quisiéramos volverlo tan límpido como ese porvenir que es la posesión mejor de la patria".
Con respecto a este último punto, y ya en los albores de la globalización y de Internet, Alberto Girri confesó en Cuestiones y Razones que "el lugar de nacimiento no le concede ni le impide universalidad a lo que uno escribe (…) Un hombre es todos los hombres. Eso es inevitable, decía. Pero también citaba -coincidiendo así con Borges- aquella famosa frase de Musil: "El primer deber de un escritor es servir a la literatura de su país".
Lo cual nos dice que el idioma de los argentinos de hoy representa ni más ni menos que a los argentinos de hoy, con sus defectos y sus virtudes, su espíritu nacional propio pero, asimismo, con su mente de fronteras abiertas. Y que la literatura que se hace con estas viejas-nuevas, ricas o empobrecidas, graciosas o molestas palabras cotidianas, son el vocabulario con que hoy se escribe el espejo de la patria. Una patria, que uno siempre quiere mirar con esperanza.
© LA GACETA Alina Diaconú - Novelista, ensayista y poeta. Tiene 15 libros, de los cuales los más recientes son Avatar y Ensayo General.
Anónimo
El idioma es, según el diccionario, el modo particular de hablar de un grupo de personas. Y, como ya lo sabemos, es algo dinámico, rico, que se renueva permanentemente, siguiendo modas y modos de vivir y de ser, reinventándose a sí mismo (a veces con vocablos pintorescos, otras, no tanto), representando así una suerte de crónica de tiempos y de costumbres.
Cuando, en 1928, Borges publicara El idioma de los argentinos no existía la televisión, ni Internet, ni el correo electrónico, ni la telefonía móvil, ni el lenguaje digital, ni los e-books, ni las tabletas, ni la globalización, ni tantas otras cosas que significarían páginas y páginas de enumeraciones.
Eran épocas en las cuales la gente todavía leía libros de literatura, hablaba con un lenguaje más o menos cuidado, existían las tertulias y las charlas de café tenían otro carácter, donde la mujer hacía su aparición -pero no demasiado- sobre todo en ciertos ámbitos artísticos o intelectuales.
En su libro, Borges se refería más que nada al idioma de los escritores argentinos y lo dividía en dos modalidades o en dos conductas literarias, típicas de aquellos años y que, ostensiblemente, le disgustaban: "una, la de los saineteros que escriben un lenguaje que ninguno habla y que si a veces gusta, es precisamente por su aire exagerativo y caricatural; otra, la de los cultos, que mueren de la muerte prestada del español. Ambos divergen -sostenía Borges- del idioma corriente: los unos, remedan la dicción de la fechoría; los otros, la del memorioso y problemático español de los diccionarios". Y subrayaba que "Equidistante de sus copias, el no escrito idioma argentino, sigue diciéndonos, el de nuestra pasión, el de nuestra casa, el de la confianza, el de la conversada amistad".
Acaso en estos cuatro aspectos perennes podríamos reparar al trasladar al hoy la idea borgeana, y dejando de lado los aspectos ya superados por la historia, del sainete "popular" y del español supuestamente "culto" de los años 20.
Borges amaba el idioma argentino de sus mayores. Y lo manifestó así: "El tono de su escritura fue el de su voz; su boca no fue la contradicción de su mano. Fueron argentinos con dignidad: su decirse criollos no fue una arrogancia orillera ni un malhumor. Escribieron el dialecto usual de sus días: ni recaer en españoles ni degenerar en malevos fue su apetencia (…) Hoy, esa naturalidad, se gastó". Aludía a escritores como Sarmiento, Echeverría, Mansilla, Wilde y consideraba honrosas excepciones a Güiraldes y Schiaffino.
Remarcaba dos palabras que le gustaban del idioma de los argentinos y que siguen actuales e irreemplazables: "macanudo" y "lindo".
Alberto Girri cuando nombraba el idioma que identifica a esta zona del sur de América del Sur, lo separaba del español y de otras versiones latinoamericanas, llamándolo "nuestro castellano del Río de la Plata" (Argentina, Uruguay).
Idioma sin papel
¿Qué pasa hoy con el idioma de nuestros escritores? ¿Cuánto ha influido el hecho de que la pantalla de la computadora ha reemplazado prácticamente al papel, de que, a pesar de seguir enseñándose en la escuela y usándose en ciertos documentos, la escritura a mano se ha vuelta casi impracticable; cuando la correspondencia y los diarios manuscritos que constituían un género literario aparte ya no existen para ser atesorados por coleccionistas, grafólogos, bibliotecas y museos? ¿Cómo se traduce el léxico de los estereotipos, de las siglas y de los apócopes en la escritura? ¿Cómo ha cambiado- si es que cambió esencialmente- el estilo mismo por estas razones ligadas a las nuevas formas de comunicación de la tecnología, donde surge también un inglés españolizado, con palabras como resetear, tuitear, escanear (que serán aprobadas a partir de 2014 por la Real Academia Española).
En lo literario vemos cómo se han ido muriendo las frases largas y elaboradas a favor de un minimalismo formal, de oraciones cortas, directas y, en el caso de la ficción, en textos donde los propios editores piden abundantes diálogos que faciliten la lectura?
¿Escribimos como hablamos y hablamos como escribimos? "La lengua es su uso", aseveró Silvio Martin, Director de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
¿Cómo se ha modificado el idioma de los argentinos de hoy, teniendo en cuenta que el público lee mucho menos, porque tiene menos tiempo, porque la vida tiene otro ritmo y porque su concentración ya no puede enfocarse durante lapsos muy largos en las páginas de un libro?
Claro que el fenómeno es mundial en cuanto a lo que implica la influencia del lenguaje digital en el vocabulario de la gente y de los que escriben.
Volviendo a la Argentina, una encuesta realizada este año por Targe Group Index (y publicada por el diario La Nación) entre más de 10.000 argentinos, entre 12 y 75 años, demostró que sólo una de cada diez personas leía y que las mujeres son más aficionadas a la lectura que los hombres. Pareciera ser -según la encuesta de TDI- que el 12% de las mujeres lee en forma habitual, contra el 9% de los hombres.
Ya conocemos el divulgado dato de que los chicos leen entre 0,89 y 1,3 libro por año, mientras que en Brasil la cifra asciende a 3,3 libros y en México a 10. Los jóvenes leen cada vez menos y los que compran libros es porque en los colegios se lo piden. Además, hay otro dato alarmante dado a conocer por un estudio de la asociación Proyecto Educar 2050 y que dice que un 52% de nuestros alumnos adolescentes no comprende lo que lee. La gravedad de esta situación nos remite a aquella frase de Boileau: "Lee y conducirás, no leas y serás conducido". En cuanto a los adultos, el Ministerio de Educación de la Nación afirmó que el 71% de los argentinos adultos lee al menos dos libros por año, pero que aumentó la cantidad de gente que lee de la pantalla de su computadora.
El idioma de los argentinos ha incorporado palabras como agendar, vacacionar, contener (por asistir emocionalmente), abreviaturas como finde (por fin de semana), peli (por película), compu (por computadora), celu (por celular), pelu (por peluquería) y de prácticamente todos los nombres propios. También aparecieron frases de uso corriente , como "está bueno", "es lo que hay" o la muletilla "a ver" (utilizada después de un interrogante, cuando se está por dar una opinión), etcétera.
Cambios en la vida
Le preguntamos a la escritora Noemí Ulla, Doctora en Letras, su opinión sobre el idioma de los argentinos en la actualidad y ella nos responde: Continúa en la página 3...... Viene de la página I."Se habla en forma cada vez más despreocupada, con un empobrecimiento creciente del lenguaje y una reiteración de errores que día tras día se diseminan". Al pedirle algunos ejemplos, nos aclara: "Se observan expresiones que fueron y son ajenas a nuestro idioma, como salió a decir, en lugar del sencillo dijo. Hay desconocimiento del uso del subjuntivo y uso generalizado del error: ¿me escuchan desde allí? por ¿me oyen desde allí?, tan incorrecto como el vamos a estar hablando en los medios de comunicación, por hablaremos".
Cuando le consultamos sobre la influencia de la tecnología, tanto sobre nuestro habla, como sobre la forma de escribir, Ulla es rotunda: "La tecnología y su progreso en nuestra cultura son notorios. Leer y escribir en la pantalla es un progreso enorme, y me gustaría destacar la investigación realizada por Norma Carricaburo:
Del fonógrafo a la red, Literatura y tecnología en la Argentina
. Pero cada vez observo más y me sorprende en forma negativa leer en los mensajes electrónicos, aún de personas que ejercen la docencia, utilizar q por que y otras gracias que contribuyen a la confusión".
El tema tiene sus complejidades, los cambios en el idioma hablan de los cambios en nuestra vida y viceversa, donde la tecnología trae sus grandes aportes y por los cuales también hay precios que pagar.
En el texto de Borges de 1928 (escrito, en realidad, un año antes), hay ideas que no perderán vigencia nunca. El decía que en el problema verbal, que es el literario también, el deber de cada uno es dar con su propia voz.
"Sabemos que el lenguaje es como la luna y tiene su hemisferio de sombra. Demasiado bien lo sabemos, pero quisiéramos volverlo tan límpido como ese porvenir que es la posesión mejor de la patria".
Con respecto a este último punto, y ya en los albores de la globalización y de Internet, Alberto Girri confesó en Cuestiones y Razones que "el lugar de nacimiento no le concede ni le impide universalidad a lo que uno escribe (…) Un hombre es todos los hombres. Eso es inevitable, decía. Pero también citaba -coincidiendo así con Borges- aquella famosa frase de Musil: "El primer deber de un escritor es servir a la literatura de su país".
Lo cual nos dice que el idioma de los argentinos de hoy representa ni más ni menos que a los argentinos de hoy, con sus defectos y sus virtudes, su espíritu nacional propio pero, asimismo, con su mente de fronteras abiertas. Y que la literatura que se hace con estas viejas-nuevas, ricas o empobrecidas, graciosas o molestas palabras cotidianas, son el vocabulario con que hoy se escribe el espejo de la patria. Una patria, que uno siempre quiere mirar con esperanza.
© LA GACETA Alina Diaconú - Novelista, ensayista y poeta. Tiene 15 libros, de los cuales los más recientes son Avatar y Ensayo General.
EL IDIOMA DE LOS ARGENTINOS
Apuntes sobre el lenguaje de los argentinos
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/215937-apuntes-sobre-el-lenguaje-de-los-argentinos
El ingenio popular ha cristalizado a menudo en frases anónimas que enriquecen el habla de un país. Esas creaciones lingüísticas terminan por formar parte del acervo de una lengua y se repiten mecánicamente hasta que casi no se repara en su significado. Para quien sabe escucharlas, revelan algunos de los rasgos esenciales de un pueblo
Hace quince años, el escritor boliviano Néstor Taboada Terán me hizo una entrevista para un diario de su país. En mitad de la conversación, deslicé la frase "Eso es más malo que pegarle a la madre". Primero me miró con estupor, después se rió a carcajadas y después, mucho después, me mandó por correo un ejemplar del diario donde estaba la nota, encabezada con grandes titulares catástrofe que decían: "Es más malo que pegarle a la madre".
Ese dicho que para nosotros los argentinos es moneda corriente era desconocido en otro país, y si realmente algo es malo, atroz y deleznable es justamente pegarle a la madre.
Muchas veces, la repetición y el uso, la frecuencia y el abuso hacen desaparecer el significado literal de expresiones que se cristalizan en el habla; repetimos la frase mecánicamente sin reparar en la magnífica creación popular que ha rescatado el magnífico esplendor de la lengua. Comparaciones como "más bruto que un par de botas", "serio como perro en bote", "refaloso como teléfono de carnicero" o "más flaco que piojo de peluca" tienen una belleza lingüística tan eficaz que llegan a lo poético.
Pero si es cierto que en América latina compartimos el mismo idioma, en el habla coloquial una misma palabra no tiene el mismo significado. Estando en Chile, en un congreso de literatura, para llenar los huecos de la conversación, le dije a una señora: -Así que vos tenés chicos.
-Oh, sí -me dijo, toda sonriente, toda contenta-, tengo dos lolas muy grandes.
-Pues nunca lo digas en Buenos Aires -le expliqué. Y le expliqué también qué significan las lolas en el lenguaje de Buenos Aires. Sucede que, en Chile, lolas son las adolescentes. Viene de Lolita , la célebre novela de Vladimir Nabokov.
La justeza verbal de ciertos dichos populares los convierte en creaciones inolvidables. En Entre Ríos, se dice: "Uno tras otro, como trompada de loco" y, cuando alguien no tiene arreglo, "Al pedo llora la madre cuando el hijo es calavera". Cerca de Villaguay, oí decir: "No soy monedita de oro pa´ gustarle a todo el mundo". Y en el Chaco, una advertencia que, para mí, resume la quintaesencia de toda descalificación. Alguien pretendía a una muchacha y la madre de él, no la de la muchacha, le dijo: "Apartáte, m´hijo, no es maíz pa´ tu locro".
El último invierno, en medio de una tormenta indescriptible, munidos de salvavidas de corcho, atravesamos el río Iguazú para llegar a la Garganta del Diablo. El ruido incesante de las cataratas, los relámpagos, el furor del agua, la lluvia torrencial, me hicieron recordar uno de los grabados de Gustavo Doré que ilustran La divina comedia . El botecito de aluminio se inclinaba en vaivén casi hasta tocar el agua. Entonces, al mirar las caras de los demás pasajeros, comprendí de inmediato el dicho: "Más serio que perro en bote".
La gente sencilla tiene, a veces, reflexiones sorprendentes. Una tarde presencié un hecho que relaté en mi libro Anticonferencias . Había ido a visitar a un amigo al Hospital Rivadavia. Había un señor con un piyamita azul dando vueltas por la sala. Alguien preguntó la hora. Uno dijo las cinco y diez, otro las cinco y cinco, otro las cinco menos diez. El señor del piyamita dijo: "Señores, disculpen, son las cinco. Lo acabo de oír en la radio. Ahora, como mi radio es muy ordinaria...".
A través del tiempo, los cambios que se han ido produciendo en nuestro lenguaje coloquial marcan el cambio de nuestras costumbres. De alguna manera, la historia del cambio de nuestras costumbres es la historia del cambio de nuestra lengua coloquial.
Hoy en día, la palabra promoción queda reducida a promo y la paz interior, tan difícil de lograr, se apocopa en tranqui . Los padres son pa y ma y todo está rebién .
Pero no solamente la forma, sino el sentido de las palabras fue cambiando. Para nuestros abuelos, expresiones como "debemos consensuar ", "proviene del riñón del menemismo ", "objeto bizarro ", "el referente " o "el imaginario colectivo" serían una fuente de perplejidad, porque, para nuestros abuelos, bizarros eran los granaderos, que cruzaron el Ande colosal, y los colectivos no eran imaginarios , eran un invento argentino que surcaba las calles de la ciudad desde 1928.
Por el contrario, las frases "Es un piojo resucitado ", "eso está escrito a la que te criaste" o "¡Hijo! ¡Qué me has traído a casa! ¿Una milonguita ?", sonarían raras a los oídos de los jóvenes rockeros.
Hacia los cuarenta, la supremacía del tango era evidente. Más o menos por esos años, había una confitería o bar danzante que se llamaba Marzotto. Qué pensaría la juventud de hoy al ver y oír la siguiente propaganda: -¿Adónde va, don Otto?
-A Marzotto.
De cada pueblo un paisano
"¿Hablo yo o pasa un tranvía?Así se decía antes, cuando alguien intentaba ser escuchado. En general, era el padre que golpeaba sobre la mesa, a la hora del almuerzo.
Hubo una época en que la vida de un porteño estaba signada por el tranvía. Cuando era niño, papá y mamá le cantaban: "Talán, talán, pasa el tranvía por Tucumán". De adolescente, le gritaban: "Dejá la puerta abierta, nomás, ¿naciste en un tranvía vos?" Y de adulto, siempre había alguien que, melancólica y poéticamente, le decía: "A los 20 años, cualquier tranvía te deja en la puerta".
Los cimbronazos que en nuestro país fue soportando el valor del dinero tuvieron su correlato en el habla popular. Las distintas denominaciones fueron del mítico patacón hasta el inasible palo verde . El papel moneda tuvo cocineros , canarios , fragatas y fue pasando de la Libertad con gorro frigio a la Justicia con la balanza en la mano pero sin venda en los ojos. Como ocurrió con aquel famoso billete de un peso: la Justicia no tenía venda en los ojos y miraba fijo hacia algún lado.
La crisis del 30, el desmesurado aumento de la pobreza, la carencia y la imposibilidad de renovar, por ejemplo, la vajilla o la vestimenta se hicieron sentir en el lenguaje. El ingenio popular había creado un dicho: "De cada pueblo un paisano". "De cada pueblo un paisano" aludía al rejunte : una heterogénea vajilla desportillada o una vestimenta compuesta de un saco sport, un pantalón de un ambo y un chaleco de un terno; todos, por supuesto, de distintos colores.
De mi niñez en Entre Ríos recuerdo un dicho extraño: "Agarrá grande y andáte lejos". De chico no lo entendía muy bien hasta que, muchos años después, en Buenos Aires, conocí a un entrerriano singular, el doctor Francisco Belgeri, quien me regaló un diccionario gauchesco de su autoría, que tenía la particularidad de estar escrito en verso. Es hasta ahora el único diccionario en verso que conozco.
El me explicó el significado de este dicho que a mí me sigue pareciendo misterioso, casi metafísico: "Agarrá grande y andáte lejos". La cosa viene de los asados en las estancias. El gaucho entrerriano es de una profunda delicadeza y no le gusta que lo vean comer. Sobre todo si está en la estancia del patrón.
También me relató este diálogo que oyó en un baile en Gualeguaychú. Un paisano atraviesa el piso de tierra apisonada y regada, se acerca a la chica y le dice: -¿Quiere valsear?
-Disculpe, joven, pero estoy tan sudada.
Fósforos y cerillas
En la escuela primaria, debíamos pronunciar la elle cuando decíamos lluvia , y en todas las canciones patrióticas. Y además debíamos decir cerillas y no fósforos, colilla y no pucho . Debíamos aprender que la anarquía del año veinte estaba llena de guerras intestinas , y que el estómago tiene forma de gaita gallega . Había que decir niño , nunca chico y menos pibe .
En sexto grado, tuvimos un maestro que nos había enseñado que el francés era el idioma de la diplomacia y que por eso primaba. Nos quedó lo de primaba . Era cierto. Las madres solían decir "Qué tanto rendez-vous !" o "Se hizo solo, sin réclame " (esto quería decir bajo perfil). Todos los zapatos eran beige, las faldas tenían plissé-soleil , y mis cinco hermanas se hacían la croquignole .
Ese mismo maestro nos había enseñado que no debíamos decir fútbol sino balompié . Esta expresión nos causaba gracia y por eso nosotros seguíamos diciendo fútbol , o fulbo, y si nos queríamos hacer los cultos, fóbal . Decir fulbo era de ordinarios, pero decir fóbal era de finos.
Lo que hoy es el zaguero se llamaba antes fullback , pero para nosotros era el fulbá . Y como había dos, eran los dos fulbás . Lo único más o menos parecido al inglés era el centroforward . Y el off-side , lo que hoy denominamos "posición adelantada", era para nosotros el orsái . Esa palabra eterna que Homero Manzi hizo inmortal en las estrofas del tango: "Si el alma está en orsái , che bandoneón". Esta palabra orsái quedó y quedará en el habla natural de Buenos Aires. Quiere decir que uno está descolocado, fuera de lugar, y a veces para siempre.
Prometeo y Gardel
Dos países pueden tener más similitudes lingüísticas que dos provincias de un mismo país. Los porteños tenemos más semejanzas con los uruguayos de Montevideo que con los jujeños. Un río nos separa. Pero yo recuerdo otro río, el de mi infancia. El río Uruguay, que separa Concordia de la ciudad de Salto, donde nació Horacio Quiroga. El lenguaje de las dos ciudades era prácticamente igual: llamábamos caldera a la pava del mate, y los chicos eran gurí y gurisa .
Pero esta similitud de lenguaje tenía su base económica. Recuerdo hoy, como si la estuviera viendo, a mi hermana María, golpeando desaforadamente la cáscara de huevo. Después de los primeros golpes a la cáscara sobre la mesada de la cocina, le daba con el mortero, dale que dale. No sé cuánto calcio podría extraer de la cáscara de huevo, ni con qué la diluía, pero sí sé que había que tomarlo, había que beber ese brebaje porque, como ella decía, "fortifica los huesos".
Mientras le daba al mortero, mi hermana escuchaba Radio Salto. Bien tempranito, se hablaba de la temperatura y se pasaba el informativo. Pero a María lo que más le interesaba era los precios de "las propagandas". Al mismo tiempo, otras mujeres de Salto, no sé si moliendo en el mortero cáscaras de huevo o no, escuchaban con el mismo fervor Radio Concordia. De acuerdo con los precios, la gente se tomaba la lanchita y en veinte minutos cruzaba el río. Los de Salto compraban en Concordia y los de Concordia compraban en Salto.
Carne o fideos, tobralco o percal, saldos de percalina, dulce de leche, en fin, todo lo vendible y lo comprable. Hubo algún pícaro en Concordia que traía desde Salto rollos de papel higiénico. Esto no tendría nada de particular, tampoco nada de malo, salvo que, dentro del canuto de los rollos de papel higiénico, venían ocultos los relojes pulsera de contrabando. Pero ésa es otra historia.
Los dichos provincianos tienen una precisión sutil. En el campo, yo tenía un pariente que tenía un defecto, un tic, el defecto de parpadear, parpadeaba constantemente: lo llamaban letrero luminoso . El porteño, en cambio, a semejanza de aquellos maestros orientales, aquellos que se llaman maestros de una sola palabra, tiene un gran poder de síntesis: llama a Gardel el Mudo , y a Uriburu ocho y veinte, por los bigotes, por la inclinación del ángulo de los bigotes, que marcaba las ocho y veinte .
Mi cuñado el agrimensor, casado con mi hermana Paulina, hablaba siempre de un jefe de Vialidad a quien llamaban Prometeo . Y lo llamaban Prometeo porque siempre andaba prometiendo aumentos, traslados y viáticos y nunca cumplía.
"Andá a cantarle a Gardel" abre, en pocas palabras, un mundo de significaciones: puede significar indistintamente "es inútil que reclames", o "no te pases de vivo", o "no te quiero ver más", o "me revienta tu presencia".
De esta multiplicidad de significados que tiene el despojado idioma de los argentinos, hecho de sustracciones y sugerencias, se ha nutrido Borges. En la escritura de Borges se perciben claramente la rígida sentencia del criollo: "Alto lo veo y cabal/ con el alma comedida", y la elegancia de las frases que tienen el ritmo del tango: "El tango hacía su voluntad con nosotros y nos arreaba y nos perdía y nos ordenaba y nos volvía a encontrar".
Otro recurso natural y habitual en nuestra lengua cotidiana es la ironía. Años atrás, más o menos a la altura del aeroparque Jorge Newbery, había una playa. Una playa que era un desastre. Tenía dos palmeras raquíticas, un puesto de sándwiches de chorizo todo grasiento, baños innombrables, casillas indescriptibles. Las hermosas muchachas en biquini tenían que caminar cautelosamente por la arena plagada de botellas rotas. Esa playa era conocida en Buenos Aires con el nombre de Saint Tropez .
Mina que fue en otros tiempos
"Soy una mina profesional", me dijo una señora muy compuesta, aludiendo a su condición de abogada. "¡Cómo cambian los tiempos!", pensé. "Pensar que antes la palabra mina no se pronunciaba delante de la madre."
Recuerdo que después de la guerra, por los años cincuenta, comenzó a llegar una inmigración distinta. Hombres solos (algunos se inventaban una profesión, como los llamados ingenieri desarmistas ), que ansiaban hacer fortuna, traer rápido a la novia de allá y casarse acá. Llenos de nostalgia, mostraban la foto de la chica que los esperaba. Fue así como se acuñó el dicho, un dicho de rara perfección y terrible sabiduría: "¿Qué hacemos con la foto si la mina está en Italia?" Se usaba para zanjar discusiones inútiles y ahuyentar a cualquier teórico.
Ahora nos enteramos por la radio de que el queso sufrió una ponderación del 5 por ciento. Antes, los economistas no se metían con esta palabra. Antes ponderar era hablar bien de alguien. Yo recuerdo a mi madre y a mis cinco hermanas (cuando eran solteras), y mi madre las ponderaba delante de los candidatos: -Sírvase, joven, esta torta la hizo la nena.
En realidad, la torta había sido comprada por mí en la panadería y confitería El Cañón de Villa Urquiza. Había también una propaganda: Toda ponderación es poca.
Tome sidra Carioca.
Nuestra historia de los últimos años es la historia de nuestras frustraciones. Poco a poco se fue gestando una desconfianza básica y nació entonces la palabra que mejor representa a la época actual: trucho . Todo es trucho : el fiscal es trucho , el abogado es trucho , el médico es trucho , el diputado es trucho .
La palabra trucho nos hace dudar de la realidad; nos hace sospechar que la realidad no existe, que es un juego de representaciones, espejismos que se inventan para ocultar el delito, malabares del dolo. La palabra trucho señala la irrealidad de nuestra realidad.
Pero creo que una cosa es el uso natural del lenguaje, y otra cosa es el uso forzado. Cuenta Borges que había una época en que la moda era usar el lunfardo y los críticos de aquella época le enrostraban a Roberto Arlt el hecho de que no usase suficientes términos lunfardos en su obra. "Sabe lo que pasa", le dijo Arlt a un periodista. "Sabe lo que pasa, yo me crié en Villa Luro, entre malevos, y no tuve tiempo de estudiar esas cosas."
Esta lúcida respuesta de Roberto Arlt es todo un símbolo. Nos muestra y nos demuestra que el lenguaje popular no tolera artificios ni imposiciones. Hace su propia vida.
Como todo lo que está vivo, el lenguaje coloquial crece, se desarrolla y después muere. Ya nadie dice tiquismiquis , botarate , biógrafo o pajarón , quedan algunos otarios y hay quien pronuncia grip en lugar de gripe .
Nuestro lenguaje coloquial implica una ejercitación poética constante que, de alguna manera, nos rescata de la angustia cotidiana. Busca la salvación por el humor y como toda creación conjura el fracaso. Nos hace pensar que quizá Borges tenga razón:
"La esperanza nunca es vana".
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
|
|---|
facciónpuede ser sinónimodegrupo o sector |
El término facción puede utilizarse como sinónimo de grupo o de sector.
Desde hace aproximadamente un siglo, el término facción se ha usado con un matiz que incluía la rebelión o la violencia, como recogían las primeras acepciones que figuraban en el Diccionario académico: ‘parcialidad de gente amotinada o rebelada’ y ‘bando, pandilla, parcialidad o partido violentos o desaforados en sus procederes o sus designios’. Sin embargo, la 23.ª edición de esa obra (2014) ha añadido un significado más neutro de facción (‘grupo de personas unidas por ideas o intereses comunes dentro de una agrupación o colectividad’), muy próximo al de términos como grupo o sector, de los que, con esta nueva acepción, puede ser sinónimo. De este modo, el uso de la palabra facción puede considerarse válido en frases como «La facción minoritaria del partido afirma que su proyecto no será respaldado por los demás grupos» o «En julio de 2016 algunas facciones del Ejército turco emprendieron un intento armado de derrocar al presidente», si bien tiene en cada una de ellas significados distintos. En los casos en los que no se pretenda aportar el matiz de rebelión o violencia, pueden evitarse ambigüedades recurriendo a otras palabras como grupo, sector, ala…: «El sector minoritario del partido afirma que su proyecto no será respaldado por los demás grupos». #puestaapunto. Esta recomendación sustituye a una anterior que ha sido revisada para ajustarse a las actualizaciones del Diccionario académico y al uso general. |
Assinar:
Postagens (Atom)
LA RECOMENDACIÓN DIARIA
LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que resistencia antimicrobiana Resistencia a los antimicrobianos , no...
-
Sistema de produção Toyota - Versão em Português Autor: M.C. Juan Alejandro Garza Rodríguez Eliminar t...
-
O PENSAMENTO DE MANFRED KETS DE VRIES. Fontes: “Os Lideres no Divã.”, Revista Época Edição 569 – Quem é Manfred Kets de Vries? Profess...
-
A Guerra da água começa: Os primeiros passos o dão as grandes empresas FONTE: TARINGA.NET Faz anos, cada certo tempo, surge timidamente uma ...

